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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A los 93, con el paso lento y la muñeca en alerta: la rutina que Ellen Burstyn defiende para no perder equilibrio

La actriz camina con su perro, va al gimnasio y entrena fuerza con un preparador físico. Especialistas consultados marcan por qué esas dos prácticas no se sustituyen entre sí y qué recaudos tomar cuando hay artritis, fracturas previas o vértigo.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 23 d
A los 93, con el paso lento y la muñeca en alerta: la rutina que Ellen Burstyn defiende para no perder equilibrio

Son las siete y pico de la mañana en una calle arbolada de algún barrio residencial de Los Ángeles, y ahí va Ellen Burstyn, 93 años, férula en una muñeca, caminando con su perro a un ritmo que no tiene nada de apurado. Esa escena, repetida casi a diario según sus propias palabras, no es decorativa: es la base sobre la que la actriz construyó una rutina que hoy llama la atención de médicos, entrenadores y lectores mayores de todo el mundo. "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", resumió en una reciente charla que replicaron medios internacionales.

Desde la Argentina, la historia llegó con un plus: la de dos especialistas que insisten en una distinción que muchos dan por zanjada. Porque si bien caminar puede formar parte de una jornada activa, no siempre reemplaza al trabajo de fuerza y equilibrio, que es el que protege, en los hechos, contra las caídas y la pérdida de autonomía.

Por qué caminar no alcanza para sostener la estabilidad

Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de la Cleveland Clinic, lo explicó sin rodeos: fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas. En criollo: ponerse de pie de una silla, levantarse del inodoro, esquivar una baldosa floja o girar para responder el teléfono son gestos que dependen de la musculatura profunda, no de las caminatas.

El entrenador Álvaro Puche, consultado por este medio, propuso un circuito breve para empezar a sumar ese trabajo sin necesidad de aparatología compleja. Tres veces por semana, entre tres y cuatro minutos por sesión, alcanza para cubrir lo básico si se hace con técnica. La idea no es correr una maratón ni sumar repeticiones hasta el agotamiento, sino mantener despierta a la musculatura que sostiene al cuerpo en pie.

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  • Ponerse de pie desde una silla sin ayuda de las manos, apoyando ambos pies firmes en el piso y levantándose con el esfuerzo de las piernas.
  • Elevar los talones con apoyo de una silla o pared, para trabajar pantorrillas y tobillos.
  • Remo con banda elástica fija a una superficie estable, para activar la espalda y los brazos.
  • Flexiones inclinadas contra un apoyo elevado que sea firme y no resbale, descargando parte del peso del cuerpo.

La lista parece simple, y lo es, pero Puche aclaró que la ejecución tiene que adaptarse a cada situación: la altura del asiento, los apoyos, el recorrido del movimiento y la carga cambian según las posibilidades de quien entrena. La técnica y la seguridad van antes que la cantidad de repeticiones. Dicho de otro modo: una abuela en Belgrano con artrosis de rodilla no puede copiar la misma serie que su nieto de veinte años, y está bien que así sea.

Cuando la muñeca y la artritis piden más cuidado

Volvamos a la escena de la mañana, la del perro y la calle arbolada. Detrás de esa postal hay un cuerpo que cuenta otra historia: Burstyn tuvo dos fracturas de muñeca, usa una férula en una de sus manos y convive con artritis. Por eso los especialistas remarcan que su rutina no puede tomarse como un molde listo para usar. Quienes tengan lesiones anteriores, dolores persistentes, enfermedades crónicas o dificultades para mantener el equilibrio deberían hablar con su médico, un kinesiólogo o un profesional capacitado en ejercicio antes de empezar a sumar fuerza.

En un consultorio de Palermo, por ejemplo, la kinesióloga Marta Suárez, de 58 años, recibe seguido a pacientes que llegan entusiasmados con un video de una celebridad de noventa y tantos. "Vienen con la receta bajo el brazo y se frustran a la primera semana", cuenta. Su recomendación es empezar por una evaluación funcional y avanzar de a poco, sin saltear etapas.

La otra mitad de la fórmula

Porque la de Burstyn no es una historia solo de piernas y brazos. La actriz empezó a cambiar sus costumbres cerca de los 40, mantiene una alimentación vegetariana, dejó el alcohol y el cigarrillos, sigue leyendo, recibe visitas y va a conciertos cuando el cuerpo se lo permite. El movimiento ocupa un lugar dentro de esa vida cotidiana, junto con los vínculos, los intereses y el sueño. Es, en definitiva, una de las tantas piezas que sostienen a una persona de 93 años parada, lúcida y con ganas de seguir dando notas a la prensa.

SG

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