Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Al Di Meola volvió a hacer arder La Trastienda con su pulso de flamenco y jazz

Después del infarto de 2023, el guitarrista estadounidense regresó a Buenos Aires con un show acústico, íntimo y extenso junto a dos músicos españoles, en el que repasó cinco décadas de carrera con un pie en Return to Forever y otro en Paco de Lucía.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 32 d
Al Di Meola volvió a hacer arder La Trastienda con su pulso de flamenco y jazz

Lo primero que uno escuchaba al meterse en La Trastienda era el murmullo de la madera vieja del escenario y, por encima, la respiración de un público que ya había agotado las entradas mucho antes de la noche del concierto. Después, cuando las luces bajaron del todo y la guitarra acústica de Al Di Meola arrancó con un fandango que parecía sacado de una taberna andaluza, quedó claro que el regreso a Buenos Aires del guitarrista estadounidense no iba a ser una velada más: iba a ser una celebración de la vida, de la música y de los puentes imposibles entre el flamenco, el jazz y el Río de la Plata, todo comprimido en un formato acústico a sala llena que se estiró durante dos horas y diez minutos casi sin pausas.

El artista, de 72 años, se presentó acompañado por dos músicos españoles que conocen el lenguaje de las palmas y los silencios como pocos: el guitarrista Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, que ofició de ancla rítmica con un cajón que sonó como un segundo corazón de la sala. El formato, íntimo, con algunas distorsiones apenas insinuadas, dejó en primer plano el diálogo entre las dos guitarras y el percusionista, y borró de un plumazo la distancia que suele haber entre un escenario de rock y uno de flamenco. Es cierto que en el medio de la gira anterior, en 2023, Di Meola había sufrido un infarto en Bucarest que le impidió completar las fechas argentinas, y esa sombra estuvo presente toda la noche: el guitarrista habló en castellano, agradeció al público con la frase "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer" y volvió a ponerse la guitarra al hombro como quien se prueba que sigue entero.

Cinco décadas de carrera en un solo repertorio

El programa funcionó como una suerte de mapa sonoro de toda la trayectoria del guitarrista, y esa es, para mí, una de las grandes virtudes de la noche: la decisión de no quedarse en un solo color. Hubo guiños a su época con Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea en los setenta y que todavía es citado como uno de los puntos altos del jazz de fusión; aparecieron pasajes de Piazzolla, entre ellos un "Café 1930" que sonó como si la pieza hubiera sido pensada desde siempre para guitarra acústica y cajón; y se colaron versiones inesperadas, como "In My Life", de The Beatles, y un cover de "The Sound of Silence" de Simon y Garfunkel que cerró su tramo más melancólico. También sonó "Ava's Dance in the Moonlight", una composición que el guitarrista dedicó a su hija, y temas propios como "Misterio", "Infinite Desire" y "Eden", que funcionaron como pequeñas ventanas autobiográficas de un músico que sigue componiendo con la misma urgencia de siempre.

“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, en castellano, desde el escenario de La Trastienda

El punto más alto de la velada llegó sobre el final, cuando Di Meola invitó a la gente a arrimarse al escenario y se mandó "Mediterranean Sundance", una pieza asociada para siempre a Paco de Lucía que explotó en palmas del público y teléfonos en alto, registrada como si fuera un concierto clandestino en un sótano de Triana. Fandangos, soleás y rítmica afrolatina convivieron con fragmentos de jazz y con improvisaciones colectivas que estiraron varios temas más allá de su forma de estudio, y eso fue lo que le dio a la noche ese aire de jam session que tanto le gusta a la platea porteña, siempre tan afecto a los músicos que se animan a perder el mapa en vivo.

No todo fue perfecto, y me parece justo decirlo: en un tramo Di Meola tuvo que llamar a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, y más de una improvisación se estiró de largo hasta que la tensión se aflojó y el tema pidió volver a puerto. Pero esas asperezas, sinceramente, fueron parte del encanto de una noche en la que un músico de 72 años decidió jugarse el físico en un escenario chico, en vez de refugiarse en un teatro con butacas numeradas y aire acondicionado. Si me preguntan a mí, me quedo con la imagen del cajón de Martínez marcando el pulso mientras Romagosa y Di Meola se cruzaban miradas y se contestaban con la guitarra, como dos guitarristas de tablao y un baterista que, en el fondo, eran lo mismo: tres amoureux de la música sin género ni frontera. Por eso, mirando hacia la próxima visita, lo que más me gustaría es que Di Meola se anime a traer un set completo de sus temas más eléctricos de los ochenta junto a una formación de cámara, o que se siente de una vez con algún guitarrista argentino a grabar un disco a dúo: le sobra historia y le sobra oído para que la conversación valga la pena, y Buenos Aires ya le abrió las puertas como si nunca se hubiera ido.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

Te puede interesar