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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Amazon ya tiene más robots que empleados en algunos turnos, y los accidentes no paran de crecer

La empresa superó el millón de unidades en sus depósitos y, según su propio reporte, las plantas robotizadas sufren un 28% más de incidentes que las que todavía no automatizaron. Entre la épica de Kiva y los brazos con tacto, la promesa de seguridad se choca con los números.

Por Iván CinalliTecnología · · hace 3 d
Amazon ya tiene más robots que empleados en algunos turnos, y los accidentes no paran de crecer

¿En serio creíamos que un millón de robots iba a resolver el problema de los accidentes laborales? Spoiler: no. Amazon, la empresa más robotizada del planeta, acaba de cruzar esa cifra y, al mismo tiempo, sus propios papeles dicen que los depósitos con automatización sufren un 28% más depercances que los que todavía funcionan a la antigua. O sea, más máquinas, más golpes. Bienvenidos al futuro del trabajo.

Conviene aclarar dos siglas para no perderse: lo que en inglés llaman AI (inteligencia artificial) es, en criollo, esa tecnología que le permite a una máquina aprender patrones sola, como cuando el GPS de tu auto te sugiere una ruta nueva sin que toques nada. Y el IoT, o Internet de las Cosas, no es más que objetos cotidianos conectados a internet, desde la heladera que te avisa que se acabó la leche hasta un robot que reporta en vivo en qué esquina del depósito está parado. Con esos dos ladrillos se construye el castillo de Amazon Robotics, la división que nació en 2012 cuando la empresa compró Kiva Systems, una firma que fabricaba robots con ruedas que acercan estanterías a la gente en lugar de obligarla a caminar diez kilómetros por día.

¿Cómo se llegó al millón de robots?

De aquellos Kiva originales, Amazon fue mutando la línea hasta llegar a modelos como Hércules y Titán, que mueven estantes tan grandes como un piano de cola, y Proteo, el primero que pudo circular entre personas gracias a sensores. Después llegaron los brazos, que son otra liga: Robin usa ocho ventosas para separar paquetes de pilas desordenadas, como cuando en el depósito de tu tío hay que sacar una caja del medio sin tirar todo; Cardinal levanta bultos de hasta 22 kilos y los acomoda en carritos; Sparrow reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones sin meter la pata.

El más reciente es Vulcan, en funciones desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y Hamburgo, Alemania. Es el primer brazo de la compañía con una especie de tacto, gracias a sensores de fuerza, y la expansión completa está prevista para 2027. Para coordinar este ejército, Amazon desarrolló DeepFleet, una IA que organiza el tráfico interno y que, según la propia empresa, recortó un 10% el tiempo de traslado de la flota. La directora financiera adjunta ya avisó que la cantidad de brazos robóticos se va a más que duplicar este año, con fábricas nuevas en Austin, Texas, y Greenwood, Indiana.

¿Y los accidentes?

Acá es donde la épica tecnológica se desinfla. Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, repite que la idea es que las máquinas se queden con las tareas más pesadas y riesgosas. Hasta ahí, el discurso suena lógico. El problema es que una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, cerrada en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran un 30% más de accidentes que el promedio de la industria. Y el reporte anual 2025 de la propia compañía reconoce que los centros con robots tienen una tasa de incidentes 28% superior a los que todavía no automatizaron. Cifras internas que, traducidas, dicen lo que muchos sospechaban: meter robots sin tocar la organización del trabajo no reduce el riesgo, lo redistribuye.

Mientras la flota siga creciendo y la plantilla se mantenga por encima del 1,5 millón de empleados a tiempo completo y parcial, el debate seguirá abierto. La promesa es que la próxima generación de brazos con tacto cambie la ecuación. La evidencia, por ahora, va para otro lado. Veremos.

IC
Iván CinalliTecnología

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