¿Bill Gates salvando al mundo de la IA? Mirá, no me hagas reír
El cofundador de Microsoft publicó un plan para crear un organismo global que audite sistemas de inteligencia artificial. Toma como modelo a la energía nuclear, la aviación civil y el protocolo de ozono. También quiere juntarse con Xi Jinping y cobrarles un impuesto a las empresas que reemplacen gente con máquinas.
¿En serio Bill Gates, uno de los tipos que más ganó con la revolución digital, viene ahora a decirnos que la inteligencia artificial necesita urgente un organismo global que la vigile? Sí, señor. El cofundador de Microsoft publicó esta semana un documento donde propone crear una especie de OIEA de la IA, tomando como modelo tres cosas que el mundo ya usa para que no nos matemos entre todos: el régimen de inspecciones nucleares (la sigla que en Santa Fe conocemos por la planta de Atucha, ¿te suena?), los estándares de seguridad de la aviación civil (o sea, los mismos que regulan al aeropuerto de Sauce Viejo) y los acuerdos que protegieron la capa de ozono (los que sacaron de circulación los aerosoles en los 90).
¿Y quién se va a hacer cargo de esto?
Acá está el primer hueco del plan. Gates no aclara si ese organismo nuevo hay que crearlo de cero o si se le cuelga la mochila a uno que ya existe. Tipo, ¿lo metemos adentro de la ONU? ¿Lo ponemos en Ginebra, al lado de la OMS? Misterio. Lo que sí dejó claro es que para que esto funcione, Estados Unidos y China tienen que sentarse en la misma mesa. Sin eso, no hay nada que hacer.
Y acá viene lo jugoso: su equipo está moviendo fichas para juntarlo con Xi Jinping, el presidente chino, en noviembre. Todavía no está confirmado, pero la idea es concreta. Si Estados Unidos pega primero el grito y dice "muchachos, estos modelos no pueden andar sueltos", Gates asegura que el resto del mundo se suma atrás. Una apuesta fuerte, considerando cómo viene la relación entre Washington y Beijing.
¿Qué quiere meter bajo la lupa?
- Sistemas de IA capaces de diseñar moléculas o de facilitar ataques biológicos. O sea, lo que un bioterrorista podría usar para armar algo feo en un laboratorio.
- Un impuesto a las empresas que reemplacen trabajadores con resultados generados por máquinas. La plata iría a financiar redes de protección social, tipo seguro de paro pero versión siglo XXI.
- Reservar hasta el 40 por ciento de los puestos de trabajo actuales para personas, en sectores donde el vínculo humano no se puede reemplazar. Gates puso como ejemplo los cuidados que recibió su viejo cuando tuvo Alzheimer. Algo que, si lo pensás, es de las pocas cosas donde una pantalla no te va a dar la mano.
Eso sí, el propio Gates se encargó de aclarar que supervisar no es prohibir. Las aplicaciones médicas y científicas, dijo, pueden seguir su curso. Lo que se frena son los usos de alto riesgo. Semejante distinción, claro, abre otro debate: ¿quién define qué es alto riesgo y qué no? Bueno, de eso debería encargarse el nuevo organismo global que todavía no sabemos bien cómo se financia ni dónde se instala.
“Es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso.”Bill Gates
Esta frase es clave y, a la vez, un poco incómoda. Gates es uno de los que amasó fortuna con software y ahora quiere que el Estado le ponga límites a una industria donde él todavía tiene intereses. ¿Es sinceridad o es el típico movimiento de businessman que prefiere regulaciones amigables antes que un apagón total? Y, mirando el vaso medio lleno, al menos reconoce algo que muchos en Silicon Valley niegan con la cara: que las empresas no pueden ser juez y parte.
¿Y la autorregulación que pregona la industria?
Para Gates, eso es un cuento chino. Literal y metafóricamente. Su argumento es que varios de los problemas que plantea la IA exceden lo que una empresa técnica puede resolver sola. Hace falta coordinación entre países, legislaciones comunes y, sobre todo, alguien con poder de policía para hacer cumplir las reglas. Sin eso, las promesas de las big tech son tan confiables como el piquete del día después de un feriado puente. Veremos si el encuentro con Xi se concreta en noviembre y si, esta vez, las palabras se traducen en algo más que un buen comunicado de prensa.
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