Boca se prueba el traje de candidato ante un Vasco que llega a la Bombonera con el descenso acechando
El xeneize juega la ida de las semifinales de la Sudamericana con cuatro bajas importantes, entre ellas la de Paredes, y con la ilusión intacta del público. Del otro lado, un club carioca que suma cuatro argentinos en el plantel, pelea por no irse al pozo en el Brasileirao y no tiene ni sede confirmada para la revancha en Río.
El gesto lo dice todo: el pibe de la número 5 se toca la gemel derecha, mira al banco y sabe que no hay más margen. Leandro Paredes se lesionó el viernes contra Instituto, intentó probar, pero el cuerpo le dijo que no. Y Arruabarrena, otra vez, a armar el rompecabezas con las piezas que quedan. Porque el Melli no estará esta noche en la Bombonera, ni Aranda, ni Belmonte, ni Velasco. Cuatro nombres propios que pesan y que obligan a pensar al entrenador desde la costura.
El camino hasta acá: de la Libertadores a la ilusión
El xeneize se cayó en la fase de grupos de la Copa Libertadores, terminó tercero y recaló en la Sudamericana casi como quien cambia de ruta a último momento. Pero desde ese desvío, el equipo enderezó el rumbo con tres llaves seguidas. En dieciseisavos eliminó a O'Higgins de Chile por penales después de un 1 a 1 global; en octavos le metió un 7 a 1 inapelable a Recoleta de Paraguay; y en cuartos se sacó de encima a San Pablo con un 2 a 1 gracias a una victoria de visitante y un empate en la Bombonera. Tres series, tres obstáculos superados. La ilusión, otra vez, está en pie.
Del otro lado se planta Vasco da Gama, un viejo conocido del fútbol argentino, con cuatro compatriotas suyos en el plantel: Alan Lescano, Santiago Sosa, Claudio Spinelli y Facundo Colidio. Eso sí, este último no puede jugar la serie porque ya disputó la Sudamericana con River Plate, una regla que la Conmebol aplica con mano firme. El conjunto carioca transitó la fase de grupos del torneo: segundo en la zona G con 10 puntos, tres victorias, un empate y dos caídas. Después fue eliminando rivales con argumentos: 3 a 2 frente a Independiente Medellín, un contundente 4 a 1 en la siguiente instancia y 2 a 0 ante Independiente Santa Fe en cuartos, tras un 0 a 0 en la ida.
Un visitante que llega con los meubles prendidos
Lo del Vasco en el Brasileirao preocupa: está decimocuarto, apenas a tres puntos de la zona del descenso. No es casualidad que el viaje a Buenos Aires les haya servido para despejar un poco la cabeza. Aun así, el problema también es extrafutbolístico: no pueden usar el estadio São Januário porque no llega al mínimo de espectadores que pide Conmebol, así que la sede de la revancha del 20 de octubre todavía está por definirse. Un despropósito que habla a las claras del presente institucional del club de Río.
Mientras el chileno Maza se acomode en el palco y la hinchada empiece a entrar por las escaleras de la Bombonera, una pregunta sobrevuela la noche: ¿cómo carajo va a parar el equipo Arruabarrena sin cuatro titulares? La respuesta, insisto, no la tiene nadie. Porque cuando se te caen Paredes, Aranda, Belmonte y Velasco de golpe, la solución no es matemática: se cocina en la semana, se charla en el vestuario, se prueba en los entrenamientos. Y se resuelve, sobre todo, en los noventa minutos que vienen. Yo, la verdad, lo voy a mirar desde la tribuna como cuando era chico: con la garganta apretada y la certeza de que este club siempre te da una sorpresa. La próxima parada es la revancha en Río, el 20 de octubre. Y hasta entonces, solo queda apretar los puños.
