Brad Pitt vuelve a ponerse en la piel de Gerry Lane: la secuela de Guerra Mundial Z ya tiene director
Edward Berger, el alemán que viene de sacudir los Oscar con Sin novedad en el frente y Cónclave, será el responsable de llevar adelante la esperada continuación del éxito de zombis de 2013. El proyecto, con un historial de idas y vueltas, aún no tiene fecha de estreno.
Me imagino la sala todavía con olor a pochoclo recalentado cuando se apagaron las luces en 2013 y en la pantalla apareció Brad Pitt corriendo por una Filadelfia desbordada de muertos vivos. Aquella Guerra Mundial Z fue, para mí, una de esas películas que uno descubre sin demasiadas expectativas y termina recomendando durante años. Casi trece años después, la noticia de una segunda parte deja de ser un rumor para convertirse en algo cada vez más concreto, y la confirmación del director fue lo que terminó de cerrar el círculo.
Porque cuando se supo que Edward Berger iba a ser el encargado de ponerse detrás de la cámara, la conversación cambió de tono. No es un nombre menor: es el alemán que deslumbró a la Academia con Sin novedad en el frente, ese terremoto visual de la Primera Guerra Mundial filmado con una crudeza casi insoportable, y que después firmó Cónclave, el thriller eclesiástico que también se llevó varios premios. Que alguien con ese pulso se haga cargo de una secuela de zombis habla de que la intención no es repetirse, sino ir por algo distinto.
Una dupla que ya viene trabajando junta
El dato que más me llamó la atención de toda esta movida es que Berger y Pitt acaban de terminar de rodar The Riders, una película donde el actor vuelve a encabezar el reparto. O sea, los dos llegan a esta secuela con código compartido, con una manera de trabajar recién pactada y con la confianza todavía fresca del set. Eso, en una industria donde las producciones multinacionales suelen armarse con desconocidos que se conocen el día uno, es casi un lujo.
Para la continuidad del personaje no hay sorpresas: Brad Pitt volverá a ser Gerry Lane, el ex investigador de Naciones Unidas que en la primera entrega recorría medio mundo tratando de encontrar el origen del brote. La buena noticia es que el acuerdo con el protagonista ya está cerrado, lo que despeja uno de los puntos que más ruido venía generando desde hace una década.
La larga lista de directores que se fueron cayendo
- En 2014, la responsabilidad había quedado en manos del español J. A. Bayona, conocido por El orfanato y luego por Jurassic World: el reino caído. Se alejó del proyecto poco después.
- David Fincher llegó a trabajar activamente en la continuación durante un tiempo, con Paramount ilusionada por la dupla Pitt-Fincher. Tampoco prosperó.
- Recién ahora el proyecto encontró una combinación estable, con Berger confirmado y Pitt con contrato firmado para regresar como Gerry Lane.
La primera Guerra Mundial Z fue, no nos olvidemos, la película de zombis más taquillera de la historia: algo así como quinientos treinta y millones de dólares en todo el mundo, una cifra que suena desactualizada pero que sigue siendo enorme. Adaptó en forma muy libre la novela de Max Brooks, tomó lo que le servía y construyó una road movie apocalíptica con ritmo de blockbuster. Que la secuela haya tardado tanto en concretarse dice mucho del caprichoso mapa de Hollywood, donde una franquicia potencialmente enorme puede quedar congelada una década entera mientras se buscan las piezas correctas.
Por ahora no hay fecha de estreno ni día confirmado para que empiecen a rodar. Esos son los datos pendientes para empezar a ilusionarse con la vuelta de Lane. Mientras tanto, a mí se me ocurre pensar qué le pediría yo a esta segunda parte si alguien de Paramount me diera cinco minutos de atención: más densidad, más desorden, más adentro del colapso. Berger tiene la mano para eso. Veremos si el estudio lo deja.
Lo cierto es que la noticia me dejó con esa sensación familiar de cuando un proyecto largo tiempo esperado parece, por fin, desatascarse. Después de tantos cambios de timón, esta dupla Pitt-Berger tiene la electricidad necesaria como para convertir una secuela postergada en algo que valga la pena esperar. Falta mucho, claro, pero por primera vez en años se siente real.
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