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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Caminar, levantar peso, descansar: el cóctel que la fisioterapia rescata para la vida sexual

La especialista en suelo pélvico Erika Lydon explica cómo sumar movimiento puede mejorar la circulación y el descanso, y alerta sobre los excesos que terminan apagando el deseo. Una guía con base en evidencia para empezar sin frustraciones.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 18 d
Caminar, levantar peso, descansar: el cóctel que la fisioterapia rescata para la vida sexual

A veces empezar es lo más difícil. Lo sé porque lo escucho cada mañana en el consultorio: la gente llega con la milanesa del domingo todavía en la panza y la agenda llena, convencida de que moverse es cosa de valientes. Pero este martes, mientras preparaba la nota, me crucé con Ricardo, de Villa del Parque, que me contó que volvió a los cuarenta y ocho a caminar quince minutos por la plaza y que algo cambió en su casa, aunque todavía no se anima a ponerlo en palabras. Esa escena mínima resume lo que sostiene Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico: el movimiento bien dosificado puede sumar a la vida sexual, y el mal aplicado la complica.

Empezar por lo posible, no por lo heroico

Lydon no recita frases de manual. Dice, con la calma de quien repite indicaciones hace años, que conviene elegir algo agradable y que pueda sostenerse en el tiempo, porque la constancia le gana al entusiasmo de tres días. Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, menciona la pauta clásica de la Organización Mundial de la Salud: 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 intensos por semana, sumados a dos jornadas de fuerza. Pero aclara de entrada: eso apunta a la salud integral y no es un tratamiento mágico para el bajo deseo.

El primer paso, sugiere, puede ser tan simple como una caminata de quince minutos. A partir de ahí, aumentar la exigencia de manera gradual, dejando que el cuerpo marque el ritmo. La idea es que el cuerpo no quede exigido de más, sino que se acostumbre a una rutina que después se note en la vida cotidiana.

  • Actividad aeróbica moderada, como caminar a buen paso, andar en bicicleta o nadar, alrededor de 150 minutos por semana.
  • Ejercicio aeróbico intenso, como correr o jugar al fútbol, unos 75 minutos por semana.
  • Dos jornadas de entrenamiento de fuerza, con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal.
  • Movimientos que resulten placenteros y que se puedan sostener en el tiempo, porque la constancia es la base.

El suelo pélvico no es solo cuestión de fuerza

Antes de lanzarse a sumar ejercicios específicos, Lydon pide atender las señales. Si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, recomienda consultar a un profesional de la salud o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse. A veces, el problema es el contrario.

“Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros. Si los músculos permanecen contraídos o tienen dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas. También entrenar demasiado, sin alimentarse adecuadamente ni recuperarse lo suficiente, puede afectar el deseo.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico

Por qué el cuerpo en movimiento responde mejor

La especialista desglosa los mecanismos con los que trabaja a diario. El primero es la circulación. El trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo es clave en la erección y también participa en la excitación y en la función sexual femenina, recuerda.

El segundo es el descanso. La tensión sostenida y el estrés acumulado pueden apagar el interés sexual. Un cuerpo que se mueve con regularidad suele dormir mejor, sentirse menos ansioso y llegar a la noche con otro registro. El entrenamiento de fuerza, añade, aporta además a procesos vinculados con la energía, el manejo del estrés y el equilibrio hormonal.

Ahora bien, los tiempos no son iguales para todos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede aparecer antes que un cambio en la libido, y eso no es un fracaso, es el proceso. La recomendación final de Lydon es tan simple como su punto de partida: empezar con algo posible, avanzar de a poco y, sobre todo, no confundir entrenamiento con castigo. Cuando el movimiento se vuelve costumbre y no obligación, el cuerpo lo devuelve. Ricardo, el de Villa del Parque, todavía no terminó de contármelo. Pero la sonrisa que se le escapó mientras lo probaba dice bastante.

SG

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