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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Cápsulas para vivir más: qué hay detrás del boom de suplementos que seduce a los argentinos

El negocio de la longevidad creció de la mano del NAD+ y sus precursores, pero los ensayos clínicos en humanos siguen sin mostrar beneficios concretos. Lo que la ciencia avala con evidencia firme, en cambio, no viene en frascos: moverse, comer bien, dormir y mantener vínculos.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 1 h
Cápsulas para vivir más: qué hay detrás del boom de suplementos que seduce a los argentinos

Lo veo cada mañana en la farmacia del barrio, en Belgrano, cuando don Marcelo se acerca al mostrador y pregunta, casi en susurros, por unas cápsulas importadas que vio en una publicidad de internet y que prometen algo tan ambicioso como difuso: más años de vida. Tiene 58 años, la presión un poquito alta, y me cuenta que las toma desde hace seis meses porque un youtuber estadounidense dijo que él mismo las consume a diario. Le pregunto qué mejoró desde que las empezó a tomar y se queda pensando unos segundos antes de responderme, con esa honestidad despistada que solo tienen los buenos vecinos, que en realidad no está seguro, pero que se siente más tranquilo sabiendo que las toma. Esa tranquilidad, precisamente, es el combustible de un mercado que mueve millones en el mundo y que empieza a ganar góndolas en la Argentina.

NAD+: de la célula al marketing, con escala en el laboratorio

El NAD+ es una coenzima presente en todas las células del cuerpo, indispensable para producir energía y asociada a la reparación del ADN. Sus niveles bajan con los años y, en tubos de ensayo y en ratones, aumentar su disponibilidad mejoró ciertos parámetros metabólicos. De ahí nació una industria de suplementos con NMN y con nicotinamida ribósido, dos precursores que se venden como una inversión en longevidad. El problema, como tantas veces ocurre, es el salto entre lo que muestra la investigación básica y lo que promete el marketing. Los ensayos en humanos confirman que estos precursores elevan efectivamente el NAD+ en sangre, pero no hay evidencia clínica suficiente de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, mejor funcionamiento del organismo o más años de vida. Que suba un valor en un análisis de laboratorio no equivale, ni por asomo, a vivir más.

La medicina trabaja en tres escalones que conviene tener siempre presentes: lo que ocurre dentro de una célula, lo que se observa en animales de laboratorio y lo que demuestran los ensayos clínicos con miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos que hoy seduce a los argentinos se apoya con entusiasmo en los dos primeros escalones y se presenta como si hubiera pasado el tercero, que es el único que cuenta cuando lo que está en juego es la salud. Un hallazgo real pero acotado se convierte, en cuestión de meses, en una promesa que nadie terminó de demostrar en la clínica.

Vitaminas y minerales: la evidencia grande, con resultados incómodos

  • El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no previno el cáncer de próstata y que quienes recibieron vitamina E presentaron mayor riesgo de desarrollarlo durante el seguimiento.
  • El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer ni los eventos cardiovasculares en quienes no tenían déficit previo.
  • Cuando existe una carencia real, en cambio, corregirla tiene impacto concreto: las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en edades avanzadas y tratarlas mejora de manera genuina la calidad de vida.
  • La diferencia clave está en medir primero, con un análisis de sangre que cualquiera puede pedir a su médico de cabecera, y suplementar solo si hay un déficit comprobado, no a ciegas ni por recomendación de un influencer.
“Hay una industria enorme que se sostiene sobre dos palabras que suenan científico: NAD+ y longevidad. Y por ahora, en humanos, lo único firme que tenemos es el viejo consejo de siempre.”Doctora especializada en medicina del envejecimiento, consultada para esta nota

Lo que sí funciona, y no viene en cápsulas

Lo que muestra evidencia sólida y consistente a lo largo de décadas es bastante menos novedoso y bastante más exigente: actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, alimentación equilibrada con proteínas suficientes, buen descanso, no fumar, consumo moderado de alcohol y vínculos sociales sostenidos. Son hábitos que no se publicitan en Instagram, que no llegan en un sobre con sello importado y que, por eso mismo, no seducen a la industria del suplemento. Y sin embargo son, junto con los controles médicos periódicos, lo que más se asocia a envejecer con salud. Volví a la farmacia del barrio, en Belgrano, y don Marcelo seguía ahí, hojeando una revista mientras esperaba su turno. Le conté brevemente lo que había aprendido escribiendo esta nota y me miró con una mezcla de alivio y resignación cómplice que me resultó muy familiar. No renunció a sus cápsulas, eso sería pedirle demasiado a un hombre que quiere cuidar su salud a su manera, pero se fue pensando, camino a la calle, que tal vez lo más importante que podía hacer mañana era mucho más viejo y mucho más simple que cualquier frasco: levantarse temprano y caminar treinta minutos, como le insiste su médica desde hace años.

SG

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