Chaco debate una red de salud mental con guardia permanente y equipos que lleguen a cada barrio
Un proyecto en la Legislatura chaqueña propone organizar bajo un mismo paraguas a los profesionales, centros y programas que hoy funcionan dispersos, con nodos regionales, atención de crisis las 24 horas y un plan de cuidados para cada paciente después de una internación
En la Legislatura del Chaco se discute por estas horas un proyecto que lleva varias décadas de demora y que, si finalmente se aprueba, va a cambiar de raíz la manera en que se atiende la salud mental en la provincia. La iniciativa, que yo vengo siguiendo desde que ingresó formalmente, propone crear una Red Provincial de Salud Mental Comunitaria que no arranca de la nada ni inventa recursos donde no los hay, sino que se propone algo más modesto en apariencia y mucho más ambicioso en la práctica: juntar todo lo que ya existe, ordenarlo bajo una misma estructura y llevar los equipos profesionales hasta el último rincón del territorio chaqueño, incluso a parajes donde hoy, si alguien se quiebra anímicamente, lo único que encuentra es la buena voluntad del agente sanitario del pueblo.
La movida tiene una lógica que, como chaqueña de toda la vida, a mí me resulta atendible: en lugar de seguir gastando en parches superpuestos, se trata de poner en red lo que ya está funcionando. El modelo que se debate en el Parlamento divide a la provincia en nodos regionales de salud mental que van a calcar los límites de las regiones sanitarias que hoy existen, de manera que cada nodo tenga la obligación de hacer un relevamiento serio de la población que le toca, de los servicios disponibles y, sobre todo, de las barreras de acceso, que en el Chaco suelen ser tantas y tan variadas que a veces la gente termina desistiendo de pedir ayuda antes de empezar a buscarla.
Equipos completos y un plan para cada paciente
En cada uno de esos nodos se van a incorporar, de manera progresiva, equipos interdisciplinarios integrados por psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos. La idea es que la misma persona pueda ser atendida en su consulta ambulatoria, recibir una visita domiciliaria si no puede trasladarse, tener una intervención en crisis si la situación lo amerita y, fundamental, contar con un seguimiento serio después de cualquier internación. Para eso el proyecto crea la obligación de armar un Plan Individual de Cuidados en los casos que lo requieran, con un equipo responsable asignado y un abordaje que contemple a la familia y al barrio del paciente, no solo al individuo aislado en una camilla.
A mí me tocó cubrir hace poco el caso de Ramona, una vecina de Fontana que después de una internación psiquiátrica volvió a su casa sin más acompañamiento que el de su hija mayor, y durante semanas la familia se manejó como pudo, con el teléfono del hospital como única red de contención. Proyectos como el que se discute en la Legislatura apuntan a que historias como la de Ramona dejen de repetirse, porque el momento posterior a una internación es justamente cuando más se necesita un equipo que llame, que visite, que esté.
Guardia de crisis y prevención del suicidio
Otro de los ejes centrales del texto es la creación de una estrategia provincial de atención de crisis que funcione las 24 horas durante los 365 días del año. Cada región sanitaria va a tener que definir protocolos claros para recibir las consultas, evaluar al paciente, actuar ante las situaciones de mayor riesgo y garantizar que el seguimiento no se corte cuando pasa la urgencia. En un territorio tan extenso y con tantos pueblos alejados como el chaqueño, tener una línea de crisis atendida de manera permanente no es un lujo ni una concesión progresista, es una necesidad operativa elemental, de esas que uno pensaría que ya deberían estar resueltas hace rato y sin embargo siguen pendientes.
La prevención del suicidio tiene, además, un capítulo propio dentro del proyecto. La propuesta es integrar los programas provinciales que ya están en marcha, priorizar el seguimiento de las personas que están en situación de riesgo y desarrollar acciones de posvención para los familiares y amigos que quedan atravesando el duelo después de una pérdida de este tipo. A esa tarea se va a sumar la capacitación obligatoria de los trabajadores de los servicios involucrados, porque de nada sirve tener la red mejor diagramada del mundo si los equipos no están formados para contener, para escuchar y para actuar en el momento justo sin estigmatizar ni patologizar el dolor.
La iniciativa contempla, en paralelo, la creación de centros comunitarios de salud mental, hospitales de día, espacios de rehabilitación psicosocial y dispositivos de acompañamiento familiar, con un énfasis especial en la integración educativa, laboral y social de los pacientes. Si la ley finalmente se aprueba, el Ministerio de Salud chaqueño va a tener 180 días corridos para presentar un plan de implementación con metas concretas a cinco años, lo que obligará al menos a definir qué se va a hacer, con qué recursos y en qué plazos, algo que en políticas públicas de este tipo suele ser la diferencia entre un buen proyecto y un papel mojado. Por ahora lo que hay es un texto que reconoce algo que en los pasillos del sistema de salud chaqueño se dice hace rato: que la salud mental no puede seguir siendo el hermano pobre de la política sanitaria, y que atenderla de manera seria, territorial y permanente es una deuda que la provincia empieza a tomarse en serio, aunque sea en los papeles.
