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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Control Resonant: Dylan Faden toma el relevo y reescribe la pelea con el Aberrant en la mano

El nuevo videojuego de Remedy desplaza la saga hacia el hermano de Jesse, propone una Nueva York distorsionada por lo paranormal y reemplaza el arsenal clásico por un arma que muta entre espada, guadaña, martillo y taladro. Combates cercanos, flotación y decisiones tácticas marcan el pulso de esta aventura de mundo abierto.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 28 d
Control Resonant: Dylan Faden toma el relevo y reescribe la pelea con el Aberrant en la mano

Acomodate en la silla porque lo que viene es una de esas propuestas que piden pantalla grande y auriculares puestos. Remedy vuelve a abrir las puertas de la Casa Inmemorial, pero esta vez la historia se corre de eje: ya no somos Jesse Faden, esa directora implacable que en 2019 nos llevaba a explorar pasillos imposibles cargando un arma que se reconfiguraba al vuelo. Ahora el centro de la escena lo ocupa Dylan, su hermano, y la pregunta inicial no es tanto cómo pelear, sino a quién estamos buscando.

La excusa narrativa es concreta: Jesse lleva siete años desaparecida y la ciudad de Nueva York quedó deformada, aislada entre dimensiones, después de que el Hiss se escapara del edificio que conocimos en el primer juego y se expandiera por las calles como una mancha de tinta. En ese paisaje roto, Dylan acepta volver a cruzarse con la Oficina Federal de Control, el organismo que en su infancia lo sometió a experimentos que todavía le pesan. La historia se ocupa de ese pasado y, de paso, amplía la información sobre los fenómenos paranormales que dan forma a este universo.

Un arma que cambia de forma como quien cambia de idea

El gran cambio mecánico se llama Aberrant y es la vedette de cada enfrentamiento. No hace falta revolver el inventario para elegir entre espada, guadaña, martillo o taladro: la forma aparece sola según el movimiento que ejecutemos. Un ataque ligero despliega una hoja larga, un golpe pesado la convierte en guadaña, los cierres de combinación disparan el martillo, y la perforación del taladro queda reservada para situaciones puntuales. Esa transformación orgánica se apoya además en un sistema de mejoras que ajusta cada variante a distintos estilos de juego, de modo que la misma arma se siente distinta según cómo la configuremos.

  • Ataques cuerpo a cuerpo que recargan la energía necesaria para activar poderes especiales.
  • Enemigos que al ser derrotados dejan caer salud como recurso de recuperación.
  • Adversarios de mayor tamaño que invocan criaturas de forma continua, lo que obliga a decidir prioridades en cada pelea.
  • Esquivas, impulsos aéreos y flotación temporal que permiten reubicar a Dylan en medio del combate.
  • Posibilidad de interrumpir una animación para esquivar y encadenar la combinación si no recibimos un golpe.
  • Poderes como Ignite, que incendia el arma enemiga y aplica quemaduras sostenidas.

El crecimiento del personaje se reparte entre árboles de habilidades, mejoras del propio Aberrant y aumentos opcionales de salud y energía. Las misiones principales y las actividades secundarias suman experiencia y, además, elevan el estatus de Dylan en cada zona, un detalle que no es solo cosmético: cambia cómo responde la ciudad a nuestra presencia. Entre las habilidades, Ignite sobresale porque lleva el combate a un terreno visualmente muy vistoso y obliga a decidir cuándo conviene arriesgar el cuerpo a cuerpo para prender fuego el arma del rival.

Una Nueva York que ya no es la que conocimos

La promesa de mundo abierto se siente en la manera en que Remedy plantea la exploración: una Nueva York aislada entre dimensiones, con zonas que parecen plegadas sobre sí mismas, y un hilo conductor claro, encontrar a Jesse, que organiza el recorrido sin convertirlo en un pasillo lineal. La combinación de combate cercano, desplazamientos aéreos y tomas de decisiones rápidas le da a la aventura un ritmo que pide atención permanente: no alcanza con disparar desde lejos, hay que meterse, esquivar, flotar y leer el campo de batalla para no quedar atrapado contra un enemigo más grande.

Como quien sigue una saga desde hace años, lo que más me entusiasmó al recorrer este material es la decisión de Remedy de correr el foco hacia un personaje que en Control quedaba en segundo plano. Dylan carga con un pasado turbio, con poderes que todavía no termina de dominar y con una motivación enorme: encontrar a su hermana. Esa mezcla de vulnerabilidad y determinación le da a la aventura un matiz más humano que el de Jesse, y el combate rediseñado, más cercano y físico, parece hecho a la medida de alguien que aprende a pelear mientras pelea. Tengo la sensación de que vamos a pasar muchas horas flotando sobre una Nueva York rota, golpeando con el Aberrant y, en el fondo, buscando a esa directora que nos marcó en 2019. Ojalá el viaje valga cada esquiva.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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