Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Crecer con Naruto: la serie que, según un estudio, les enseñó a los chicos a no bajarse nunca del ring

Una investigación reciente asegura que los espectadores que acompañaron al ninja naranja en su infancia desarrollaron herramientas emocionales más sólidas frente a la adversidad. La historia detrás del trabajo y qué dice sobre los vínculos, la perseverancia y la manera en que consumimos animación.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 2 h
Crecer con Naruto: la serie que, según un estudio, les enseñó a los chicos a no bajarse nunca del ring

Me acuerdo perfectamente del sonido: la tele enchufada a la tarde, la puerta del placard entreabierta para que no se perdiera la señal y yo, con la cara pegada al tubo de la vieja computadora donde un amigo había descargado los capítulos con subtítulos hechos a mano. Naruto era, para nosotros, una cuestión casi clandestina, algo que se veía a escondidas y se comentaba al día siguiente en el patio del colegio con la misma devoción con la que otros hablaban de la Selección. Por eso, cuando me crucé con un estudio que se tomó en serio la pregunta de qué nos dejó esa serie en la cabeza y en el corazón, no pude menos que detenerme a leerlo con la misma curiosidad con que se hojea una carta encontrada al fondo de un cajón.

De qué se trata la investigación

El trabajo se titula Naruto: un estudio sobre la resiliencia y el crecimiento en la animación japonesa y lleva la firma de Alfin Rosydha y Nalia Roohma. Aunque se publicó en octubre de 2025, en las últimas semanas empezó a circular con fuerza en redes sociales y volvió a poner sobre la mesa una pregunta que muchos nos hicimos alguna vez: ¿cuánto de lo que somos se cocina mirando dibujos animados? Los autores parten de una idea fuerte: Naruto no es solo una historia coming-of-age, sino una narrativa atravesada por la resiliencia, la perseverancia y el crecimiento personal, esos valores que el protagonista encarna a lo largo de más de setecientos capítulos.

El eje del análisis es, claro, el arco de Naruto Uzumaki: un huérfano marginado que carga con una bestia sellada en la panza y que, en lugar de dejarse aplastar por el bullying de la aldea, elige levantarse una y otra vez con el objetivo de convertirse en Hokage, el líder máximo de su comunidad. Para los investigadores, esa dinámica no fue un simple entretenimiento: funcionó como un modelo formativo para chicos que todavía estaban armando sus propios esquemas emocionales.

Lo que encontraron sobre vínculos, ayuda y aprendizaje

Hay tres ejes que el estudio subraya y que, siendo honesta, son los que más resuenan cuando uno repasa la serie desde la distancia. El primero es el peso de los vínculos: el recorrido de Naruto no se entiende sin Iruka, sin Jiraiya, sin sus compañeros del equipo 7. La investigación sostiene que la serie enseña que el éxito colectivo supera al individual, y que pedir y recibir ayuda no es debilidad sino parte del crecimiento. El segundo es la idea de que la resiliencia no es un rasgo innato, sino una habilidad que se entrena con la exposición a desafíos: ver a un personaje levantarse una y otra vez habría acelerado ese aprendizaje en audiencias que todavía estaban formando su carácter. Y el tercero, que atraviesa a los otros dos, es la convicción de que la perseverancia y la empatía se cultivan, no nacen: ahí estaría, según los autores, la raíz del impacto emocional.

  • Vínculos: el protagonista solo no llega a ningún lado; mentores y compañeros son parte central del proceso.
  • Resiliencia como entrenamiento: no es un don, sino una capacidad que se construye al atravesar fracaso tras fracaso.
  • Fracaso como maestro: la serie muestra que caer y volver a empezar no es un defecto, sino el método.
  • Empatía como motor: la historia pone en valor comprender al otro antes que vencerlo.

Una serie que sigue dando que hablar

Naruto, creada por Masashi Kishimoto, se emitió originalmente entre 2002 y 2007 y luego continuó con Naruto Shippuden hasta 2017. O sea: estamos hablando de una historia que acompañó a toda una generación que, mientras ahorraba para el ciber o se turnaba el control remoto con los hermanos, vio a un naranjita saltar de pelea en pelea cargando con la soledad de no tener padres y con la decisión innegociable de no traicionarse a sí mismo. Décadas después, la serie sigue generando debate sobre su lugar en la cultura popular y, ahora también, sobre cuánto de su ética del esfuerzo se nos quedó pegada en la médula.

“Naruto es mucho más que una historia coming-of-age: es una narrativa con raíces en los temas de la resiliencia, la perseverancia y el crecimiento personal.”Alfin Rosydha y Nalia Roohma, autores del estudio

No voy a mentirles: leído desde hoy, con las Olimpíadas de los problemas adultos bien encima, este estudio me llegó a un lugar que no esperaba. Porque uno puede discutir el método, la muestra o el alcance académico del trabajo, pero hay algo difícil de rebatir: para muchos de nosotros, Naruto fue la primera vez que vimos en la pantalla la idea de que se puede estar roto y, aun así, levantarse; de que pedir ayuda no es claudicar; de que la lealtad a un equipo vale más que el ego a ultranza. A mí, personalmente, se me cruzó una imagen vieja: la del sillón de casa, la compu con el ventilador zumbando y la certeza absoluta de que ese nene con el traje naranja iba a volver a intentarlo. Y, visto en retrospectiva, algo de eso se me quedó. ¿Les pasó lo mismo?

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

Te puede interesar