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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa corporal de más se vuelve un problema: lo que el cuerpo deja de funcionar bien

Expertos en metabolismo y composición corporal advierten que reducir las reservas adiposas por debajo de ciertos umbrales puede comprometer músculos, huesos y hormonas, incluso en deportistas entrenados. La edad, el sexo y la forma de medir pesan tanto como el número en la balanza.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 9 d
Cuando bajar la grasa corporal de más se vuelve un problema: lo que el cuerpo deja de funcionar bien

Cualquiera que haya pasado una tarde en un consultorio de nutrición o en un gimnasio sabe lo que pasa cuando alguien se sube a una balanza de bioimpedancia y se queda mirando el número del porcentaje de grasa corporal como si fuera el veredicto de un examen. Carlos, de Palermo, me confesaba el otro día que lleva años obsesionado con ese guarismo que aparece en la pantalla de la balanza de su club, y que cada vez que lo ve subir un punto se le viene el mundo abajo, sin entender del todo por qué esa cifra cambia tanto de una semana a la otra ni qué dice realmente sobre su salud.

Lo cierto es que un porcentaje aislado de grasa corporal no alcanza, por sí solo, para evaluar cómo está compuesto el cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen de manera determinante en esa lectura, y las herramientas que se usan para medir tienen diferencias importantes que conviene tener presentes antes de sacar conclusiones drásticas sobre el propio estado físico.

Los métodos de medición no miden lo mismo

  • La balanza de bioimpedancia estima la grasa a partir de la conductividad eléctrica del cuerpo, por lo que puede arrojar resultados muy distintos según el nivel de hidratación del momento: tomar un vaso de agua o haber hecho ejercicio intenso puede mover varios puntos el número sin que la composición real haya cambiado.
  • Los pliegues cutáneos, que toman con un calibre el grosor del pliegue en distintos puntos del cuerpo, permiten estimar la grasa subcutánea, pero no llegan a ver la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más preocupa a los especialistas cuando se acumula en exceso.
  • La densitometría DEXA, un estudio que se hace en equipos especializados parecidos a los de una clínica, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea con bastante precisión, aunque necesita aparatología específica y puede ser costoso, por lo que no siempre está al alcance de un control de rutina.

Lo que muestran los estudios en deportistas

Ese método DEXA fue el que se utilizó en un trabajo con más de setecientos deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. En esa muestra, los valores mínimos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, bastante lejos del uno o dos por ciento que muchas veces se menciona cuando se habla de definición muscular o de cuerpos extremadamente marcados, y que en la práctica pocas personas entrenadas alcanzan de manera sostenida sin consecuencias.

Porque la investigadora Jessica Maung, que trabaja en enfermedades metabólicas en la Universidad de Míchigan, me explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas del cuerpo. Cuando una restricción muy intensa de calorías reduce esas reservas, el organismo puede empezar a tomar energía del músculo para seguir funcionando, y eso termina perjudicando tanto la generación de tejido óseo nuevo como la reparación del que ya está, algo que suele pasar inadvertido hasta que aparece una lesión o una fractura por esfuerzo.

El cuadro se completa con cambios hormonales que pueden aparecer cuando las reservas caen demasiado. En hombres con una alimentación insuficiente, los valores de testosterona pueden disminuir, y con ellos bajan también la energía cotidiana y el rendimiento físico. En algunas deportistas, los niveles muy bajos de grasa se relacionan con irregularidades en el ciclo menstrual o directamente con la falta de menstruación, una situación que los médicos toman como una señal de que el cuerpo está priorizando otras funciones por encima de la reproducción. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló además que disponer de pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del organismo ante infecciones graves, ya que el cuerpo tiene menos margen para sostener la respuesta inmune cuando atraviesa una enfermedad.

Estas consecuencias se explican por las tareas que cumple el tejido adiposo, que va mucho más allá de ser un simple reservorio de combustible. Además de guardar energía para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible en el organismo. Cuando esa señal disminuye porque las reservas cayeron demasiado, el cuerpo puede relegar funciones que considera prescindibles para ahorrar lo que le queda, y esa lógica de recorte es la que termina afectando músculos, huesos y equilibrio hormonal.

El exceso también importa, y mucho, sobre todo cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos. La acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias que inflaman el organismo de manera sostenida, y por eso los controles del fondo no se toman sólo mirando el espejo o el número de la balanza: importa dónde está depositada esa grasa, cómo se reparte y cuánto se mueve en el tiempo, algo que vale tanto para quienes buscan perder unos kilos como para quienes llevan años entrenando y quieren entender por qué su cuerpo empieza a protestar cuando le piden más de lo que puede dar.

SG

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