Cuando el cielo se pone gris, ¿hay que salir corriendo a comprar vitamina D?
Las jornadas sin sol hacen ruido en el ánimo y en la conversación familiar, pero el organismo tiene reservas para amortiguar la falta de radiación. Un especialista argentino marca quiénes sí deben hacerse controles y por qué conviene no automedicarse.
Son las siete de la tarde en el barrio de Belgrano y la señora Marta, que todas las mañanas baja a comprar el diario a la esquina de Juramento, me mira con esa cara que ponemos los porteños cuando el cielo lleva cinco días del mismo gris plomizo. «Yo ya me siento sin energía, necesito vitamina D», me dice mientras acomoda el vuelto en la cartera. En la vereda de enfrente, el olor a pizza del local de siempre se mezcla con la humedad que viene del río y con esa sensación colectiva de que algo falta cuando el sol no aparece. La pregunta que me hace Marta es la misma que se repite en las mesas familiares, en los grupos de WhatsApp y en las consultas: ¿hay que suplementar vitamina D cuando se encadenan los días nublados? La respuesta, como casi todo en medicina, depende de quién pregunte.
El cuerpo tiene reservas: los días sin sol no son una emergencia
Conviene empezar por lo básico para entender la conversación. La vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, y también se incorpora a través de algunos alimentos. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo, de modo que varios días seguidos de lluvia o de cielo tapado no implican automáticamente una caída brusca de los niveles. A eso se suma que el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante períodos de menor exposición. La posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos de cada persona, sus antecedentes y sus condiciones de salud, como explicó Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires.
En la cuadra de Marta, mientras el viento mueve las hojas de los jacarandés, se nota algo que los médicos repiten hasta el cansancio: no todas las personas necesitan hacerse un análisis ni tomar un suplemento de manera preventiva. Para los adultos sanos, la recomendación es clara y no deja lugar a la improvisación: sin deficiencia documentada, no existe indicación general de suplementación.
Quiénes sí deben prestar atención a sus niveles
Heredia identificó los grupos que sí requieren mayor atención porque la falta de vitamina D puede pegar más fuerte o porque tienen más chances de tener los valores bajos:
- Adultos mayores.
- Personas con obesidad.
- Pacientes con enfermedad celíaca.
- Quien atravesó cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos.
- Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas.
Para todos ellos, la decisión de pedir un estudio de sangre y de definir un tratamiento depende del criterio médico. Es decir, no alcanza con leer una nota en el celular ni con el consejo del vecino: hay que pasar por el consultorio.
El peligro del exceso y la función real de la vitamina
El especialista fue terminante en un punto que a veces se pierde en la conversación cotidiana. Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal. Es decir, más no es mejor: más puede ser directamente problemático. En términos simples, la vitamina cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, minerales clave para los huesos; su deficiencia puede causar osteomalacia en adultos, fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas, mientras que en niños una carencia importante puede derivar en raquitismo. También participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario.
En la cocina, mientras en Belgrano se prende la primera hornalla y el ruido de los cubiertos marca el inicio de la cena, vale la pena recordar que los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados aportan vitamina D, aunque cuando ya existe una deficiencia la dieta sola puede no alcanzar para corregirla. A Marta le voy a contestar lo mismo que le diría a cualquier lector que me cruce en la calle: si pertenece a alguno de los grupos de riesgo, consulte a su médico; si es un adulto sano, no hay motivo para salir a comprar suplementos por unos días sin sol. El organismo viene preparado para amortiguar estos grises, y la próxima mañana de cielo claro, cuando vuelva a verse el río desde la Costanera, el cuerpo estará listo para fabricarla de nuevo.
