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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo pide silencio y la cabeza no se calla: la trampa del estrés que se instala sin que uno se dé cuenta

Despertares a las tres de la mañana, frases que se cortan a la mitad y una irritabilidad que aparece por cualquier cosa pueden ser señales de un estado de alerta que ya lleva demasiado tiempo encendido. Especialistas y estudios recientes ayudan a distinguir entre una semana pesada y un desgaste que se volvió crónico.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 35 d
Cuando el cuerpo pide silencio y la cabeza no se calla: la trampa del estrés que se instala sin que uno se dé cuenta

Son las seis y veinte de la mañana en una cocina del barrio de Villa Devoto y Adriana Rinaldi, vecina de la cuadra, ya lleva un rato deambulando entre la pava y la ventana con la mirada perdida, tal como me lo cuenta mientras sostiene una taza que dice recién haber cebado aunque ya está fría, y me dice que la historia empezó hace unos meses cuando empezó a despertarse a las tres de la mañana sin ningún motivo aparente y que después de eso ya nunca volvió a pegar los ojos como antes, así que a las seis está parada, agotada, con esa sensación de no haber descansado ni un minuto aunque haya tenido siete horas en la cama.

Esa molestia silenciosa que aparece antes de que suene el despertador, esa pérdida del hilo a mitad de una conversación, esa irritación que surge por cosas que antes ni le hubiesen llamado la atención son, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, señales clásicas de un estrés que lleva demasiado tiempo instalado, porque el problema no es tener una semana difícil sino vivir en alerta permanente sin darse cuenta, una diferencia sutil pero enorme que muchos pagan con sueño fragmentado, memoria cada vez más frágil y un humor que cambia sin aviso.

Lo que dicen los estudios y los especialistas

Una revisión publicada en 2025 en la revista Frontiers in Psychology, que analizó 45 revisiones y más de dos mil estudios, encontró que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos, sobre todo en atención, memoria y funciones ejecutivas, aparecen de manera consistente en los cuadros de estrés crónico, y otro estudio publicado en 2024 en Neurobiology of Stress señaló que la exposición prolongada puede afectar la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control de la conducta, algo que la profesora de Psicología de Arizona State University Leah Doane explicó de manera muy clara al sostener que el problema surge cuando la respuesta de estrés no logra apagarse, porque en ese punto el cerebro deja de administrar bien recursos básicos como organizar, recordar, priorizar y responder con calma, tareas que pasan a consumir mucha más energía que antes y que hacen sentir a la persona como si estuviera corriendo una maratón con una mochila cada vez más pesada.

Y acá viene la trampa más grande de todas: la rutina puede seguir en pie mientras el cuerpo y la mente ya están operando al límite, porque alguien puede seguir llegando a tiempo al trabajo, respondiendo mensajes y cumpliendo compromisos aunque conviva con un sueño hecho pedazos y con una tolerancia a la frustración cada vez menor, y es justamente esa continuidad la que actúa como una señal engañosa que impide pedir ayuda a tiempo, como me lo hace notar Ernesto Olmedo, vecino de San Telmo, que después de dos años de sentirse inexplicablemente cansado fue a consultar y se enteró de que llevaba meses funcionando en modo piloto automático, sin pausa, sin aire, sin darse cuenta de que el precio lo estaba pagando él y no la agenda.

Señales para mirar con atención

  • Despertarse varias veces durante la noche o hacerlo de golpe mucho antes de que suene el despertador, sin razón médica que lo explique.
  • Olvidar lo que se iba a decir a mitad de una frase o perder objetos con una frecuencia que antes no aparecía.
  • Reaccionar con más intensidad de la habitual frente a un contratiempo menor, como un trámite trabado o un corte de luz.
  • Sentir que cuesta mucho más tomar decisiones, incluso las cotidianas, como qué comer o qué contestar un mensaje.
  • Cumplir con todas las obligaciones pero con la sensación constante de estar al límite, sin energía real para el descanso ni para el ocio.

En los espacios de bienestar circula mucho la idea de modo supervivencia para describir este estado de alerta sostenido, un concepto que no es un diagnóstico clínico pero que sirve para ordenar señales que tomadas por separado parecen insignificantes y que en conjunto cuentan otra historia, porque lo que importa no es tanto el nombre sino el patrón, es decir dormir peor, rendír menos, irritarse más y sentir que el cuerpo pide silencio mientras la cabeza no se calla, una combinación que durante meses puede pasar desapercibida hasta que un día se vuelve insoportable, y en ese momento conviene escuchar lo que el cuerpo viene diciendo hace rato y consultar a un profesional, porque la buena noticia es que cuando el patrón se detecta a tiempo todavía hay mucho por hacer para recuperar el sueño, la calma y las ganas.

SG

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