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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Cuando la neumonía no avisa: las pistas que suelen pasarse por alto antes de la tos y la fiebre

El cansancio extremo, la falta de aire y las náuseas pueden aparecer antes que los síntomas clásicos. Especialistas alertan sobre señales tempranas que, en personas mayores o con defensas bajas, cambian el pronóstico si se detectan a tiempo.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 1 h
Cuando la neumonía no avisa: las pistas que suelen pasarse por alto antes de la tos y la fiebre

Hay una señal que a Marta, vecina de Villa del Parque, le volvió una y otra vez en los últimos meses cada vez que la gente del barrio le contaba que un familiar suyo estaba internado: "Decían que el marido o la abuela habían arrancado con un cansancio terrible, como si no pudieran levantarse de la cama, y que después, ya en la guardia, les decían que era neumonía". Ese comentario, repetido en la verdulería de la esquina, se parece bastante a lo que describe la literatura médica cuando se pone el foco en las señales tempranas de una infección pulmonar que no siempre arranca con la tos o con el termómetro en llamas.

La neumonía es una infección que inflama los alvéolos pulmonares y que, en los cuadros más avanzados, puede llenarlos de líquido o de pus, lo que vuelve cada vez más difícil el paso del oxígeno hacia el resto del organismo. Las causas más habituales son bacterianas, entre las que aparecen Streptococcus pneumoniae y Mycoplasma pneumoniae, aunque también puede ser consecuencia de virus como el de la gripe o el SARS-CoV-2, sin descartar los hongos en determinados contextos clínicos. Cómo evoluciona el cuadro depende, en buena medida, del agente que lo desencadena, de la edad del paciente y del estado de salud previo.

Las pistas que aparecen antes que la tos

Lo que suele pasar inadvertido en la consulta, y también en la mesa familiar, es que la fatiga profunda y la respiración acelerada pueden presentarse antes que los síntomas considerados clásicos. También pueden aparecer latidos rápidos, náuseas, falta de apetito y una sensación de malestar general que no se justifica con el ritmo de vida que la persona llevaba hasta ese momento. En diálogo con el neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, el especialista fue categórico al remarcar que "la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos", y agregó que, si bien la tos es prácticamente universal en estos cuadros, "algunas personas no tienen mucha fiebre".

Esa ausencia de fiebre, lejos de ser tranquilizadora, puede ser justamente lo que retrasa la consulta. En mayores de 65 años y en personas con las defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso ubicarse por debajo de los valores normales, un fenómeno que se conoce como hipotermia y que, en presencia de otros síntomas, no descarta en absoluto la enfermedad. Cuando el cuadro avanza, el cuadro clínico puede sumar presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental, desde confusión repentina hasta una somnolencia excesiva o desorientación, manifestaciones que, según remarcan los especialistas, obligan a una consulta médica sin demora.

  • Fatiga profunda y respiración más agitada de lo habitual, que aparecen antes que la tos.
  • Latidos rápidos, náuseas y marcada falta de apetito.
  • Dolor en el pecho al respirar o tos que persiste varios días y va empeorando.
  • Fiebre sostenida de 39 grados o más, sobre todo cuando se suma a los síntomas anteriores.
  • Confusión, somnolencia fuera de lo normal o desorientación, especialmente en mayores de 65 años.

Quiénes deben prestar más atención

Los grupos que concentran mayor riesgo de complicaciones son los bebés y niños pequeños, los adultos mayores, los fumadores y quienes conviven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, además de quienes reciben tratamientos que reducen las defensas del organismo. En cualquiera de esos escenarios, lo que empieza como una sensación rara de agotamiento puede desembocar, si no se actúa a tiempo, en acumulación de líquido alrededor de los pulmones, pasaje de bacterias al torrente sanguíneo, formación de abscesos pulmonares o insuficiencia respiratoria, una complicación que suele requerir internación y soporte de oxígeno.

Por eso, en la conversación cotidiana con los vecinos del barrio, uno escucha cada vez más la recomendación de consultar cuando la tos se estira más allá de lo esperable, cuando aparece dolor en el pecho al respirar, cuando los síntomas reaparecen después de una mejoría inicial o cuando la fiebre se vuelve persistente en torno a los 39 grados o más. Son, en definitiva, las fronteras que separan un cuadro que se resuelve en la casa de uno, con reposo y buena hidratación, de una visita a la guardia que puede terminar, como le pasó a más de una familia de la cuadra de Marta en Villa del Parque, con varios días de internación y un susto que nadie quiere volver a pasar.

SG

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