Cuando la sangre se espesa de golpe: las cuatro señales del cuerpo que no hay que dejar pasar
La trombosis venosa profunda puede ser silenciosa hasta que se vuelve una urgencia. Un repaso por los síntomas, los factores de riesgo y las etapas de la vida en las que conviene prestar más atención, según el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco.
La consulta empieza en el consultorio de Palermo con una pregunta que se repite cada semana: "¿Por qué me duele la pantorrilla si no me golpeé con nada?". Es la escena cotidiana que describe el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco cuando atiende a personas que llegan preocupadas por un dolor difuso en una pierna que no termina de explicarse. En muchos casos, detrás de esa molestia aparentemente menor se esconde una trombosis venosa profunda, una afección potencialmente mortal pero, sobre todo, prevenible si se detecta a tiempo.
La tromboembolia venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente en las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación que requiere atención de emergencia y que, según explican los manuales de cardiología, puede ser fatal. Por eso, conocer los signos de alerta resulta tan importante como conocer los factores que predisponen a sufrirla.
Las cuatro señales físicas que hay que aprender a leer
Lo Monaco identificó cuatro manifestaciones que el cuerpo envía cuando algo no anda bien en la circulación venosa profunda: dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o en el muslo; hinchazón en la zona afectada; cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual; y sensación de calor localizada. Estos indicios no confirman el diagnóstico por sí solos, pero justifican una consulta médica inmediata para descartarlo. "Si sentís algo raro y no te lo podés explicar, no te quedes en casa esperando que se pase", resume Graciela, vecina de Belgrano, cada vez que una amiga le cuenta una molestia parecida.
Cuándo la consulta debe ser una llamada a emergencias
Hay síntomas que ya no dan margen para pedir un turno: la dificultad respiratoria súbita, el dolor en el pecho que se intensifica al respirar, la tos con sangre y la pérdida del conocimiento son señales típicas de una embolia pulmonar en curso. En esos casos, lo indicado es llamar a emergencias de inmediato. Esperar significa perder minutos que pueden ser definitivos.
Los factores que inclinan la balanza
Algunas condiciones incrementan de manera significativa la probabilidad de desarrollar un coágulo. Entre las más relevantes se encuentran:
- Haber tenido un coágulo previamente.
- Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia.
- Fumar.
- Pasar períodos prolongados con movilidad reducida, por ejemplo, después de una cirugía o durante una internación.
- Convivir con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer.
Tres momentos de la vida de una mujer que merecen atención especial
En la vida de las mujeres, hay tres etapas en las que el riesgo de trombosis se modifica y conviene conversar con el médico de cabecera. La primera es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno, que se asocia a un incremento del riesgo, aunque bajo para la mayoría de las usuarias. La segunda es el embarazo y el posparto, un período de mayor vulnerabilidad porque el organismo activa mecanismos para prevenir el sangrado excesivo durante el parto, lo que favorece la coagulación. La tercera es la terapia hormonal que se utiliza para tratar síntomas de la menopausia, que también puede elevar el riesgo cuando incluye estrógeno.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El especialista subraya que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, por lo que el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más se benefician de un seguimiento médico sostenido, porque en esos casos la prevención se vuelve una tarea cotidiana y no una preocupación abstracta. Volviendo a la escena inicial, a esa consulta en Palermo donde una persona entra quejándose por una pantorrilla que le duele sin razón aparente, la diferencia entre un susto y una tragedia suele estar en la decisión de no postergar la consulta.
