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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Darío Giordano salió al cruce de su hijo Valentín y rechazó de plano las acusaciones de violencia

A través de un comunicado, el productor reconoció que pudo haber quedado a la altura de lo que sus hijos necesitaban durante el duelo por Romina Yan, pero negó categóricamente los episodios de maltrato físico y emocional que denunció el adolescente. Pidió resolver el conflicto en privado.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 3 d
Darío Giordano salió al cruce de su hijo Valentín y rechazó de plano las acusaciones de violencia

Les confieso que empecé a leer el comunicado de Darío Giordano con esa sensación incómoda que uno tiene cuando una historia familiar se vuelve escenario público, cuando lo íntimo se filtra entre cables y portales, y sentí la sala vacía de un living donde ya nadie se sienta a comer en silencio. El productor habló un día después de que su hijo Valentín Yankelevich —quien tiene 14 años y al que vimos crecer entre sets de televisión y cámaras— denunciara haber vivido episodios de violencia física y emocional en el seno del hogar después de la muerte de su madre, la actriz Romina Yan, ocurrida en septiembre de 2010.

Un descargo punto por punto

Giordano eligió el formato de comunicado —algo que vimos hacer en otras oportunidades a figuras públicas cuando el ruido se vuelve insostenible— y arrancó con una frase que suena a barricada: "Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia". La línea no admite matices: el productor desmiente de raíz el relato de su hijo y no concede espacio para la interpretación.

Después, el comunicado se mete en el terreno más delicado, en ese pozo sin fondo que dejó la partida de Romina. "La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella", escribió Giordano, y ahí uno entiende que no estamos frente a un personaje mediático cualquiera, sino frente a un hombre que perdió a la madre de sus tres hijos y que ahora se sienta a tipear un descargo en una computadora, en algún lugar de Buenos Aires, mientras el país mira.

“Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso.”Darío Giordano, en el comunicado

Esa es, para mí, la línea más fuerte del texto: Giordano reconoce que probablemente no alcanzó emocionalmente para sostener a Valentín y Franco mientras crecían marcados por la ausencia, y lo dice con la crudeza de quien sabe que admitir una limitación duele más que cualquier denuncia. Pero ojo: el productor aclara enseguida que ese mea culpa no equivale a aceptar los hechos de violencia que le imputaron. Una distinción fina, casi de cirujano, que seguramente no conformará a nadie en la otra vereda.

El pedido de intimidad y los hijos

En otro pasaje, Giordano sembró una frase que resonó: "Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado". La escribió sin nombrar a nadie, aunque muchos leyeron entre líneas que apunta a la familia Yankelevich, dueña de una estructura productiva poderosa en la industria del entretenimiento argentino. No hay nombres propios, pero la referencia se intuye.

El productor cerró el texto con un pedido casi desesperado de volver al cuarto oscuro de la vida privada: "Quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad, sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros". Una imagen que uno imagina posible, de dos personas sentadas en una mesa, sin celulares, sin abogados, sin portales de noticias.

Miren, yo no voy a ponerme del lado de nadie porque no estuve ahí, ni en esa casa de Pilar ni en el set donde Romina Yan nos hacía reír a la tarde, ni en el comedor donde un nene de catorce años decidió contar lo que cuenta. Lo que sí puedo decirles, después de leer este comunicado con la tranquilidad del domingo a la noche, es que Giordano eligió no pelear en Tribunales mediáticos: reconoció lo que pudo haber fallado sin su cabeza, negó lo que niega con el cuerpo entero y, sobre todo, dejó la puerta entreabierta para una conversación que —ojalá— algún día pueda darse en voz baja, con mate de por medio y sin un cronista al lado. Ojalá, porque cuando un chico de catorce años habla y un padre responde, lo que está en juego no es un comunicado: es una vida entera por delante.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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