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Viernes, 16 de octubre de 2026
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De acampar en la plaza a tener su propia fonda: la historia de Ezequiel, el cocinero que la peleó desde abajo en Neuquén

Llegó desde Azul sin un peso y durmió a la intemperie. Un vecino le prestó una carpa, un refugio lo contuvo y, con dos hornallas y un horno roto, empezó a cocinar para afuera. Hoy, a los 36, abre La Fonda en el barrio Mariano Moreno y ya sueña con un bodegón para las familias.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 38 d
De acampar en la plaza a tener su propia fonda: la historia de Ezequiel, el cocinero que la peleó desde abajo en Neuquén

Son las primeras horas de la tarde en Mitre y Correntoso, en pleno corazón del barrio Mariano Moreno, y Ezequiel Banegas abre la puerta de su local con la misma energía con la que, casi dos años y medio atrás, se bajó de un auto que lo había levantado a la vera de la ruta en algún punto de la provincia de Buenos Aires. Tiene 36 años, un delantal flamante colgado al costado y una sonrisa enorme que todavía le cuesta esconder: en cuestión de días va a cortar la cinta de La Fonda, la rotisería que armó con sus propias manos, después de haber dormido en la calle, de haber comido gracias a la solidaridad de desconocidos y de haberse reinventado, literalmente, a fuerza de tortas fritas y empanadas.

La llegada: una carpa prestada y un refugio que lo sostuvo

Era febrero de 2024 cuando Ezequiel dejó atrás Azul, su ciudad natal, y se subió a hacer dedo con destino incierto hacia Neuquén. El viaje le llevó dos días, con la muda de ropa en una mochila y los bolsillos vacíos. Las primeras noches las pasó a la intemperie, en pleno centro de la ciudad, hasta que se animó a pedir ayuda por un grupo de Facebook: necesitaba una carpa para sobrevivir el frío patagónico.

“Un vecino de la zona, Raúl, me escribió por Messenger, me pasó su dirección y cuando fui tenía una carpa, una almohada y un acolchado esperándome. Ese gesto me salvó.”Ezequiel Banegas

Con esa estructura precaria montada en un rincón, Ezequiel salió a buscar trabajo puerta por puerta. La constancia rindió rápido: lo admitieron en un refugio de la calle Belgrano al 2500, un espacio donde no solo le dieron techo temporario, sino también acompañamiento para armar un plan de vida. "Me ayudaron muchísimo a reintegrarme a la sociedad. Me sirvió para salir adelante", resume hoy, con la voz todavía emocionada, como si el eco de esas primeras semanas siguiera sonando adentro.

De vendedor a jefe: el aprendizaje que después puso en práctica

El primer empleo estable llegó en el área de mantenimiento de una empresa de logística. No era su sueño, pero servía. Poco después cruzó a Cipolletti para trabajar en un corralón, donde arrancó como vendedor y, en cuestión de meses, terminó como jefe de ventas. Esa experiencia, dice, le dejó un entrenamiento que hoy aplica sin pensarlo: tratar al cliente, escuchar lo que pide, resolver un problema, no prometer lo que no se puede cumplir.

Dos hornallas, un horno roto y mucha garra

Pero lo que de verdad le hervía por dentro era la cocina. En el departamento que compartía en Neuquén armó un laboratorio improvisado: dos hornallas, un horno que no andaba y una heladera chica. Con eso, una tarde empezó a freír tortas fritas, a armar chipá y bolas de fraile para vender en el Paseo de la Costa. Cuando los primeros clientes volvieron y trajeron amigos, Ezequiel entendió que algo estaba pasando. "Creció mucho todo en tan poco tiempo, eso es lo que me sorprende. Arrancamos con quince seguidores en Instagram y hoy estamos casi en mil", cuenta mientras señala el teléfono, donde la cuenta @lafonda.morenoneq ya muestra la carta completa.

La carta que se despliega en la mesada de acero inoxidable incluye hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos. Más adelante proyecta sumar un menú diario al mediodía, con plato principal, guarnición y bebida a un precio que las familias puedan pagar. Esa idea, la de alimentar a precio justo, parece ser el motor de todo.

La Fonda: el local propio y el sueño del bodegón

Durante un año entero, Ezequiel ahorró peso por peso. Se privó de salidas, de gustos, de ropa. "Todos los meses trataba de guardar algo. Me privé de muchas cosas", reconoce. El lugar que encontró le quedaba a metros de su casa, en Mitre y Correntoso, una esquina con mucho movimiento del barrio Mariano Moreno. Lo bautizó La Fonda, en homenaje a las fondas de pueblo donde se come abundante y nadie se queda con hambre.

  • Apertura de lunes a domingo, excepto martes, en dos turnos: mediodía de 12 a 15 y noche de 20 a 23.30.
  • Carta inicial con hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos.
  • Más adelante sumará un menú diario al mediodía con precio accesible.
  • A mediano plazo proyecta abrir un bodegón con platos abundantes para familias.
“Mi sueño es abrirme un bodegón, con platos abundantes y precios accesibles para las familias. Pero vamos de a poquito, paso por paso.”Ezequiel Banegas

Afuera, en la vereda de Mitre y Correntoso, el sol de la siesta neuquina pega fuerte y se mezcla con el ruido de alguna moto que pasa y el ladrido lejano de un perro. Adentro, Ezequiel acomoda los últimos detalles antes de la apertura: limpia la barra, chequea la freidora, repasa la lista de pedidos con un proveedor. Lo que más le importa, dice antes de despedirse, es que quienes crucen la puerta sientan que entran a un lugar donde los esperan. Lo dice él, que sabe bien lo que es necesitar que alguien te espere con un plato caliente y una mano extendida.

SG

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