Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Delia Torres, la lobense que convirtió un Renault 11 en su casa rodante y lleva cuatro años explorando la Argentina a sola

A sus 63 años y desde un campo sobre la Ruta 41, la ex operadora turística de Lobos transformó un auto viejo en una vivienda sobre ruedas con cama, cocina y baño portátil. Hoy recorre el norte argentino en una Berlingo adaptada y no tiene intención de frenar.

Por Milagros CorreaAmbiente y ríos · · hace 1 h
Delia Torres, la lobense que convirtió un Renault 11 en su casa rodante y lleva cuatro años explorando la Argentina a sola

Delia Torres conoce cada rincón de la Argentina dos veces: primero desde los itinerarios armados que ella misma diseñaba para otros, y ahora desde adentro de un auto convertido en casa rodante, con el que lleva cuatro años recorriendo sola rutas, pueblos y caminos que durante décadas sólo vio pasar por la ventanilla de un micro. La pregunta que se le cruzaba cada vez que un cartel de pueblo aparecía al costado de la ruta -qué habrá ahí, cómo será la gente, qué me encontraré si me desvío- terminó por convertirse en el motor de una vida distinta, arrancada a los 59 años en plena pandemia y sostenida con una obstinación que todavía la sorprende a ella misma.

Torres tiene hoy 63 años, vive en Lobos y pasó la mayor parte de su carrera organizando viajes de turismo para terceros. Conocía los destinos desde los circuitos armados y los itinerarios fijos, pero esos carteles de pueblos que aparecían al costado de la ruta siempre le generaron una pregunta sin respuesta: qué había ahí, cómo era la gente, qué se encontraría si se desviaba. Esa curiosidad acumulada fue la que, según reconstruye ella misma, terminó por empujarla hacia el asfalto.

Un Renault 11 del 91 convertido en vivienda

La pandemia aceleró un cambio que ya estaba en marcha. En 2019 se había mudado al campo, cerca de la Ruta 41, y al relajarse las restricciones empezó a ver pasar casas rodantes frente a su casa. A través de YouTube conoció a viajeros que adaptaban autos comunes para vivir en ellos. Sin motorhome y sin presupuesto para comprarlo, optó por transformar lo que tenía: un Renault 11 modelo 1991. La preparación fue artesanal: probó con almohadones y un catre viejo, midió espacios, corrió asientos. La solución clave fue sacar la butaca delantera del lado del acompañante para instalar una cama de una plaza con espacio de guardado debajo. En la luneta armó una cocina con anafe y bidones de agua; del otro lado colocó un inodoro químico portátil.

Antes de animarse a distancias largas, otros viajeros conocidos por redes le recomendaron empezar con trayectos cortos. En 2021 fue a un encuentro de rodanteros en General Belgrano, a unos 100 kilómetros de Lobos. Ahí descubrió la dinámica de ese circuito, marcado por grupos de ayuda en ruta, donde cualquier viajero puede pedirle a uno cercano que se acerque a asistirlo, que recomiende un mecánico o que indique un lugar seguro donde pasar la noche. Esa red, tejida al margen de cualquier oficina de turismo, fue la que le dio la confianza para lanzarse.

De Las Grutas a Iruya, en puntas progresivas

El primer viaje largo fue a Las Grutas, en Río Negro: estuvo unos quince días fuera de casa y volvió con la confirmación de que el experimento funcionaba. En 2023 salió hacia Chajarí, en Entre Ríos, y el recorrido se extendió solo: Corrientes, Misiones, las Cataratas del Iguazú y regreso por la costa del río Uruguay. En el camino visitó Yapeyú y se desvió hasta El Soberbio para conocer los Saltos del Moconá, adonde llegó con niebla y tuvo que esperar al mediodía para ver los saltos. También se animó a subir a un gomón, una experiencia que ella misma describe como una de las más memorables del viaje.

En 2024 recorrió el norte en caravana, transitó parte de la Ruta 40 y llegó hasta Jujuy e Iruya en un tramo que duró unos cuarenta días. En Catamarca decidió no continuar hacia el Campo de Piedra Pómez porque el auto no respondía a la subida y el viento en contra lo hacía imprudente. Esa lectura del vehículo y del clima, aprendida a fuerza de escucharlo y mirarlo, se convirtió en una de las reglas no escritas del viaje: hay lugares a los que todavía no se puede llegar, y eso también es parte del recorrido.

  • Renault 11 modelo 1991 transformado de manera artesanal en casa rodante, con cama de una plaza, anafe, bidones de agua e inodoro químico portátil.
  • En 2021, el primer viaje largo fue a Las Grutas, en Río Negro, con una escala previa en un encuentro de rodanteros en General Belgrano.
  • En 2023, el recorrido se estiró desde Chajarí hasta Misiones, con paso por Yapeyú, los Saltos del Moconá y las Cataratas del Iguazú.
  • En 2024, viaje de unos 40 días al norte, con paso por parte de la Ruta 40, Jujuy e Iruya; el ascenso al Campo de Piedra Pómez quedó pendiente por el estado del auto y el viento.
  • Hoy se mueve en una Citroën Berlingo adaptada y proyecta seguir explorando el norte argentino.

Una viajera con red propia

Lo que empezó como una salida corta para probar si el Renault aguantaba se transformó en una forma de habitar el país. Torres hoy viaja en una Citroën Berlingo adaptada, con la misma lógica artesanal con la que había el Renault 11: medir, probar, ajustar. Esa continuidad entre un auto y el siguiente dice algo más que una preferencia mecánica: dice que la decisión de seguir en ruta ya no depende del vehículo, sino de una decisión personal que tomó hace cuatro años y que, por ahora, no tiene fecha de vencimiento. Lo que falta, en todo caso, es infraestructura específica para viajeros solitarios con autos adaptados en pueblos chicos, y una red de servicios -mecánicos, agua potable, pernocta segura- que todavía se construye de boca en boca.

MC
Milagros CorreaAmbiente y ríos

Te puede interesar