Diez años de los Pearson: la familia que nos hizo llorar y reír en seis temporadas
La serie creada por Dan Fogelman celebra una década desde su estreno y se consolidó como uno de los dramas familiares más emotivos de la última década, con un elenco coral y una estructura narrativa que alterna presente y pasado.
Todavía me acuerdo de la primera vez que me senté frente al televisor para ver This Is Us: era una noche cualquiera y terminé con un pañuelo de papel en la mano y una sonrisa que no me podía sacar de la cara. Esa sensación, esa mezcla rara de nudo en la garganta y cosquilleo en el pecho, es la que me vuelve cada vez que alguien me pregunta por la serie creada por Dan Fogelman, que este 20 de septiembre de 2026 cumple una década exacta de su estreno original.
Lo que arrancó como un piloto atípico se terminó convirtiendo en una saga de seis temporadas y 106 episodios que recorre la vida de los Pearson, una familia tan común como extraordinaria, atravesada por amores, duelos, reconciliaciones y ese tipo de pequeñas alegrías cotidianas que muchas veces damos por sentadas. El motor de la historia es la manera en que Fogelman, que ya había probado suerte con comedias como Crazy, Stupid, Love, decidió contar una historia familiar con la densidad de un dramón y la ligereza de una sitcom.
Una premisa simple que abre una saga
Para quien todavía no tuvo la suerte de verla, conviene saber que el primer episodio juega una carta muy efectiva: presenta a cuatro personas que no parecen tener nada en común y que, sin embargo, comparten fecha de cumpleaños. Son los Pearson en distintos momentos de sus vidas, y el capítulo va tejiendo, con paciencia de costurero, los hilos invisibles que los unen. Recién hacia el final se revela el parentesco y queda claro que la serie va a saltar entre dos líneas temporales, una en el presente y otra varias décadas atrás, para mostrar cómo se fueron construyendo esos lazos.
Ese recurso, que en otras series puede resultar forzado o confuso, acá funciona porque está sostenido por un elenco que es, sin exagerar, uno de los más sólidos que recuerde la televisión reciente. Sterling K. Brown se llevó todos los premios que le pusieron por delante con su Randall, pero a su lado hay un Milo Ventimiglia que compone a un Jack Pearson entrañable y aguerrido, una Mandy Moore que crece capítulo a capítulo como Rebecca, una Chrissy Metz que le pone el cuerpo y el alma a Kate y un Justin Hartley que se banca los momentos más incómodos de Kevin con una soltura admirable. A ellos se suma, con un peso enorme, Ron Cephas Jones en el papel del entrañable William, uno de esos personajes secundarios que terminan robándose la serie.
- Sterling K. Brown como Randall Pearson
- Milo Ventimiglia como Jack Pearson
- Mandy Moore como Rebecca Pearson
- Chrissy Metz como Kate Pearson
- Justin Hartley como Kevin Pearson
- Ron Cepas Jones como William Hill
Lo que más me gusta de la propuesta, y se lo digo a cualquiera que me pregunte si vale la pena maratonearla, es que nunca pierde de vista que es una historia coral. No hay un protagonista absoluto: la cámara se posa sobre uno, después sobre otro, y va y vuelve entre generaciones con una naturalidad que parece orgánica y no un capricho del guionista. Esa estructura es la que le permite meter mano en temas tan pesados como la adopción, el duelo, la adicción, la obesidad, el racismo cotidiano o los matrimonios que se desgastan, sin que el relato se vuelva un sermón.
“La fórmula de Fogelman fue siempre la misma: mezclar la risa con el llanto en el mismo capítulo, a veces en la misma escena, y dejar que el espectador se sintiera identificado con al menos uno de los Pearson.”Antonella Ferrer
Porque ahí está, me parece a mí, la clave del fenómeno: en una época de series que apelan al plot twist o al cliffhanger como si fueran un electrochoque, This Is Us se animó a ir más lento, a apostar por la emoción de lo cotidiano, por las cenas familiares que se desbordan, por los padres que se rompen en silencio para que los hijos no se enteren, por los hijos que de grandes descubren que sus viejos también tuvieron miedo. Es un drama familiar que no le escapa a los lugares comunes pero los resignifica, y que cuando quiere hacerte llorar no tiene problema en pasarle un camión por encima a tu corazón.
Diez años después, los Pearson siguen vigentes
A una década del debut, la pregunta que me queda dando vueltas es por qué este tipo de series siguen siendo de nicho en un mercado saturado de ciencia ficción, true crime y superhéroes. Tengo la teoría de que, en el fondo, todos queremos volver a esas familias ensambladas y ruidosas, con sus tíos borrachos y sus primos insoportables, porque algo nuestro se reconoce ahí, aunque sea un poquito. Los Pearson nos dieron eso: una familia de ficción que funciona como un espejo de las familias reales, con sus luces y sus sombras, y que en seis temporadas construyó un universo emocional que todavía se siente vigente.
Si te tentaste y querés empezar, mi consejo es que reserves un domingo entero, prepares algo rico para comer y te permitas, aunque sea por un rato, la experiencia de mirar televisión sin ironía. Te aviso: vas a terminar hablando solo con la pantalla, discutiéndole a Jack que no tome esa decisión, abrazando a Randall en silencio y buscando el teléfono para llamar a tu vieja. Después me contás.
