Doce obras maestras que Netflix rescata del altar del cine: una invitación a dejarse llevar por clásicos que todavía laten
Desde El Padrino hasta Volver al Futuro, la plataforma reúne títulos que IMDb coloca en la cima de su ranking histórico. Un recorrido por películas que definieron géneros, ganaron Oscars y siguen conquistando espectadores generación tras generación.
Lo confieso: cada vez que entro a Netflix con la intención de ver algo nuevo termino atrapada en la misma encrucijada de siempre, esa parálisis moderna de las pantallas infinitas donde uno se pierde entre cientos de portadas y al final apaga el televisor sin haber elegido nada. Por eso, cuando me crucé con este puñado de clásicos que la plataforma tiene en su catálogo y que la base de datos IMDb, esa biblia caprichosa del cine, ubica entre los mejor puntuados de todos los tiempos, sentí que alguien me tomaba de la mano y me sacaba del limbo. Son doce películas que acumularon docenas de premios Oscar entre sí, que definieron géneros enteros y que, sin embargo, muchas veces uno no se anima a ver porque las imagina como ese mueble antiguo de la casa de la abuela: valioso, sí, pero distante. Nada más errado. A veces lo que necesitamos es exactamente eso: dejarnos llevar por historias que ya sabemos cómo terminan y descubrir, igual, que nos siguen sacudiendo por dentro.
Los puntales de la lista: dramas que se ven una y otra vez
Arranquemos por la cima, que es donde el material coloca a El Padrino, de Francis Ford Coppola, ese monumento de 1972 que protagonizaron Marlon Brando y un Al Pacino que por entonces era prácticamente un desconocido. La historia de la familia Corleone en los años cuarenta, con un patriarca que se niega a entrar en el negocio de las drogas y desata una guerra entre cinco clanes de la mafia neoyorquina, no necesita presentación: ganó tres Oscar, incluido Mejor Película y Mejor Actor para Brando, y se convirtió en manual de cómo se cuenta una saga criminal sin necesidad de apelar al vértigo vacío. Si hay algo que recomiendo hacer al menos una vez en la vida es verla en una pantalla grande, con el sonido acomodado, porque la banda de Nino Rota y esos planos de las cabezas de los Corleone entrando a misa siguen siendo una clase magistral de cinematografía.
En la misma camada aparece La lista de Schindler, la película de Steven Spielberg de 1993 que cuenta la historia real de Oskar Schindler, aquel empresario alemán que empleó a trabajadores judíos en su fábrica durante la Segunda Guerra Mundial para mantenerlos fuera de los campos de concentración. Son casi tres horas que se pasan como un suspiro, con una fotografía que parece pintada a mano y una actuación de Liam Neeson que carga sobre los hombros el peso de recordar lo innombrable. Spielberg se llevó siete estatuillas esa noche, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, y dejó una de esas películas que uno termina viendo abrazado a la almohada, con esa mezcla incómoda de admiración y vergüenza que solo produce el cine cuando roza la verdad histórica.
- El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola: el drama criminal que redefine la mafia en el cine y consagra a Marlon Brando y Al Pacino.
- La lista de Schindler (1993), de Steven Spielberg: el empresario que salvó cientos de vidas judías durante el Holocausto, en una película que ganó siete Oscar.
- En busca del arca perdida (1981), de Steven Spielberg: la primera aventura de Indiana Jones, con Harrison Ford como el arqueólogo que le roba el Arca de la Alianza a los nazis.
- Forrest Gump (1994), de Robert Zemeckis: Tom Hanks recorre décadas de historia norteamericana mientras la vida lo lleva de sorpresa en sorpresa.
- Volver al futuro (1985), de Robert Zemeckis: el adolescente que viaja al pasado en un DeLorean y debe reunir a sus padres antes de que él deje de existir.
- Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola: Martin Sheen remonta un río en la Camboya de la guerra de Vietnam para encontrar al coronel Kurtz, interpretado por un Marlon Brando que apenas necesitó cinco minutos de filmación para construir uno de los personajes más inquietantes del cine.
El propio Spielberg firma otra entrada de la lista con En busca del arca perdida, la primera entrega de Indiana Jones, de 1981, donde Harrison Ford se pone el sombrero y el látigo para correr por delante de las tropas nazis en busca del Arca de la Alianza. La película ganó cinco Oscar técnicos y dio origen a una franquicia que sigue vigente, lo cual dice mucho de un filme que nunca pretendió ser más que una aventura a la antigua: globos terráqueos, mapas con líneas rojas, villanos con cara de pocos amigos y una heroína que sabe arreglárselas sola. Hay algo reconfortante en volver a verla, sobre todo ahora que las franquicias parecen empecinadas en explicarnos hasta el origen emocional de cada superhéroe.
Robert Zemeckis aparece dos veces en este catálogo, y las dos veces con argumentos que ya forman parte del inconsciente colectivo. Forrest Gump, de 1994, recorre décadas de historia norteamericana a través de un hombre de inteligencia limitada pero determinación fuera de serie, y Tom Hanks se llevó su segundo Oscar consecutivo por ese papel que parece sencillo y que en realidad es un prodigio de timing cómico y de ternura contenida. Volver al futuro, de 1985, es la otra cara de la moneda: un adolescente viaja al pasado en un DeLorean como máquina del tiempo y debe lograr que sus padres se enamoren sin alterar su propia existencia. Zemeckis demuestra que sabe contar tanto la épica generacional como la comedia adolescente con la misma mano firme.
Apocalypse Now y el peso de una guerrafilm que sigue vigente
Quiero detenerme unos párrafos en Apocalypse Now, la película bélica de Coppola de 1979 que muchos consideran la mejor película de guerra jamás filmada, aunque también es cierto que a veces ese título se lo damos a cualquiera que tenga explosiones y un río de fondo. Aquí Martin Sheen interpreta a un soldado enviado a través de la selva de Vietnam y Camboya para encontrar a un general del ejército estadounidense que desertó y construyó su propio reino, y el general en cuestión lo interpreta un Marlon Brando que, según cuenta la leyenda, rodó su papel en apenas cinco minutos de filmación. Cinco minutos. Lo que deja claro que el cine, a veces, se cocina a fuego lento durante años y se sirve en una sola toma memorable.
El listado se completa con otras películas que el material original menciona pero que no desarrollo aquí porque el espacio me obliga a elegir, y porque en el fondo lo que quiero decirles es lo de siempre: dense el gusto. Dense el gusto de apagar el teléfono, de preparar un café, de acomodarse en el sillón con la luz baja y dejarse llevar por historias que llevan décadas emocionando a millones de espectadores. A mí, que confieso ser de las que ven El Padrino una vez por año como quien visita a un viejo amigo, este tipo de selecciones me reconcilian con la plataforma y me recuerdan que Netflix no es solo series de cinco temporadas que uno abandona en el capítulo tres: también es, cuando quiere, un museo abierto las veinticuatro horas donde las obras maestras siguen esperando su próxima función.
