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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dormir mal se asocia con más días de migraña y con un cotidiano que se vuelve más estrecho

Un estudio de la Universidad Médica de Wrocław, en Polonia, relevó problemas de descanso en más del 64 por ciento de los participantes con migraña y los cruzó con la cantidad de jornadas de dolor, el estrés y la calidad de vida. Los autores pidieron incorporar la evaluación del sueño a la consulta, aunque aclararon que el diseño no permite afirmar si dormir poco desata las crisis o si son ellas las que rompen el descanso.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 20 d
Dormir mal se asocia con más días de migraña y con un cotidiano que se vuelve más estrecho

Son las ocho de la mañana en un consultorio de neurología y la pregunta llega como una formalidad más: ¿cómo le fue con el sueño? Del otro lado, una paciente se detiene antes de responder, como si recién ahora le autorizaran a poner en palabras algo que arrastra desde hace tiempo: tarda en dormirse, se despierta varias veces y al otro día arrastra una modorra que no se va. Esa escena, repetida en miles de consultorios, es la que un equipo de la Universidad Médica de Wrocław, en Polonia, quiso mirar de frente y convertir en dato, y lo que encontró los llevó a proponer que la calidad del descanso se evalúe de manera sistemática en la atención de las personas con migraña.

El trabajo reunió a 5.311 adultos, entre ellos 1.523 con diagnóstico de migraña y 1.213 que no habían tenido cefaleas en los últimos doce meses, además de personas con cefalea tensional y con dolores de cabeza sin clasificar. Para medir el descanso, los investigadores usaron el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, que contempla duración, despertares nocturnos, latencia, eficiencia y somnolencia diurna; un resultado por encima de cinco puntos ya señala un sueño de mala calidad. La mediana fue de siete puntos entre quienes tenían migraña y de cinco entre quienes no registraban cefaleas, y la diferencia se mantuvo al considerar variables personales y laborales.

Una asociación, todavía no una causa

Lo que el estudio no puede decir, y los propios autores subrayan, es si dormir mal genera más migrañas o si son las crisis las que rompen el descanso. Los participantes respondieron cuestionarios en un único momento, sin seguimiento posterior ni mediciones objetivas con dispositivos, de modo que el diseño permite hablar de asociaciones y no de relaciones de causa y efecto. Aun así, dentro del grupo con migraña las dificultades para dormir se vincularon con más jornadas de cefalea al mes, mayores limitaciones y niveles más altos de estrés y ansiedad.

La asociación más marcada fue con el deterioro de la calidad de vida: quienes descansaban peor también manifestaban menor satisfacción y más interferencias de la enfermedad en sus actividades cotidianas. Para los autores, esa coincidencia justifica incorporar preguntas concretas sobre el tiempo que lleva quedarse dormido, las interrupciones del sueño y la somnolencia diurna en cada consulta, porque esos datos pueden aportar información sobre cómo se vive con la migraña.

  • El 64,1 por ciento de los participantes con migraña tuvo un descanso deficiente, frente al 38,7 por ciento de quienes no tenían cefaleas.
  • La mediana en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh fue de 7 puntos en el grupo con migraña y de 5 en el grupo sin cefaleas.
  • La asociación más fuerte se observó entre mal descanso y menor calidad de vida, no solo con la frecuencia del dolor.
  • El estudio midió horarios de actividad y encontró mayor inclinación a actividades tardús entre quienes tenían migraña, aunque esa preferencia mostró una relación débil con la frecuencia del dolor.
  • Los autores no pudieron determinar si las dificultades para dormir son causa o consecuencia de las crisis.

En el consultorio donde arrancó esta nota, la paciente por fin termina su respuesta: cuenta que se acuesta tarde, que se despierta a las tres de la madrugada y que el día siguiente es un éxodo lento hacia el dolor. Los investigadores polacos no prometen que mejorar el sueño termine con las crisis, pero sí sugieren algo más modesto y, quizá, más útil: empezar a preguntarle a cada paciente cómo duerme para entender mejor cómo le pesa la migraña en la vida de todos los días.

SG

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