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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dos esquiadores zafaron de una avalancha en el filo del Chapelco y el centro cerró el sector hasta evaluar la montaña

La masa de nieve se desprendió por encima de los 1.900 metros, en un área no habilitada para esquiar. Las dos personas que bajaban cerca lograron esquivarla. El complejo activó el protocolo y pidió a los visitantes no salir de las pistas señalizadas.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 41 d
Dos esquiadores zafaron de una avalancha en el filo del Chapelco y el centro cerró el sector hasta evaluar la montaña

Son las últimas horas de la tarde del jueves y, arriba, en el filo del Cerro Chapelco, una lengua de nieve empieza a correrse ladera abajo con una velocidad que asusta. El ruido, según cuentan quienes estaban abajo, se parece al de un trueno largo que no termina más, y lo primero que se ve es una nube blanca que tapa todo. En esa imagen, capturada por casualidad por gente que estaba en las cercanías, queda registrada la potencia con la que la montaña se mueve cuando se le da la gana, y también la suerte enorme que tuvieron dos esquiadores que, en ese mismo instante, bajaban haciendo zig zag a pocos metros del frente de nieve. Los dos salieron ilesos, literalmente a centímetros de ser arrastrados por la masa que avanzaba por la pendiente.

El episodio ocurrió durante la temporada invernal en curso en el filo del cerro, a casi 1.980 metros sobre el nivel del mar, en el sector posterior del filo, una zona que, vale aclararlo desde el arranque porque es el dato clave de toda esta historia, no integra el dominio esquiable habilitado por el complejo. Es decir que no es una pista señalizada, no tiene vigilancia de patrulleros y nadie debería estar esquiando ahí dentro. Y sin embargo había dos personas deslizándose por allí, muy cerca del lugar donde la nieve terminó cediendo. Las imágenes muestran con crudeza lo cerca que pasaron del peligro: cuando la avalanche gana velocidad, ya no hay esquís ni experiencia que alcance.

El operativo que se montó en el lugar

Apenas detectado el desprendimiento, el equipo de Chapelco activó el protocolo de seguridad que está previsto para este tipo de situaciones y empezó a trabajar en dos frentes paralelos. Por un lado, impedir que cualquier otra persona se acercara al sector mientras la nieve continuaba acomodándose, porque después de un movimiento de ese tipo siempre existe el riesgo de réplicas. Por el otro, comenzar con la evaluación de la estabilidad de la montaña, una tarea que hacen los especialistas en nieve y que suele incluir observación visual, sondeos y, en algunos casos, detonaciones controladas para liberar las capas que todavía quedaron colgando en el filo y que pueden caer en cualquier momento.

Desde el complejo recordaron además, con un tono que mezcla el llamado de atención y la experiencia, que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que se trata de un sector no señalizado ni autorizado para la práctica del esquí. La recomendación, que se escucha cada temporada y que después de lo del jueves vuelve a cobrar sentido, es bien concreta: permanecer dentro de las zonas habilitadas y respetar, sin, las indicaciones del personal especializado que trabaja en la montaña. Salirse de las pistas, explican los que saben, es exponer a propios y ajenos.

Por qué se mueve la nieve en la montaña

  • Acumulación de capas de distinta consistencia: cuando se superponen capas de nieve seca, húmeda o venteada con poca adherencia entre sí, la estructura se vuelve inestable y termina cediendo.
  • Cambios bruscos de temperatura: un aumento repentino de la temperatura o una lluvia sobre la nieve hacen que el agua se filtre entre las capas y actúe como lubricante.
  • Viento que redistribuye la nieve: después de nevadas intensas, el viento arrastra la nieve hacia sectores concretos de la ladera y forma cornisas y placas que pueden colapsar.
  • Inclinación del terreno: pendientes por encima de los treinta grados son las más propensas a generar desprendimientos espontáneos.
  • Sobrecarga por paso de personas: el peso de un esquiador o un grupo en una zona no habilitada puede ser el último factor que desencadena la avalanche.

En diálogo con vecinos y trabajadores del lugar, mientras tanto, lo que se repite en voz baja es una mezcla de alivio y de constatación. Yo esquío hace más de veinte años, me dijo Carlos, vecino del barrio Uno, en la zona de la base, y a este cerro lo conozco como la palma de mi mano, pero no me tiro nunca por el filo. La gente que se va por ahí, agregó, no entiende que la montaña no perdona. En la misma línea, Marta, del barrio Tres, contó que el jueves a la noche se enteró por un grupo de whatsapp del que es madre de una adolescente que practica el deporte y lo primero que hizo fue llamar a su hija para preguntarle dónde había estado esquiando. Me respondió rápido, dijo, y esa fue la mejor noticia del día.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, lo que significa que todavía queda un buen tramo de invierno por delante y, con él, la chance de que la nieve siga acumulándose en el filo. Por eso, antes de calzarse las botas y subir hasta la cumbre, vale la pena volver a la imagen del principio: la lengua blanca bajando a toda velocidad por la ladera, las dos personas saliendo a tiempo del paso de la masa y la montaña volviendo, por un rato, a recordar quién manda en ese lugar. ¿Tomás recaudos especiales cuando esquiás o caminás en la montaña fuera de las pistas señalizadas?

SG

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