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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El bosque que el lago Nahuel Huapi esconde: la península de Quetrihué y sus arrayanes centenarios

A unos 470 kilómetros de Neuquén capital, la Península de Quetrihué resguarda una de las mayores concentraciones de arrayanes del bosque andino-patagónico. Cómo llegar, qué esperar del recorrido y por qué el cuidado del lugar depende de cada visitante.

Por Milagros CorreaAmbiente y ríos · · hace 39 d
El bosque que el lago Nahuel Huapi esconde: la península de Quetrihué y sus arrayanes centenarios

La altura del lago Nahuel Huapi, a 764 metros sobre el nivel del mar, enmarca uno de los paisajes más singulares de la Patagonia argentina: la Península de Quetrihué, un saliente de tierra boscosa que se interna en las aguas y donde crece, en una densidad excepcional, el arrayán (Luma apiculata), una especie nativa de los bosques templados del sur. A esa altitud, la humedad del ambiente se condensa entre los troncos y la luz del sol atraviesa el follaje de una manera que vuelve irrepetible cualquier recorrida, por más breve que sea. Quien haya cruzado la zona sabe que no se trata de un paseo más: es uno de esos sitios que obligan a frenar el paso y mirar alrededor.

El protagonista del lugar es, sin dudas, el árbol. Su corteza lisa se desprende en pequeñas placas y deja al descubierto tonos canela, rojizos y anaranjados que cambian con la humedad y la luz, un espectáculo poco habitual en los bosques andino-patagónicos. Aunque la especie aparece distribuida en distintos puntos de la región, la concentración y el porte que alcanza en Quetrihué hacen del sitio un paisaje excepcional, distinto a cualquier otro. Los arrayanes conviven allí con otras especies del bosque andino y forman parte de un ecosistema que rodea la península por sus costas lacustres, configurando un entorno que el Parque Nacional Nahuel Huapi protege desde hace décadas.

Cómo llegar al Bosque de Arrayanes

Para alcanzar el lugar existen, en la práctica, dos grandes rutas que los visitantes pueden combinar según el tiempo disponible y las condiciones del momento. La primera es terrestre: un sendero que parte desde la zona de Bahía Mansa, en cercanías de Villa La Angostura, y se interna progresivamente en el bosque, atravesando distintos ambientes naturales a medida que el terreno se vuelve más cerrado y húmedo. Puede recorrerse a pie, con tiempos que dependen del ritmo de cada visitante, o en bicicleta de montaña, en las modalidades que el parque nacional habilita en cada temporada. La segunda opción es embarcarse en una excursión lacustre por el Nahuel Huapi: desde el agua, la cordillera, la costa boscosa y la propia península aparecen como parte de un mismo panorama, con el agregado de que la perspectiva del lago cambia por completo la lectura del paisaje. También es posible combinar ambos trayectos, eligiendo uno de ida y otro de vuelta por una vía diferente, algo que muchos viajeros aprovechan para no repetir el mismo recorrido.

  • Desde Neuquén capital se toma la ruta nacional 22 hasta el empalme con la 237, y luego la ruta nacional 40, completando aproximadamente 470 kilómetros hasta Villa La Angostura.
  • En Bahía Mansa comienza el sendero terrestre hacia la península, habilitado para caminata y bicicleta de montaña según la temporada.
  • Las excursiones lacustres salen desde el puerto de Villa La Angostura y permiten observar el bosque desde el Nahuel Huapi.
  • Es posible combinar un trayecto por tierra y otro por agua, ida y vuelta, para disfrutar ambas perspectivas.

Qué tener en cuenta antes de visitar

La visita responsable no es un detalle menor ni un agregado decorativo: es la condición que permite que el bosque siga en pie. El Parque Nacional insiste con una serie de pautas que cada visitante debe respetar, y que se resumen en mantenerse en los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural —ni una rama, ni una hoja, ni mucho menos un trozo de corteza— y retirar los residuos que se generen durante la recorrida. La cartelería del parque marca los límites de circulación y el estado de los sectores habilitados, y conviene leerla antes de avanzar, porque las condiciones del terreno cambian de una temporada a otra. Antes de viajar, además, resulta indispensable verificar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas: en invierno y durante parte de la primavera la nieve puede afectar el acceso a la zona, y también es recomendable confirmar la disponibilidad de los servicios de navegación, que varían según la temporada y dependen del nivel del lago y del clima.

En un país donde la memoria hídrica sigue marcada por la inundación de 2003 —que dejó al descubierto la fragilidad de los territorios ribereños y la necesidad de políticas de protección sostenidas—, preservar un ecosistema como el de Quetrihué no puede quedar librado al azar ni a la buena voluntad de unos pocos. Los vecinos de la costa del Nahuel Huapi lo saben y lo repiten cada vez que pueden: sin senderos cuidados, sin guardaparques suficientes y sin conciencia turística, estos bosques se deterioran. Todavía falta, en definitiva, reforzar los controles, ampliar la señalización y sostener campañas de educación ambiental que lleguen a cada visitante antes de pisar el primer arrayán. Mientras tanto, la Península de Quetrihué sigue esperando, con sus troncos color canela y su luz filtrada, a quienes estén dispuestos a cuidarla como lo que es: una rareza que la Patagonia decidió conservar para todos.

MC
Milagros CorreaAmbiente y ríos

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