El canto invisible: cuando una amiga que se va deja un manuscrito y un secreto que aún laten
Claudia Piñeiro vuelve a la novela con una historia que cruza el duelo, la amistad entre mujeres, el oficio de editar y el mundo de las aves. La autora le cuenta a este portal cómo nació Julia Muntaner, qué hay detrás del glosario final y por qué la bióloga Marina Martinelli todavía parece estar viva en cada página.
La encuentro a Claudia Piñeiro en una confitería de siempre, la de la esquina que todavía huele a medialunas tibias, y mientras acomoda el pocillo de café con esa mezcla de concentración y calidez que tiene cuando habla de sus libros, me cuenta que esta novela empezó casi como un juego. Una noche, en una cena en Madrid, alguien le mostró una aplicación de celular que identifica pájaros por el canto. "Te acercás al árbol, abrís la app y te dice qué pájaro está cantando. Es una cosa mágica", dice ella con los ojos todavía encendidos de —perdón, me corrige ella misma— de asombro. Esa fue la semilla de El canto invisible, la novela que acaba de publicar Alfaguara y que la trajo de vuelta a la ficción larga después de su trabajo en el libro infantil Mi miedo xixi y de las adaptaciones teatrales de Como bestias y Maldición eterna a quien lea estas páginas.
La protagonista es Julia Muntaner, una editora de 64 años a la que le llega un manuscrito después de un accidente que se cobró la vida de su mejor amiga, Marina Martinelli, una de las biólogas más reconocidas del país, especialista en el canto de las aves. Julia tiene que trabajar ese material mientras reconstruye, página a página, la vida de Marina y también la propia. Es una novela sobre el duelo pero no solo eso: es sobre el trabajo silencioso de editar, sobre los secretos que guardamos a quienes más queremos y sobre cómo las mujeres cantan en el mundo animal aunque muchos insistan en que no lo hacen.
Una editora construida con nombres propios
Piñeiro me aclara, mientras llega el segundo café y en el mostrador alguien tararea una canción de los ochenta, que Julia Muntaner no es un personaje inventado de la nada. Detrás hay cinco editoras reales que la acompañaron en distintos momentos de su carrera: Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne. "Yo siempre digo que a las editoras las escribimos con mayúsculas, pero pocas veces aparece su tarea en las ficciones", señala la autora. Y tiene razón: cuántas veces hablamos de la autora, del agente, de la tapa, y casi nunca del trabajo minucioso de quien decide qué frase queda y cuál se va, qué palabra suena mejor, qué silencio se respeta.
- Julia Muntaner tiene 64 años, como una generación de mujeres que hoy atraviesan duelos, jubilaciones y recomienzos.
- Marina Martinelli investigaba el canto de las aves y dejó un manuscrito inconcluso antes de morir en un accidente de tránsito.
- La novela incorpora un glosario final con mujeres ornitólogas de distintos países y épocas, en respuesta a los prejuicios sobre el canto femenino.
- El libro cruza la amistad entre mujeres, el trabajo editorial, el mundo de las aves y la aparición de un secreto.
- La aplicación que inspiró la novela se llama Merlin Bird ID y la desarrolla el Laboratorio de Ornitología de la Universidad Cornell.
Le pregunto a Claudia por qué decidió armar ese glosario y la respuesta me deja pensando un buen rato. Me explica, mientras pasan dos señoras con un perro y una de ellas le dice "buen día, Eduardo", que durante mucho tiempo se creyó que en la mayoría de las especies de aves los machos eran los únicos cantores y que las hembras cantaban poco o nada. Esa idea se fue cayendo con los años, pero todavía aparece en libros y hasta en conversaciones de especialistas. Por eso la novela incluye referencias a ornitólogas como la alemana Margarethe von Eibl-Eibesfeldt o la estadounidense Katharine Pryor, entre otras, y cierra con ese pequeño diccionario que funciona como homenaje y como corrección histórica al mismo tiempo. "Quería que se supieran sus nombres", dice Piñeiro, y me parece que en esa frase está una de las claves del libro entero: nombrar, hacer visible lo invisible, cantar cuando se supone que hay que callar.
“Yo siempre digo que a las editoras las escribimos con mayúsculas, pero pocas veces aparece su tarea en las ficciones. Julia Muntaner es un poco todas ellas y un poco ninguna, como pasa siempre con los personajes.”Claudia Piñeiro
Antes de irme, cuando nos levantamos y ella guarda el grabador en la cartera y yo le dejo unbesito en la mejilla, le hago la pregunta que dejé para el final: si en la literatura argentina hay alguna amistad entre mujeres que la haya marcado especialmente. Piña —así le dicen sus amigas— se queda pensando un instante y me menciona los libros de Hebe Uhart, donde la amistad y la conversación son casi la materia prima de la prosa, y también las novelas de Tununa Mercado, donde los vínculos entre mujeres tienen esa densidad de lo no dicho. Después menciona un recuerdo personal, de cuando era chica en Ramos Mejía y su amiga Patricia del barrio la esperaba todas las tardes para volver juntas del colegio. "Las amistades de la escuela duran toda la vida, te enseñan a leer el mundo antes de leer los libros", dice, y se ríe. La confitería sigue oliendo a medialunas, alguien pide un cortado y yo me quedo con la sensación de que esta novela habla, en el fondo, de eso: de las amigas que se van pero que siguen cantando en algún lado, como los pájaros que Marina Martinelli estudiaba y que todavía, según me cuenta Claudia cuando ya estamos en la vereda, están cantando en el árbol de la plaza de al lado. Hacemos un segundo de silencio y los dos, sin decir nada, los escuchamos.
