El colosal arco triunfal de Ciudad de México: sesenta y siete metros de historia suspendida entre un palacio que nunca fue y un mausoleo de próceres
Lo que iba a ser el Palacio Legislativo Federal más grande de América, inaugurado en piedra en 1910 y abandonado en 1912, se transformó en el monumento, museo y mirador más visitados de la Plaza de la República, en el corazón de la capital mexicana.
El Monumento a la Revolución se yergue en la Plaza de la República como un arco triunfal fuera de escala: sesenta y siete metros de altura estructural sostienen la corona de monumento más alto de su tipo en el mundo, un récord que suele pasar desapercibido para el turismo que circula por el Paseo de la Reforma. La mole no fue pensada, sin embargo, como homenaje: su esqueleto de acero y cemento es el resto inconcluso de un Palacio Legislativo Federal que arrancó a construirse en septiembre de 1910, en simultáneo con el inicio de la Revolución Mexicana, y fue abandonado en 1912, cuando el dinero y la voluntad política se desvanecieron junto con el régimen de Porfirio Díaz.
La historia del edificio atraviesa por tanto una metamorfosis completa: de congreso de arquitectura palaciega a monumento funerario y cívico, tras una intervención del arquitecto Carlos Obregón Santacilia que, entre 1933 y 1938, tomó los cuatro pilares y la cúpula original, les imprimió una estética Art Déco y los coronó con cuatro grupos escultóricos del también mexicano Oliverio Martínez, dedicados a la Independencia, a las Leyes de Reforma, a las Leyes Obreras y a las Leyes Agrarias. El resultado es un híbrido que reclama su lugar en el mapa monumental latinoamericano sin resignar su costado oscuro: el de la obra pública que nunca se terminó y el de las decisiones políticas que empujaron ese fracaso.
Cuatro capas para un mismo recorrido
- Museo Nacional de la Revolución en planta baja, inaugurado en 1986, con ocho salas permanentes y una sala temporal que recorren el período 1857-1920 a través de documentos, fotografías, banderas e insignias.
- Descenso a los sectores de cimentación originales del palacio inconcluso, una visita subterránea que permite ver los cimientos tal como quedaron en 1912.
- Ascenso en elevador panorámico hasta el mirador, ubicado a 65,7 metros, con vista de 360 grados sobre el centro de la Ciudad de México.
- Función de mausoleo: en las criptas del monumento reposan los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco Pancho Villa y Lázaro Cárdenas.
La última capa es la que más incomoda: la del Panteón de los Próceres, que convierte al monumento en la tumba colectiva de figuras centrales del siglo XX mexicano, incluidos dos presidentes asesinados y un caudillo de la División del Norte cuya sola presencia al lado de Carranza y Madero sintetiza las fracturas que el edificio quiso monumentalizar. Esa decisión tampoco fue casual: el propio Obregón Santacilia concibió la transición de palacio inconcluso a memorial como una forma de cerrar la etapa armada y abrir otra, civil, aunque la historia posterior demuestre lo costoso que resultó ese tránsito.
Para llegar, el camino es casi de manual: Plaza de la República s/n, alcaldía Cuauhtémoc, a metros del Paseo de la Reforma y con bajada directa en la estación Revolución del Metro, una ubicación que vuelve inevitable la visita para quien camine, aunque sea de paso, entre la Zona Rosa, la Colonia Tabacalera y la calle de Bucareli. La entrada al monumento y al museo es la puerta de ingreso a uno de los pocos lugares del mundo donde una obra ruinosa del siglo XIX se transformó en el arco triunfal más alto del planeta, y eso, sin importar cuántas veces se lo visite, sigue siendo una rareza histórica que merece recorrerse con tiempo y con la libreta a mano.
