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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El Coyote se sube a los Tribunales: la película que mezcla dibujos, lawsuits y a Will Forte en una cruzada por la dignidad

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 24 d
El Coyote se sube a los Tribunales: la película que mezcla dibujos, lawsuits y a Will Forte en una cruzada por la dignidad

Imaginate la sala de un juzgado estadounidense, con esos pasillos largos, las luces frías y el eco de los pasos sobre un piso impecable. En una esquina de esa imagen mental aparece un Coyote sentado en el banco de los demandantes, con la mirada digna y la paciencia infinita de quien lleva décadas soportando caídas al vacío. Del otro lado, un abogado encarnado por Will Forte, con cara de no entender del todo en qué se metió. Esa es, más o menos, la postal que propone Coyote vs. Acme, la película que pone al clásico personaje de los Looney Tunes en el centro de un relato con aroma a juicio mediático y mucho, pero mucho humor físico.

La cinta, que supera holgadamente los noventa minutos de duración, apuesta por una fórmula que ya tiene pedigree en la franquicia: mezclar animación con actores de carne y hueso. Es el mismo recurso que en su momento explotaron Space Jam con Michael Jordan y Looney Tunes: De nuevo en acción, donde los humanos ocupaban el lugar central del conflicto y los personajes animados aportaban caos, vértigo y ese timing cómico que sólo los Looney saben tener. Aquí la apuesta va un paso más allá: el Coyote deja de ser exclusivamente la víctima de sus propias trampas contra el Correcaminos y se convierte en querellante en una historia que toma prestadas las herramientas narrativas del cine de juicios.

Un Coyote con abogado y un Will Forte a la altura

El corazón del relato está en la dupla que arman el Coyote y el personaje que interpreta Forte. Son dos universos que se miran de reojo: el dibujo animado responde a la lógica del gag, de la física como enemigo, del plan perfecto que termina en un precipicio; el personaje humano, en cambio, se mueve en el terreno de los procedimientos, de los plazos judiciales y de las palabras bien medidas. Y sin embargo, como suele pasar en estas historias, las diferencias terminan siendo el puente. La película hace un trabajo fino al mostrar cómo la perseverancia del Coyote, esa insistencia casi existencial de probar una y otra vez aunque todo indique que va a fracasar, se contagia al personaje de Forte, que empieza a ver en esa insistencia algo más que un defecto de fábrica.

Para entender el peso del personaje hay que recordar quién es el Coyote en el imaginario de los Looney Tunes. Es el eterno perseguidor del Correcaminos, el que diseña catapultas, mantarrayas propulsadas por cohetes y trampas cada vez más elaboradas, sólo para terminar estampado contra el suelo, cayendo a un cañón o siendo víctima del anvil de ACME, esa compañía proveedora de productos catastróficos. Cada corto era un ciclo cerrado: planificación, ejecución, fracaso. Coyote vs. Acme toma ese loop y lo despliega en formato largo, estirando el chíguo, dándole espacio a la frustración y, sobre todo, permitiéndose preguntarse qué pasa cuando el Coyote decide pasar al ataque legal en lugar de comprar otro explosivo.

  • La película dura más de 90 minutos y combina animación con actores reales en una misma trama.
  • El Coyote es el motor de una historia con elementos del cine de juicios, con la búsqueda de justicia como hilo conductor.
  • Will Forte interpreta al personaje humano que se cruza en el camino del Coyote y se convierte en su aliado.
  • La dinámica de intentos fallidos y perseverancia típica de los cortos de los Looney Tunes se traslada al formato de largometraje.
  • El vínculo entre el Coyote y el personaje de Forte se construye a partir de reglas distintas que terminan encontrando puntos en común.
  • La propuesta dialoga con antecedentes como Space Jam y Looney Tunes: De nuevo en acción, que ya habían juntado dibujos y personas en pantalla.

Hay algo muy entrañable en la idea de que el Coyote, después de años de ser el hazmerreír del desierto, tenga su día en la corte. Es como si la película le concediera, por fin, ese instante de dignidad que el corto nunca le regaló. Y ese giro es, a mi entender, lo más interesante del filme: tomar un personaje asociado al gag instantáneo y darle densidad, devolverle la palabra en una historia donde antes sólo tenía efectos de sonido y nubes de polvo. No es sólo un truco nostálgico; es una lectura bastante humana de un personaje que, mirado con ojos de hoy, parece un compendio de la resiliencia más absurda.

Lo que abre la puerta a nuevas historias

Coyote vs. Acme deja flotando una pregunta que a mí, personalmente, me da vueltas: ¿cuántos personajes del universo Looney Tunes podrían bancar un protagónico de estas características? Pensarlo un rato es inevitable. La fórmula funciona porque parte de un personaje que ya tiene mitología propia y la expande sin traicionarla. Y Will Forte, con su timing de comedia siempre un paso más allá de lo obvio, parece la compañía justa para un Coyote que por primera vez tiene con quien conversar en vez de gritarle al vacío. Si la película cumple lo que promete en su planteo, nos quedamos con un largo que homenajea el legado del personaje sin encerrarse en él, y con una dupla improbable que justifica los minutos extra. Veremos si la sala de cine, como tantas veces en la vida del Coyote, termina con una sonrisa cómplice o con un nuevo anvil cayendo del cielo.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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