El estornudo que enamora: cuando tu perro te dice 'te quiero' con la nariz y cuándo conviene llamar al veterinario
Un ruido que asusta a más de un dueño suele ser, en realidad, la forma que tiene el animal de soltar la euforia del juego o del reencuentro. Un adiestrador canino explica cómo distinguir la alegría de un verdadero problema respiratorio y qué pistas ofrece el cuerpo del perro antes de salir corriendo a la clínica.
El timer del horno marca la una de la tarde y en la cocina de Carola L., en el barrio de Villa Devoto, el ruido se repite cada vez que el perro vuelve del parque: un estornudo corto, casi un resoplido, que a ella todavía le eriza la piel aunque ya sepa lo que significa. "Las primeras veces me agarró el teléfono para llamar a la veterinaria, hoy me río y le digo gracias, Tomi", cuenta mientras el golden retriever mueve la cola contra la mesada y apoya el hocico tibio en su mano. Para cualquiera que conviva con un perro, esa escena es moneda corriente, y también lo es la duda: ¿será un resfrío, un alergia o simplemente un exceso de alegría que se le escapa por la nariz?
Estornudar como manera de hablar
La explicación la trae Tony Silvestre, adiestrador canino, y es más sencilla —y más tierna— de lo que parece. "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", afirma sin rodeos. Durante los momentos de alta excitación, ya sea una sesión de juego, una caricia prolongada o la expectativa del paseo, el organismo del animal acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo funciona como una válvula de escape para volver a respirar cómodo. El propio Silvestre lo resume con un golpe de humor que se volvió clásico entre sus clientes: "Si no estornuda, significa que no te quiere".
Antes de descartar cualquier problema, dice el especialista, hay que mirar el resto del cuerpo. La cola debe moverse sin rigidez, las orejas su posición natural y la mirada tiene que estar tranquila, no vidriosa ni perdida. Una postura relajada, panza arriba en una confiada siesta en el sillón, es otra señal inequívoca de bienestar. "El perro te lo dice todo con el cuerpo, solo hay que aprender a leerlo", repite en cada charla.
Cuándo sí hay que encender las alarmas
- Estornudos frecuentes sin relación con juego, caricias o emoción.
- Falta de apetito o negativa a tomar agua.
- Decaimiento general y rechazo de actividades que normalmente disfruta.
- Respiración agitada en reposo o sonidos raros al inhalar.
- Mocos espesos, ojos llorosos o fiebre aparente.
El criterio práctico que propone Silvestre es bastante simple de aplicar en la vida cotidiana. Si el estornudo aparece en medio de la alegría, mientras el perro muestra todos los indicadores de bienestar que mencioné más arriba, no hay por qué preocuparse. Si empieza a repetirse sin motivo claro y se suma cualquiera de los cambios en el comportamiento o en el apetito, entonces la consulta con el veterinario deja de ser opcional y pasa a ser urgente. También pueden aparecer estornudos puntuales por causas externas menores, como agua que entra a las fosas nasales después de un chapuzón o de beber muy rápido, y eso no reviste mayor gravedad.
Antes de cerrar la libreta me quedo pensando en Tomi, que ya se duerme en el piso de la cocina con lapanza descubierta y la respiración acompasada. El estornudo de esta tarde, después del parque, fue puro idioma canino: un "te quiero" con la nariz, sin letra chica. Conocer el lenguaje corporal de un perro no solo evita viajes innecesarios a la clínica y diagnósticos erróneos, también mejora de raíz la convivencia diaria, porque cada gesto —la cola, las orejas, una panza expuesta, un resoplido a tiempo— es una frase entera en la conversación más larga y más honesta que se puede tener con un animal.
