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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El nene de Jerry Maguire hoy se anima a todo: Jonathan Lipnicki encarna a un depredador en una película junto a Robert Pattinson

A sus 35, el actor que ganó un Critics’ Choice Award de chico por Jerry Maguire se corre de su imagen infantil y se mete en el thriller psicológico Primetime, dirigido por Lance Oppenheim y ovacionado siete minutos en el Festival de Venecia.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 14 d
El nene de Jerry Maguire hoy se anima a todo: Jonathan Lipnicki encarna a un depredador en una película junto a Robert Pattinson

La sala de prensa del Palazzo del Cinema todavía guardaba el murmullo de los flashes cuando aun la silueta del muchachito de los anteojos redondos se recortó contra la pantalla grande, ya sin anteojos y con la mirada pérdida de alguien que sabe que esa noche no va a poder volver a su casa sin que la policía lo esté esperando. Eso fue lo que se vio en el estreno mundial de Primetime, el thriller psicológico que reúne a Robert Pattinson y Jonathan Lipnicki y que a comienzos de septiembre se presentó en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde la ovación se extendió durante siete minutos, una marca que suele reservarse para películas que dejan al público con la garganta seca.

La película marca el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un director que hasta ahora se había hecho un lugar en el género con documentaless retratos acerca de otros mundos, entre sus vecinos, y que acá se anima a una historia basada en los operativos televisivos que condujo el periodista Chris Hansen, ese hombre de look prolijo y preguntas demoledoras que durante años salió al aire con cámaras ocultas para desenmascarar a adultos que buscaban encuentros sexuales con menores contactados por internet. A esos procedimientos asistía un equipo reducido que combinaba la investigación, el interrogatorio en vivo y la llegada de las fuerzas de seguridad en el momento justo, y los supuestos menores eran en realidad señuelos adultos, un detalle que con el tiempo abrió un debate incómodo sobre hasta dónde puede llegar la búsqueda de rating cuando hay menores de edad involucrados, aunque fuera como anzuelo.

Pattinson como Hansen y Lipnicki como el sospechoso

Pattinson se puso en la piel del conductor, ese periodista que llega a la cita con la tranquilidad de quien ya leyó los chats y sabe que del otro lado de la puerta no hay un chico sino un adulto que cree estar a punto de cometer el peor error de su vida. Lipnicki, en tanto, encarna a uno de esos hombres, justo el que Hansen cae al lado de cuando intenta concretar el encuentro, y la cámara lo muestra con la guardia baja, como si recién cayera en la cuenta de que eso que parecía un chat anónimo se transformó en una trampa legal y mediática. La propuesta fue tentadora para Lipnicki justamente por eso, por el riesgo, y él mismo lo reconoció con una frase que dice mucho de cómo se ve hoy como actor: "Había rezado por un material oscuro", expresó sobre el tipo de propuesta que esperaba recibir, una manera de anticipar que ya no le interesa quedar pegado a la imagen del nene estudioso que lo hizo famoso.

Una escena de desnudo que le costó

El personaje le pidió además una escena de desnudo frontal que, según contó el propio Lipnicki, le resultó particularmente intimidante, aun cuando no era la primera vez que se exponía así frente a cámara. El actor recordó que ya había pasado por una situación similar en la obra Lost Girls, pero aclaró que en esta oportunidad el contexto del personaje hizo que la experiencia fuera otra cosa, más densa, más expuesta, porque no es lo mismo desnudarse en una sala de teatro con un director que en un thriller de naturaleza histórica, donde cada plano parece estar pidiendo a gritos una confesión. De alguna manera, el desnudo funciona como un espejo de la caída del personaje, y por eso el actor lo describe como intimidante y no como una decisión técnica más.

De Jerry Maguire a Stuart Little, y un presente con dos estrenos en salas

Para dimensionar el viaje hay que remontarse a 1996, cuando Lipnicki tenía apenas seis y se puso en la piel de Ray Boyd en Jerry Maguire, la película de Cameron Crowe en la que compartió cartel con Tom Cruise y Renée Zellweger y por la que se llevó un Critics’ Choice Award y un Young Artist Award que lo convirtieron en una de esas caras infantiles que todo el mundo reconoce aun sin poder ubicar de qué película las sacaron. En 1999 llegó Stuart Little, cuya recaudación mundial rondó los 300 millones de dólares, un tanque familiar que también tuvo una secuela con el actor ya más grande. Y acá viene el número que mejor explica ladad de su presencia adulta en las salas: durante su etapa grande, solo dos películas protagonizadas por Lipnicki llegaron a los cines, y Primetime es la segunda, un dato que él mismo parece tomar como una curiosidad y una responsabilidad al mismo tiempo, porque cada vez que la pantalla grande lo convoca tiene que demostrar que ya no es el nene de los anteojos redondos sino un actor capaz de habitar zonas oscuras sin pedir permiso.

Lo que se vio en Venecia y lo que viene

En Venecia, la película arrancó y el silencio de después fue ruidoso, una de esas ovaciones que arrancan tímidas y crecen hasta volverse un rumor colectivo, y la prensa especializada salió del Palazzo del Cinema con la sensación de que Oppenheim había encontrado una manera respetuosa de revisitar un formato televisivo que en su momento fue cuestionado por grupos de protección de menores y por periodistas que advirtieron sobre el riesgo de convertir una investigación en un espectáculo. Primetime no esquiva esa discusión, sino que la pone sobre la mesa con la misma crudeza con que Hansen ponía sus preguntas sobre la mesa, y por eso la actuación de Lipnicki resulta clave, porque sin su entrega física y emocional el filmero sin la utilidad social perdería la incómoda tensión que lo hace valioso.

Yo confieso que salí de la sala con una sensación extraña, mezcla de admiración por un actor que se animó a romper su imagen de un modo tan radical y de incomodidad por el solo hecho de mirar a un chico que crecimos viendo en comedias familiares convertido en un hombre capaz de sostener un personaje tan oscuro. Eso, me parece, es justo lo que el cine busca cuando se propone una película no devota sino arriesgada, y por eso Primetime es de esos films que dejan pensando, no solo por el tema que toca sino por el modo en que decide tocarlo, sin golpes bajos pero sin concesiones. Lipnicki ya no es el nene de los anteojos, y Primetime es la prueba más rotunda de que esa transformación no fue un accidente sino una decisión.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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