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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El parador de Neuquén deja de ser solo un techo de invierno y se reconvierte en una herramienta de reinserción

A dos meses de su apertura, atendió a 400 personas y registró picos de 120 asistentes por noche. Ahora funcionará todo el año con un esquema por etapas que apunta al trabajo y al regreso al hogar, tras una visita de estudio a Ciudad Oculta.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 50 d
El parador de Neuquén deja de ser solo un techo de invierno y se reconvierte en una herramienta de reinserción

Son casi las nueve de la noche en la Catedral María Auxiliadora de Neuquén y el movimiento ya empezó: algunas personas se acercan con bolsos, otras arrastran frazadas y varias se quedan en la vereda, mirando de reojo la puerta, dudando si cruzar el umbral. Es la rutina del parador nocturno que, a dos meses de haber abierto sus puertas, se prepara para dar un giro que pocas ciudades del país se animaron a dar. Porque cuando llegue la primavera y el frío deje de pegar, este refugio no va a guardar las colchonetas: va a transformarse en otra cosa.

La cifras que dejó el invierno son elocuentes. En apenas sesenta días, pasaron por el dispositivo unas 400 personas, con un promedio de cien asistentes por noche y picos que llegaron a las 120. El 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la propia provincia, según los datos cruzados con el Registro Nacional de las Personas. Un perfil que, como me dijo una voluntaria mientras servía un mate cocido bien caliente en el salón principal, "no es el de un forastero que aparece de golpe: es alguien del barrio, alguien que todos conocemos". Marta, vecina del centro neuquino, me lo resume sin vueltas: "A mi hijo lo vi crecer acá al lado, y verlo hoy durmiendo en la calle es algo que no le deseo a ninguna madre. Esto al menos le da un techo y una mano para levantarse".

Un refugio que se mide en etapas y no solo en noches

Lo que viene a partir de ahora es un rediseño profundo, pensado para que el parador deje de ser un mero aguantadero de inverno y se convierta en un camino de salida. El esquema funcionará por niveles de atención, adaptado al momento que atraviesa cada persona. El primer nivel es el de "bajo umbral": allí entra cualquiera, tal como llega, sin preguntas sobre consumos problemáticos ni condicionamientos de ningún tipo. A partir de ese piso, el dispositivo ofrece etapas de mediano y alto umbral a medida que el usuario empieza a rearmar su vida, consigue un trabajo o recupera el vínculo con la familia. La meta final es concreta: que pueda acceder a un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar propio.

  • Bajo umbral: ingreso irrestricto para cualquier persona en situación de vulnerabilidad.
  • Mediano umbral: etapa intermedia orientada a la estabilización y al inicio de tratamientos.
  • Alto umbral: fase de preparación para el mundo laboral y la reinserción familiar.
  • Traslado nocturno desde un tráiler junto al Hospital Bouquet Roldán, donde se guardan pertenencias.
  • Coordinación con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad.

El olor a café con leche y a ropa recién lavada se mezcla en el comedor con el murmullo de una charla grupal. Dentro del refugio ya funciona un equipo de residentes de medicina general y odontología, atención podológica todos los miércoles, psicólogos con abordajes individuales y, desde el cambio de formato, grupos terapéuticos con mayor frecuencia y participación activa del Ministerio de Salud. El acceso, igual que ahora, es totalmente voluntario: las personas se acercan a la Catedral y desde allí son llevadas al lugar. Quienes estén en condiciones podrán movilizarse por sus propios medios. Todavía hay vecinos que duermen en la calle y no se acercan al dispositivo, y eso es un dato que los organizadores tienen presente: las reglas de convivencia dentro del parador, cuyo cumplimiento sigue siendo condición para permanecer, no son un capricho sino parte del tratamiento.

“Esto no es solo pasar el invierno: es empezar a armar un proyecto de vida. Si conseguimos que alguien vuelva a su casa o consiga un trabajo digno, el parador habrá cumplido su verdadero objetivo.”Fuente del Ministerio de Desarrollo Social de Neuquén

La visita a Ciudad Oculta que cambió la mirada

El modelo no salió de un escritorio. Dos días completos de trabajo en Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, le sirvieron al equipo neuquino para observar de cerca cómo funcionan organizaciones con mayor trayectoria en la atención de personas en situación de calle. La idea fue copiar lo que sirve, descartar lo que no y adaptarlo a la realidad de una ciudad patagónica que, hasta hace poco, no tenía un dispositivo de estas características funcionando de manera sostenida. Hoy, con la experiencia del invierno encima, esa mudanza empieza a tomar forma.

Vuelvo a la puerta de la Catedral, ya entrada la noche. Un hombre mayor se acerca con una mochila pequeña y le dice al operador del parador que necesita un lugar para dormir. Lo hacen pasar, le ofrecen un lugar para dejar lo que lleva y lo suben a la camioneta que lo llevará al refugio. En dos meses, esa misma escena se repitió unas cuatrocientas veces. Pero lo que viene ahora es otra historia: la de un dispositivo que se propone dejar de contar noches y empezar a contar salidas. En Neuquén, por lo menos, alguien decidió que el frío no puede ser la única razón para abrir la puerta.

SG

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