Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

El ritual de sacarse los zapatos en la puerta: una costumbre simple que puede aliviar al hogar de polvo, plomo y polen

Especialistas de Cleveland Clinic recomiendan dejar el calzado junto al ingreso y limpiar los pisos con métodos húmedos para limitar el ingreso de contaminantes. La práctica cobra especial relevancia en hogares con bebés y chicos pequeños, aunque encontrar bacterias en las suelas no significa que provoquen una infección.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 18 d
El ritual de sacarse los zapatos en la puerta: una costumbre simple que puede aliviar al hogar de polvo, plomo y polen

Son las siete de la tarde en un barrio residencial de Belgrano y, como cada vez que abre la puerta de su casa, Laura, vecina de la cuadra, repite un gesto que ya es costumbre familiar: se agacha, se quita los zapatos y los acomoda en el pequeño mueble que su marido fabricó junto al ingreso. Detrás, en el mismo mueble, hay un par de pantuflas de cada uno de los integrantes de la familia, incluido el más chico, que todavía está aprendiendo a sentarse solo sobre el piso. Es un ritual doméstico que parece menor, casi insignificante, y que sin embargo hoy vuelve a recomendarse con argumentos sólidos desde el ámbito de la salud.

La escena que se repite en miles de hogares argentinos, esa de descalzarse apenas se cruza la puerta, no es una mera cuestión de educación o de limpieza visible. Lo que arrastramos en las suelas después de una jornada por veredas, baños públicos, colectivos o jardines puede ser bastante más complejo que un poco de tierra. Polvo con metales pesados, restos de pesticidas, polen y bacterias viajan con nosotros cada vez que volvemos a casa, y la propuesta de especialistas de la Cleveland Clinic es simple: organizar un sector para el calzado junto al ingreso, colocar una alfombra en la entrada y limpiar los pisos con métodos húmedos para reducir el traslado de partículas hacia el interior.

Qué pueden traer las suelas cuando uno vuelve a casa

El detalle es importante porque lo que se ve en el piso suele ser apenas la superficie de un problema invisible. Las suelas pueden acumular tierra, restos orgánicos y una variedad de sustancias químicas. Entre los compuestos que pueden trasladarse hasta el living o la cocina figuran los PFAS, un grupo de sustancias conocidas por su persistencia en el ambiente y en el organismo, además de polvo con plomo y residuos de pesticidas.

  • Polvo con metales pesados como plomo, arsénico, cromo y níquel.
  • Restos de pesticidas, insecticidas y fertilizantes, incluso aunque no se hayan aplicado en el jardín propio.
  • Polen, que en personas alérgicas puede agravar los síntomas al ingresar al hogar.
  • Bacterias que, si bien no implican por sí mismas una infección, suman una vía de contacto innecesaria.
“Retirar el calzado reduce una vía de ingreso de contaminantes; no los elimina por completo.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic

Por qué importa especialmente donde hay bebés y chicos

El médico internista Daniel Sullivan, de esa institución, advierte que el plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. El polvo que se desprende de pinturas antiguas deterioradas puede viajar adherido al calzado y terminar en el piso donde los más chicos juegan y suelen llevarse las manos a la boca. Por eso la medida cobra una relevancia particular en los hogares donde hay bebés y niños pequeños, que pasan buena parte del día gateando o sentados sobre el suelo.

Un estudio que analizó datos del programa DustSafe, con muestras recogidas en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en polvo doméstico y observó una asociación entre las viviendas más antiguas y concentraciones superiores de plomo y arsénico. También detectó que tener acceso a jardines se relacionaba con niveles más altos de esos dos elementos, lo que refuerza la idea de que el contacto con espacios verdes, tan valorado en la vida cotidiana, también puede sumar compuestos que después se trasladan al interior.

Para quienes necesitan apoyo al caminar, Sullivan sugiere una alternativa práctica: contar con otro par de zapatos pensado para ofrecer estabilidad, soporte o tracción dentro de la casa. No se trata de renunciar a la recomendación, sino de adaptarla a cada situación, porque el objetivo es claro: limitar lo que entra, no convertir el hogar en una burbuja.

Mientras Laura acomoda los zapatos en el mueble de la entrada y el olor a lavandina del trapo de piso todavía fresco se mezcla con el del café que acaba de pasar su marido, queda la certeza de que gestos tan simples como descalzarse, pasar un paño húmedo y dejar una alfombra en el umbral pueden marcar una diferencia silenciosa en la calidad del aire y del piso donde se desarrolla la vida familiar.

SG

Te puede interesar