El último guiño de un showman: Monfils se va de Nueva York como vino, con la sonrisa intacta
El francés cayó en segunda ronda del US Open ante Learner Tien, pero se llevó una ovación cerrada del Louis Armstrong y un discurso que repasó más de dos décadas de carisma, acrobacias y amor por la tribuna.
Se lo vio sonreír mientras perdía. Eso ya lo define. Gaël Monfils se despidió este jueves del US Open con una caída ante el estadounidense Learner Tien por 6-3, 4-6 y 6-3 en segunda ronda, pero la derrota fue apenas el detalle administrativo de una jornada que el Louis Armstrong convirtió en homenaje.
El francés, que cumplió 40 años el martes pasado y anunció que este será su último año en el circuito, salió de la cancha con una plaqueta bajo el brazo y la voz tomada. El estadio le preparó un video con momentos de su historia en Flushing Meadows y las tribunas lo despidieron con el nombre cantado, como a los que saben que no van a volver.
Un discurso a la altura del personaje
Tomó el micrófono y empezó por el principio, como corresponde cuando uno cierra un ciclo. Recordó su llegada en 2003 para el torneo juvenil y se permitió la broma: veinte años después seguía ahí, un poco más lento, un poco más sabia la mirada, igual de querido.
“Sentí todo el amor durante todos estos años, y puedo decirles que ustedes son mi segundo mejor público, por supuesto después de París, pero están allá arriba. Ha sido un absoluto honor para mí jugar todos estos años frente a ustedes, intentar dar lo mejor de mí, tratar de ofrecer un tenis de alto rendimiento, pero también darles un gran espectáculo.”Gaël Monfils, en su despedida en el Louis Armstrong
Una carrera que fue mucho más que el ranking
- Debut en el cuadro principal del US Open en 2005, con caída ante Novak Djokovic en cinco sets en primera ronda.
- Pico de ranking ATP: número 6 del mundo en noviembre de 2016.
- Trece títulos individuales en su palmarés, repartidos entre torneos ATP 500 y ATP 250.
- Identidad marcada por el atletismo, los golpes acrobáticos y una conexión permanente con el público.
- El martes pasado, el estadio le había cantado el feliz cumpleaños por sus 40 años.
Yo lo vi por primera vez en una pantalla chica, haciendo una dejada imposible en una final de Washington, y me acuerdo que pensé: este tipo juega como si la cancha fuera un escenario. Después lo confirmé en cada transmisión: Monfils nunca fue un tenista común, fue un animador con raqueta, un tipo que convirtió el en una función con público de pie.
Su próximo partido ya no será en un Grand Slam. Le queda el resto de la gira de despedida, esos torneos donde el resultado importa menos que el aplauso final. Y a nosotros, los que lo seguimos durante más de dos décadas, nos queda el recuerdo de un jugador que se fue como vino: con una sonrisa, un golpe de efecto y la certeza de que la tribuna lo va a extrañar.
