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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El vaso, la sed y la confusión: cuándo alcanza con agua y cuándo hace falta reponer sales

La hidratación cotidiana suele resolverse con agua y una alimentación variada, pero las diarreas y el ejercicio prolongado cambian las reglas. Una guía para entender qué tomar en cada situación sin caer en suplementos innecesarios.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 22 d
El vaso, la sed y la confusión: cuándo alcanza con agua y cuándo hace falta reponer sales

El reloj de la cocina marca las doce y media y en la barra de un kiosco de Avenida de Mayo un vecino de nombre Jorge, del barrio de Monserrat, se sirve un vaso grande de agua con hielo mientras revisa el diario abierto sobre el mostrador de mármol frío. Tiene sesenta y dos años, acaba de terminar una caminata de cuarenta minutos bajo el sol de enero y pide, también, una botella chica de mineralizada. "Yo tomo agua todo el día, pero cuando hace este calor siento que el cuerpo me pide algo más", me dice mientras se seca la frente con un pañuelo. La escena parece simple, casi de rutina, y sin embargo esconde una pregunta que la medicina viene respondiendo con cada vez más precisión: ¿cuándo alcanza con agua y cuándo hace falta reponer sales?

Lo que el cuerpo pierde de más

Para la hidratación del día a día, el agua y una alimentación variada suelen cubrir las necesidades de líquidos y minerales. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y ciertos vegetales suman calcio y magnesio; el sodio y el cloruro llegan a través de la sal y los alimentos preparados. Estos minerales, conocidos como electrolitos, participan en la distribución del agua en el organismo y en el funcionamiento de nervios y músculos. Mientras no haya pérdidas importantes de líquidos, no hay beneficios demostrados en incorporarlos de manera rutinaria mediante suplementos.

"La mayoría de las personas sanas obtiene lo que necesita de la mesa familiar", suelen repetir los nutricionistas. La sed, las comidas regulares y un vaso de agua en cada comida alcanzan, en general, para mantener el equilibrio. La indicación es simple y, al mismo tiempo,: atender las señales del propio cuerpo y no apurar el consumo más allá de lo razonable, porque beber de más también puede alterar los niveles de sodio en sangre.

Cuando la diarrea aparece

La situación cambia cuando aparece una diarrea. En ese caso, una bebida deportiva no equivale a una solución de rehidratación oral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con ese cuadro, porque su función es otra bien distinta de la que cumplen las bebidas destinadas a acompañar el esfuerzo físico.

  • La glucosa presente en las sales ayuda al intestino a absorber sodio y agua de manera más eficiente.
  • La fórmula completa incluye cloruro, potasio y citrato, en cantidades pensadas para reponer lo que se pierde con cada deposición líquida.
  • Una bebida deportiva aporta azúcares y electrolitos, pero en proporciones distintas y pensadas para el músculo que trabaja, no para el intestino enfermo.
  • Elegir una bebida por cuenta propia no reemplaza la consulta profesional: ante confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, hace falta atención médica inmediata.

El esfuerzo físico prolongado

La actividad física suma otras variables: la duración, la intensidad, la temperatura ambiente y la cantidad de sudor que cada persona pierde. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, mientras que, para ejercicios de menos de una hora, la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa. Cuando el esfuerzo supera la hora, sobre todo con calor o humedad, pueden aumentar las necesidades de reposición, aunque no existe una cantidad idéntica para todos, ya que la sudoración y las pérdidas de sales varían de una persona a otra.

Vuelvo a la barra del kiosco de Avenida de Mayo. Jorge ya terminó su vaso de agua, paga la botella mineralizada y guarda la factura en el bolsillo. Antes de irse, se detiene y me dice, como quien comparte una certeza recién comprobada: "Mire, yo aprendí que si uno está bien, con agua alcanza, pero si se te descompone la panza o salís a correr una maratón, ahí la cosa cambia y hay que saber qué tomar". Tiene razón. La hidratación no admite recetas únicas: depende del contexto, de cuánto líquido se pierde y, sobre todo, de no convertir la sospecha en automedicación. Beber en exceso o sumar suplementos sin necesidad también puede alterar el delicado equilibrio del organismo, y eso, a esta altura, ya no es un detalle menor.

SG

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