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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Elegí una cosa a la vez y dejá el teléfono lejos: la memoria se cuida con gestos simples, dicen los especialistas

Dormir bien, moverse, comer sin prisa y cortar las interrupciones digitales son algunas de las recomendaciones que dos expertos de Estados Unidos repiten en cada charla. La promesa es modesta y, por eso, interesante: pequeños cambios cotidianos pueden marcar diferencias en cómo retenemos un nombre, una dirección o un recuerdo.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 19 d
Elegí una cosa a la vez y dejá el teléfono lejos: la memoria se cuida con gestos simples, dicen los especialistas

Son las diez de la mañana y en la cocina de Delia, en el barrio de Villa Devoto, suena el timbre. Es la sobrina, que pasa a dejar la medicación. Delia la atiende con una sonrisa distraída y, antes de terminar el primer abrazo, ya está mirando la pantalla del celular. Quiere ver quién le escribió antes de que se le olvide. La escena se repite, con distintos actores, en miles de hogares argentinos. Y tiene, según los especialistas que estudian la memoria, mucho para decir sobre cómo andan los olvidos cotidianos.

Concentrarse en una sola tarea por vez, dormir bien, moverse y comer de manera variada forman parte de una lista de recomendaciones que dos expertos estadounidenses repasaron en publicaciones especializadas. La idea central es que la memoria no se cuida con grandes proezas, sino con decisiones pequeñas que se repiten todos los días.

Menos pantalla, más cabeza

Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, sostiene que la multitarea con dispositivos electrónicos es una trampa. "Cuando una persona habla por teléfono y, al mismo tiempo, contesta mensajes de texto, su atención se fragmenta, comete más errores y genera un nivel de estrés que con el tiempo puede afectar la memoria de corto plazo", resumió el especialista.

  • Dejar el celular lejos mientras se realiza una tarea específica.
  • Reservar horarios fijos para revisar el correo y los mensajes.
  • Reunir los trámites administrativos en un mismo bloque del día.
  • Intentar recordar un nombre o un dato antes de buscarlo en el teléfono.
  • Conversar sin la pantalla de por medio, mirando a los ojos.

Sobre ese último punto insistió Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine. "Ese pequeño esfuerzo, el de tratar de recordar antes de googlear, activa el hipocampo y la corteza prefrontal, dos áreas del cerebro que se ocupan de la memoria", explicó. Es, en definitiva, usar la cabeza como se usan las piernas cuando se sube una escalera en vez de tomar el ascensor.

Dormir como (parte de) una terapia

Mednick defendió además la idea de que el descanso nocturno es una pieza central del rompecabezas. Mientras dormimos, el cerebro organiza lo aprendido durante el día. La recomendación general es dormir entre siete y ocho horas. Para quienes tienen la posibilidad, agregó que una siesta de unos 30 minutos puede ayudar a fijar información, siempre como complemento del sueño nocturno y no como reemplazo.

El movimiento, claro, también aparece en la lista. Small señaló que el ejercicio físico aumenta el oxígeno y los nutrientes que llegan al cerebro y favorece la producción de proteínas involucradas en la comunicación entre neuronas. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron a paso rápido durante 40 minutos, tres veces por semana, terminaron con un hipocampo un 2% más grande que quienes hicieron estiramientos y tonificación en el mismo período. La diferencia parece chica y no lo es: en esa franja etaria, el hipocampo suele reducirse con el paso del tiempo.

“Una siesta corta puede ayudar a fijar información, pero siempre como complemento del sueño nocturno.”Sara Mednick

En la mesa, los especialistas recordaron el patrón alimentario conocido como MIND, que toma lo mejor de la dieta mediterránea y de la llamada DASH. La lista incluye cereales integrales, vegetales de hoja verde y pescados grasos. No hace falta mudarse a una dieta estricta: alcanza con ir incorporando esos productos de a poco. Comer así, dicen los expertos, no solo cuida al corazón, sino también a la atención y a la capacidad de guardar recuerdos.

Quedan, todavía, dos casilleros que parecen antiguos y sin embargo siguen vigentes: la conversación y el aprendizaje. Una charla con un amigo, con un vecino o con alguien desconocido obliga a escuchar, a interpretar lo que se dice y, sobre todo, a recuperar experiencias guardadas para responder. Tocar un instrumento, anotarse en un taller de cerámica o estudiar un idioma exigen lo mismo: recordar reglas, sostener la atención, equivocarse y volver a empezar.

Vuelvo a Delia, en su cocina de Villa Devoto. Después del timbre, la sobrina le dejó la medicación y un mensaje a medio escribir en la pantalla. Esta vez, Delia dejó el teléfono boca abajo sobre la mesada, sirvió dos tazas de té y se sentó a conversar. Recién cuando su sobrina se fue volvió a mirar el celular. No pasó nada extraordinario, y esa, justamente, fue la mejor noticia del día.

SG

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