Escapadas cortas y frecuentes: el antídoto cercano que mejora la vida, según la ciencia
Un estudio de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, demostró que los viajes breves y repetidos elevan la satisfacción personal, sobre todo en quienes menos recursos tienen para enfrentar las dificultades cotidianas. Los detalles de la investigación y las recomendaciones de los especialistas.
El reloj marca las siete de la tarde en una calle cualquiera de Boedo y, mientras algunos vecinos cierran la jornada con la tele encendida, otros ya empezaron a guardar el repelente en la mochila para la escapada del finde. En la vereda, Marta Piñeyro, vecina del barrio desde hace treinta años, me cuenta entre risas que cada dos por tres se toma el colectivo hasta Tandil o Mar del Plata para volver renovada. Lo que ella hace por intuición acaba de tener confirmación científica: un estudio de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, concluyó que los viajes recreativos breves y frecuentes, incluso a destinos cercanos y por pocos días, mejoran el bien-être psicológico y la satisfacción con la vida.
La investigación, dirigida por el profesor asociado Rory Mulcahy, reunió información de más de 1.200 turistas australianos a lo largo de tres relevamientos realizados entre 2020 y 2023. El equipo analizó de qué manera la frecuencia de los viajes de ocio se relaciona con la felicidad, con la habilidad para sobrellevar situaciones adversas y con la valoración general que cada persona hace de su propia vida. Y la conclusión fue categórica: no hace falta irse lejos ni gastar una fortuna para cosechar los efectos positivos de una salida recreativa.
Quiénes se benefician más
Los resultados no fueron parejos para todos los encuestados. Las mejoras más notables se dieron entre quienes se percibían como más vulnerables o disponían de menos herramientas psicológicas para hacer frente a las complicaciones del día a día. En cambio, los cambios fueron más discretos en las personas que ya contaban con recursos de afrontamiento moderados o altos, como si el viaje sirviera sobre todo para reforzar lo que falta, más que para sumar a lo que ya está.
Para explicar el fenómeno, los autores se apoyaron en una teoría clásica de la psicología positiva: las emociones agradables pueden ampliar el repertorio de pensamientos y conductas de una persona y contribuir a construir recursos personales duraderos. Según Mulcahy, conocer lugares nuevos, acercarse a otras culturas y participar de actividades placenteras abre oportunidades para que ese proceso ocurra, incluso en trayectos cortos.
Qué recomiendan los investigadores
- Ofrecer experiencias con apoyos que faciliten la participación de todos.
- Incluir visitas guiadas y traslados organizados para reducir obstáculos logísticos.
- Proponer opciones al aire libre para principiantes, como senderismo, kayak y escalada de nivel básico.
- Pensar el viaje recreativo como una herramienta de salud, no solo como una pausa placentera.
Más allá del entusiasmo que despiertan estos hallazgos, los propios autores pidieron cautela. Todos los participantes eran turistas australianos y el período analizado estuvo atravesado por las restricciones de la pandemia, lo que limita la posibilidad de extrapolar los resultados sin más. Por eso, antes de llevarlos a otras latitudes y los contextos, habrá que esperar a que se repitan estudios en distintos países y con perfiles de viajeros diversos.
Mientras tanto, del otro lado de la ventanilla del micro que parte hacia la costa, Marta Piñeyro vuelve a ajustar la mochila con la tranquilidad de saber que, según la ciencia, su próxima escapada le va a servir mucho más que para cambiar de aire: le va a servir para sentirse mejor consigo misma y con el mundo que la rodea.
