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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Huevos con aliados de peso: quéponerle al plato para que el corazón lo agradezca

Verduras, avena, palta y hasta la papa con piel pueden cambiar la lectura cardiovascular de un plato con huevos. La clave está en los acompañamientos, el modo de cocción y la cantidad de sodio que se suma al servir.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 11 d
Huevos con aliados de peso: quéponerle al plato para que el corazón lo agradezca

En la cocina de cualquier casa de barrio, a la hora del almuerzo, el ruido del aceite caliente en la sartén suele tapar una pregunta que parece menor y no lo es tanto: qué le estamos poniendo al lado del huevo. Porque un plato de huevos puede ser una pequeña bomba de sodio o una comida razonablemente amiga del corazón, según lo que se le sume en el plato. Y esa decisión, la que se toma tres veces al día, termina pesando en el tensiómetro y en el colesterol más de lo que uno imagina.

Lo que se sirve junto al huevo cambia la composición final de la comida. Las verduras, la avena o la palta aportan nutrientes muy distintos de los que predominan en los fiambres y la manteca. Para cuidar la salud cardiovascular conviene mirar el conjunto de la preparación, incluida la sal que se usa al cocinar y al condimentar, como recuerda el material de base.

Verduras y cereales: sumar potasio y fibra

  • La papa cocida con piel aporta potasio y fibra, dos nutrientes claves para el equilibrio cardiovascular.
  • La espinaca también permite sumar ambos nutrientes sin recurrir a salsas procesadas.
  • La avena, por su fibra soluble llamada beta-glucano, puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, según la Escuela de Salud Pública de Harvard.
  • Mayo Clinic detalla que el beta-glucano forma una sustancia viscosa en la digestión que favorece la eliminación de sales biliares; el hígado las repone usando colesterol presente en la sangre.

El potasio cumple una función complementaria al control de la sal: favorece la eliminación de sodio por los riñones y colabora con la relajación de las paredes arteriales. La Organización Mundial de la Salud señala que el consumo elevado de sal aumenta la retención de agua en la circulación y eleva la presión arterial. Por eso, sumar vegetales y moderar el sodio son decisiones que se retroalimentan, no que compiten.

Grasas que suman en lugar de restar

También importa qué grasas acompañan al huevo. Reemplazar manteca y embutidos por opciones con grasas insaturadas, como palta o salmón, mejora la composición de la comida. El salmón aporta, además, ácidos grasos omega tres que contribuyen a reducir los triglicéridos, un dato a tener en cuenta para quienes miran los análisis de sangre con atención.

En la mesa familiar, Marta, vecina de Villa Devoto, lo resume con una frase que se repite en muchas cocinas: antes el huevo se servía con jamón y queso, ahora lo pongo con espinaca salteada y unas rodajas de palta. Es un cambio chico en el plato, grande en el resultado.

Cómo cocinar para no pasarse con la sal

En la cocina, una opción concreta es preparar los acompañamientos hervidos, al vapor o al horno y darles sabor con hierbas aromáticas, especias o jugo de limón. Estos recursos permiten reducir el uso del salero sin que la comida quede desabrida. La Escuela de Salud Pública de Harvard indica, además, que el colesterol de la yema tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas, lo que relativiza el peso del huevo en sí y refuerza la idea de que lo decisivo está en el resto del plato.

Vuelvo a la sartén del mediodía: el aceite deja de chisporrotear, los huevos se sirven y, esta vez, al lado hay espinaca, papa con piel y unas láminas de palta. El olor a limón recién exprimido reemplaza al del salero. Es un detalle doméstico, casi invisible, pero del tipo de los que terminan marcándole la presión a quien cocina y a quien se sienta a la mesa.

SG

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