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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La cocina de la huerta: recetas caseras para defender al jardín sin química

Con la llegada del calor, los hongos del verano húmedo y los insectos del verano seco acechan a las plantas. El INTA receta preparados sencillos, con ortiga, ajo, cáscara de naranja y hasta una sopa de cebolla, que cualquiera puede hacer en casa.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 1 d
La cocina de la huerta: recetas caseras para defender al jardín sin química

El reloj del verano empieza a correr y en las veredas de Buenos Aires, en esos retacitos de tierra que sobran entre el portón y la ventana, las plantas ya están dando señales. Hay hojas que se manchan, otras que se enrollan como si tuvieran vergüenza, y un zumbido tenue que aparece apenas cae la tarde. Es que la primavera, con su combo de calor y humedad, abre la puerta a los hongos, y cuando llega el verano y el ambiente se seca, lo que se multiplican son los pulgones, la mosca blanca, las orugas y los ácaros. Son los dos capítulos que se suceden todos los años en cualquier jardín o huerta familiar, y contra los que no hace falta, al menos en primera instancia, salir corriendo a comprar un producto químico. Hay opciones caseras, simples y efectivas que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) recomienda para huertas y jardines domésticos, y que se preparan con ingredientes que muchas veces ya tenemos en la cocina o a la vuelta de la esquina, en el corralón de la esquina o en la propia huerta. No son milagrosas ni reemplazan a un agroquímico cuando el ataque es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema, que es cuando más rinden.

La advertencia inicial es técnica pero vale la pena tenerla en cuenta: usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica, porque los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta. Conviene preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, y colar bien el líquido antes de cargarlo en el rociador, para no terminar tapando la boquilla con un resto de cáscara o de hoja.

Ortiga fermentada, el clásico que nutre y protege

El purín fermentado de ortiga es la vedette de los preparados caseros. Se hace con un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas, que es la señal de que el proceso terminó. Antes de aplicarlo se diluye en la misma cantidad de agua y se pulveriza sobre el follaje. Controla pulgones y hongos y, como si fuera poco, aporta nutrientes al suelo, así que es un dos por uno. Eso sí, hay que manipular la ortiga con guantes, porque si no, la piel lo recuerda.

Ajo con alcohol, un concentrado que rinde una barbaridad

El macerado concentrado de ajo con alcohol es otra de las recetas recomendadas por el INTA. Se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja siete días en la heladera y se filtra. Al momento de usarlo, se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua y se le suma un poco de jabón blanco neutro como adherente, para que la preparación se pegue bien a la hoja. Funciona contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, o sea, casi todo el arco de plagas urbanas.

Otras opciones que ya están en la alacena

  • Cáscara de una naranja hervida en medio litro de agua durante diez minutos. Eficaz contra pulgones y cochinillas.
  • Dos o tres cebollas medianas en agua hirviente, dejadas en reposo hasta 48 horas. Útil contra pulgones y hongos.
  • Infusión de ruda y salvia en partes iguales, sin fermentación, para controlar pulgones.

En todos los casos conviene aplicar los preparados temprano a la mañana o al atardecer, cuando el sol no pega de lleno y las gotas no se evaporan antes de actuar. Y hay que tener paciencia: estas recetas no son un matafuegos instantáneo, sino una herramienta más del cuidado cotidiano del jardín, esa pequeña militancia que muchos hacemos al pie de un limonero o en una maceta con perejil, con la expectativa de cosechar algo sano y, de paso, ahorrarnos unos pesos.

SG

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