La IA en las escuelas no viene a salvar a nadie: puede empeorar todo, según un experto británico
Wayne Holmes, investigador del University College London, sostiene que las herramientas actuales no reemplazan al docente, reproducen lo que ya se repite en internet y ensanchan la brecha entre colegios de ricos y de pobres.
¿En serio creíamos que una máquina iba a arreglar la educación? Un investigador británico, Wayne Holmes, del UCL Knowledge Lab de la Universidad College de Londres, dice que no. Y va más allá: advierte que meter inteligencia artificial en las aulas, así nomás, puede aumentar la desigualdad y dejar a todos los chicos pensando igual.
Holmes conoce el tema de cerca. Lleva años investigando cómo la IA impacta en la enseñanza. Su postura es directa: las herramientas que hoy cualquiera puede usar en la compu no sirven para reemplazar a un maestro. Como mucho, podrían ser un apoyo. Pero acá, en la Argentina de hoy, con escuelas que se caen a pedazos y docentes cada vez más escasos, la tentación es usarlas para tapar agujeros. Y eso, según él, es un problema serio.
¿Y la comparación con la calculadora sirve?
Seguro escuchaste esto: que la IA generativa es a la escritura lo que la calculadora a la matemática. Falso, dice Holmes. "Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre", explica. Con la IA, en cambio, el resultado puede ser cualquier cosa. Y el usuario, muchas veces, no tiene cómo darse cuenta. La diferencia, para él, invalida la analogía. Traducido a la vida de un santafesino: la calculadora es como hacer la cuenta del almacén, da siempre lo mismo. La IA generativa es como pedirle a un vendedor que te diga el vuelto después de una compra larga: a veces acierta, a veces te cocina.
¿Por qué la IA puede agrandar la brecha?
Acá Holmes marca una paradoja que ya se ve en varios países, incluida la Argentina. Los colegios privados de elite no se promocionan por tener la última tablet ni el último chat de IA. Se promocionan por sus docentes, por sus proyectos, por sus viajes. En cambio, en zonas con escasez de maestros o en contextos de bajos recursos, la tecnología aparece como solución mágica. "Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos", afirma. Y ojo: no lo dice en tono de declamación. Lo dice porque, en su lectura, la educación es la base de la participación ciudadana. Desfinanciarla en nombre de la eficiencia tecnológica tiene consecuencias que van mucho más allá del aula.
¿Por qué todos van a empezar a pensar igual?
Otro punto clave que desarrolló Holmes es el de la estandarización. La IA generativa escribe eligiendo las palabras más probables según los millones de textos con los que fue entrenada. Entonces, los enfoques distintos, los críticos, los minoritarios, quedan afuera. Lo ilustró con un ejemplo muy concreto: cuando le preguntó a varias herramientas sobre los problemas del "aprendizaje personalizado", todas respondieron que el único inconveniente era lo difícil que resultaba implementarlo. Ninguna puso en duda si el enfoque sirve o no. ¿Por qué? Porque en los textos de entrenamiento la idea dominante es que se trata de algo bueno. Así, la IA no solo repite lo que ya se sabe: repite lo que ya se dice.
¿Y entonces qué haría Holmes si tuviera que armar una escuela hoy?
La pregunta quedó picando. Le consultaron cómo usaría la IA si tuviera que construir una escuela desde cero. Holmes fue directo: no incorporaría ninguna de las herramientas actuales. No porque la IA no tenga futuro, aclara, sino porque las que están en el mercado hoy no están a la altura de lo que un aula necesita. Primero hay que resolver los problemas de base, dice: docentes formados, recursos, infraestructura. Después, eventualmente, se verá qué rol puede jugar la tecnología. Pero como sustituto, jamás.
Mientras tanto, en nuestras aulas, la discusión sigue pendiente. Muchos siguen viendo a la IA como una solución casi mesiánica. Holmes, en cambio, la mira con los ojos abiertos: es una herramienta con sesgos, con errores y con tendencia a uniformar. Bien usada, podría sumar. Mal usada, puede profundizar lo que ya está mal. Veremos si en la Argentina la discusión se da con estos datos sobre la mesa o si volvemos a caer en la fascinación tecnológica de siempre.
