La próxima vez que estés frente al volante, acordate de esto: del otro lado hay alguien que camina a pie
Una campaña de familiares de víctimas de siniestros viales volvió a instalar la Legislatura porteña como escenario para repetir una idea que suena elemental pero se olvida rápido: antes de conductores, todos somos peatones. Detrás del reclamo hay una cuenta pendiente en el Congreso y una historia que se repite hace más de dos décadas.
La mañana cae pesada sobre la Plaza del Congreso. El sol todavía no termina de trepar por los edificios de la zona y ya se escucha, de a ratos, el ruido de las patentes metálicas que se acomodan contra el piso. Una señora las acomoda con la punta del zapato mientras conversa, en voz baja, con otra mujer que lleva un cartel con la foto de un pibe con la sonrisa torcida. El olor a café del kiosco de la esquina se mezcla con el del asfalto que todavía guarda la humedad del día anterior. En la vereda de la Legislatura porteña, un grupo de madres, padres y familiares de víctimas de accidentes de tránsito arma la escena para presentar una campaña que lleva un mensaje incómodo para cualquiera que tenga un auto en la mano: antes de ponerse al volante, todos somos peatones. La frase, simple y casi obvia, es el corazón de la iniciativa que impulsa la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito.
Lo dice en diálogo con este portal Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor, mientras acomoda una estrella amarilla en el piso. Perrone lleva más de veinte años hablando de seguridad vial, y el origen de su militancia es una fecha que no se borra: el primero de mayo de 2002, su hijo Kevin Sedano, de catorce años, fue atropellado en Vicente López. El conductor se fugó. Una semana después, el adolescente murió. "Desde ese día entendí que esto no era un accidente, era una consecuencia", dice Perrone, con la voz firme de quien repitió la misma frase cientos de veces en audiencias públicas, en canales de televisión y en reuniones con legisladores. La frase suena a lugar común, pero la cuenta que dejó Kevin todavía sigue abierta.
El peatón como punto de partida
El planteo de la campaña es casi físico, y por eso se entiende rápido. Un automóvil pesa más de una tonelada. Un cuerpo humano, entre sesenta y noventa kilos. Esa diferencia de más de diez veces convierte al peatón en el actor más vulnerable de la calle, de la avenida y de la ruta. Y, según sostienen los organizadores, obliga a quien maneja a tenerlo en cuenta antes de decidir a qué velocidad circular, cómo frenar o qué hacer frente a una situación imprevista. En la vereda, María, vecina de Barracas y mamá de dos adolescentes que usan el colectivo para ir al colegio, escucha la explicación y asiente. "Yo le digo a mi marido que cuando va rápido por Rivadavia se olvida de que afuera hay gente caminando", cuenta, mientras mira a los chicos que cruzan apurados hacia la parada del 86. La escena se repite, según María, todas las mañanas.
“La diferencia entre lo que pesa un auto y lo que pesa una persona es la diferencia entre llegar a casa o no llegar. Eso es lo que pedimos que se tenga presente antes de acelerar.”Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor
Los reclamos que viajan al Congreso
La campaña no se queda en la foto y en los carteles. Detrás hay un proyecto de reforma penal que ya circula en el Congreso y que pide sanciones más duras para tres conductas que, según los especialistas y los familiares, concentran buena parte de los hechos graves: conducir con alcohol en sangre, participar en picadas en la vía pública y darse a la fuga después de atropellar a alguien. Para los impulsores, endurecer las penas no es un capricho, sino una forma de marcar que la desproporción entre un vehículo y un cuerpo humano no puede quedar impune. La iniciativa también recoge un pedido que ya es un clásico de las víctimas organizadas: que las leyes contemplen agravantes cuando el conductor abandona a la persona atropellada, un gesto que, en la jerga del activismo, se suele describir como "peor que el hecho mismo".
- Conducir con alcohol en sangre: penas más severas y tratamientos diferenciados según el nivel de intoxicación.
- Picadas en la vía pública: incorporación como figura específica con escalas penales equivalentes a lesiones gravísimas.
- Fuga tras un atropello: agravante explícito, con quita de beneficios de excarcelación y penas que se cumplan de manera efectiva.
- Refuerzo de controles: exigencia de operativos aleatorios en zonas urbanas y rutas con alta siniestralidad.
Estrellas amarillas: memoria y advertencia
En el piso de la Legislatura, entre las baldosas recién lavadas, las estrellas amarillas se multiplican. Cada una tiene un nombre escrito con marcador negro. Funcionan como memorial y como advertencia: en el punto exacto donde murió una persona en un siniestro vial. La tradición lleva décadas en la Argentina y se fue extendiendo por barrios, avenidas y rutas del país. Para quienes perdieron a alguien en la calle, la estrella es, al mismo tiempo, un recordatorio y un reclamo. "Mientras la estrella esté pintada, la historia no se terminó de contar", resume Perrone antes de volver a la Plaza del Congreso, donde la mañana ya se hizo tarde y el ruido de la ciudad tapó, otra vez, el pedido de fondo: que la próxima vez que alguien se siente frente al volante, se acuerde de que del otro lado hay alguien caminando.
