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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La trampa del crédito express: cuando la billetera virtual se come el sueldo

Las tasas que promocionan las plataformas fintech resultan casi inaccesibles para los usuarios y las condiciones contractuales suelen quedar escondidas en la letra chica. En un país con morosidad cercana al veinte por ciento, los organismos de defensa del consumidor reciben cada vez más quejas y ya articulan una herramienta para refinanciar.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 46 d
La trampa del crédito express: cuando la billetera virtual se come el sueldo

La escena se repite en cualquier casa de clase media del conurbano bonaerense a eso de las nueve de la noche, cuando todavía queda un rato de pantalla y la cabeza empieza a hacer cuentas. El tanque de gas ya quedó cargado, la factura de la luz espera en la mesada y la cena del día siguiente hay que imaginarla con lo que queda. En ese momento aparece la notificación de la billetera virtual, con su mensaje amable y su promesa de plata al instante, y la familia que enciende la televisión mientras come lo que queda en la heladera termina pensando que tal vez sea una buena idea pedir un préstamos. Lo que casi nunca aparece en esa notificación es el costo real de aceptar esa ayuda. Yo lo escuché esta semana de boca de varios lectores que me escribieron desde distintos barrios y la conclusión siempre fue la misma: cuando quisieron ver de cerca lo que habían firmado, la deuda ya era otra, bastante más grande y bastante menos manejable que la promesa original.

Tasas que ahogan y letra chica que se descubre tarde

Para entender por qué tantas familias argentinas caen en este pozo sin ver el fondo, conviene escuchar a Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor. El funcionario suele recibir en su despacho de la capital neuquina a vecinos que llegan con el celular en la mano y la bronca dibujada en la cara, y lo que les dice es bastante directo: las tasas que cobran las plataformas fintech resultan, en sus propias palabras, casi usureras para los ciudadanos. El mecanismo que describe es siempre el mismo. La pantalla promete un porcentaje razonable, pero debajo, escondida entre asteriscos y enlaces que nadie abre, la letra chica agrega cargos, comisiones y condiciones que recién se materializan cuando el extracto llega y el daño ya está hecho. Para entonces, regularizar la situación cuesta mucho más que el dinero original.

El trasfondo del fenómeno lo explica con crudeza Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén, que conoce de cerca cómo viven las familias que recurren a este tipo de créditos. Los salarios, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y de los pequeños comerciantes perdieron la carrera contra la inflación durante los últimos años, y cuando no alcanza para llegar a fin de mes la opción más tentadora termina siendo financiar los gastos básicos con dinero plástico. Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses, resume el funcionario, y cuando te querés acordar tenés un lío bárbaro. El cuadro general confirma el diagnóstico: el índice de morosidad en Argentina se ubica cerca del veinte por ciento, una cifra que quintuplica el promedio de los países vecinos de la región, donde la mora ronda entre el cuatro y el cinco por ciento.

Una salida concreta para quien ya está atrapado

Para los lectores que me escribieron preguntando cómo desarmar este tipo de bola de nieve, hay una noticia que vale la pena repasar con cuidado. El Régimen Especial de Refinanciación de Deuda ofrece préstamos de hasta cincuenta millones de pesos con una tasa fija anual del treinta y cinco por ciento, una cifra que Tomasini calificó como muy accesible, casi blandísima si se la compara con lo que cobran las plataformas. La lógica de la herramienta apunta a que las familias puedan salir del ciclo de deuda a un costo financiero razonable y, sobre todo, sin que los intereses sigan acumulándose mientras se intenta pagar.

Cuando el acoso se vuelve parte del problema

El segundo frente que tiene abierto la Dirección de Protección al Consumidor es el de las propias empresas de cobranza. Cada vez son más los usuarios que se quejan de llamadas reiteradas, mensajes amenazantes o propuestas que se sienten abusivas, y la respuesta oficial es bastante clara: esa conducta no está permitida. Tomasini recordó que cualquier persona que se sienta hostigada puede juntar capturas de pantalla, registrar los mensajes y presentarlos como prueba para iniciar un reclamo formal. La recomendación práctica que baja a los barrios es conservar toda la evidencia, no aceptar propuestas bajo presión y, sobre todo, no firmar nada sin haberlo leído antes en un lugar tranquilo. Al final del día, lo que está en juego no es solamente la plata que se pidió prestada sino la posibilidad de recuperar la tranquilidad que se pierde cuando el teléfono suena y en la pantalla aparece un número desconocido a las once de la noche.

SG

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