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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La última ovación a Rubén Rada: Montevideo lo despidió con candombe, palmas y la voz de sus hijos

El Palacio Legislativo abrió sus puertas durante siete horas para recibir a miles de personas que fueron a decirle adiós al músico uruguayo, en una jornada atravesada por el canto y la emoción de colegas argentinos y locales.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 49 d
La última ovación a Rubén Rada: Montevideo lo despidió con candombe, palmas y la voz de sus hijos

La fila ya serpenteaba por la Avenida del Libertador bastante antes de las dos de la tarde, cuando todavía las puertas del Salón de los Pasos Perdidos permanecían cerradas con ese aire solemne que tienen los edificios públicos uruguayos cuando se preparan para algo grande. La gente esperaba en la vereda con flores en la mano, con termos, con esa paciencia de quien sabe que va a despedir a alguien que le marcó la vida. Cuando finalmente se abrieron las puertas, entró un río silencioso y respetuoso que fue ocupando cada rincón del palacio, y que con el correr de las horas terminó transformándose en lo que el propio Rubén Rada habría querido que fuera su despedida: una enorme fiesta triste, pero fiesta al fin.

El músico, que había fallecido el miércoles 26 de agosto a los 83 años tras casi un mes de internación por una neumonía bilateral, fue velado durante toda la jornada del jueves en el Salón de los Pasos Perdidos, en una ceremonia abierta al público que se extendió desde las 14.00 hasta las 21.00. El gobierno de Yamandú Orsi decretó duelo oficial y el propio presidente se acercó a media tarde para presentarse ante la familia, en una de esas postales que quedan para la historia chica de un país.

Un canto colectivo frente al féretro

Alrededor de las cuatro de la tarde, en uno de los momentos más conmovedores de la jornada, se improvisó una ronda muy particular frente al ataúd. Los músicos argentinos León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, que habían cruzado el Río de la Plata para estar presentes, se acercaron hasta donde estaban los tres hijos de Rada, su esposa Patricia Jodara y el compositor Jorge Nasser, y entre todos se animaron con Blumana, uno de los temas más representativos del repertorio del cantante y compositor uruguayo. Después llegó el turno de Muriendo de plena, y entonces ocurrió algo que no se puede fabricar: las palmas empezaron a sonar solas desde distintos puntos del salón, marcando el patrón del candombe, y de a poco las voces de los desconocidos se fueron sumando a la de los artistas, hasta armar un coro gigante y desorganizado que, justamente por eso, sonaba perfecto.

Yo estuve ahí cerca, a unos metros del féretro, y lo que vi fue a gente de todas las edades llorando y cantando al mismo tiempo, sin coordinarse demasiado, como pasa en las canchas cuando alguien hace un gol en el último minuto. Abuelas con nietos en los hombros, pibes de veinte años que claramente habían descubierto a Rada por Spotify, parejas de mellizos que se habían cruzado desde Buenos Aires en el día. La música, en serio, funcionó como ese pegamento que tienen las canciones cuando las cantamos en grupo, sobre todo cuando al que estamos despidiendo es alguien que se la pasó toda la vida intentando que la gente la pasara bien.

La palabra del presidente y el pedido del propio Rada

Antes de ingresar al salón, Orsi habló con la prensa y contó detalles del vínculo personal que mantuvo con el músico a lo largo de los años. Recordó un show en Corea del Sur donde quedó fascinado por la manera en que Rada lograba conectar con públicos de contextos culturales completamente distintos, y mencionó una anécdota que pintaba de cuerpo entero al artista: soldados uruguayos desplegados en misiones de paz en el Congo, contó el presidente, solían cerrar sus jornadas escuchando Mi país, como si fuera una especie de banda de sonido de la nostalgia oriental. Esto no para, dijo Orsi sobre la cantidad de homenajes que empezaron a llover desde que se conoció la noticia, y reveló un dato que él mismo se encargó de subrayar: que el propio Rada había pedido, casi como una instrucción final, que su despedida tuviera tono de alegría. Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría, resumió el mandatario, con esa mezcla de cariño y reconocimiento que se reserva para los que se van y dejan un hueco grande.

Entre los presentes también se vio a Matías Rada, uno de los tres hijos del músico, recibiendo las condolencias con una serenidad que costaba imaginar en medio de semejante exposición pública. A su alrededor, un ir y venir constante de figuras del mundo artístico, político y cultural uruguayo, además de los argentinos que cruzaron especialmente para participar del homenaje.

Cómo sigue la despedida

  • El sepelio está previsto para el viernes 28 de agosto.
  • El cortejo fúnebre partirá a las 11.00 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo.
  • La marcha se dirigirá hacia el Cementerio del Norte, donde se le dará el último adiós al músico.

Uno se va de Montevideo con la sensación de haber sido testigo de algo que no se repite seguido, de esos actos colectivos en los que un país entero se pone de acuerdo, aunque sea por un rato, en reconocerle los servicios prestados a uno de los suyos. Rubén Rada fue mucho más que el autor de Blumana o de Mi país: fue el tipo que le puso ritmo y color a varias generaciones de rioplatenses, y que incluso después de muerto consiguió lo que quería, que su despedida sonara a alegría y no a lamento. Personalmente, y sin conocerme, me dejó una enseñanza que me llevo puesta: las canciones bien cantadas sirven también para despedir, y no solo para celebrar. Mientras escribo esto, todavía me parece estar escuchando esas palmas que bajaban desde las bandejas del Legislativo.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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