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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La venganza de Ulzana: dos cortes de un mismo western que merecen verse juntos

El clásico de Robert Aldrich con Burt Lancaster circuló con montajes diferentes en Estados Unidos y Europa, y Arturo Pérez-Reverte lo volvió a poner en el mapa como una película del oeste a recuperar.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 27 d
La venganza de Ulzana: dos cortes de un mismo western que merecen verse juntos

Hay una luz rasante que entra por la ventana de un cuarto donde alguien proyecta una copia gastada en súper ocho, y en la pantalla se ve a Burt Lancaster caminando por un paisaje desértico, con la cara curtida y los ojos entrecerrados como si el sol le hubiera enseñado a mirar la cabeza a los hombres. Esa imagen, esa sensación de película del oeste vista como si fuera un recuerdo, es la que me quedó dando vueltas mientras investigaba sobre La venganza de Ulzana, ese título de 1972 que Robert Aldrich firmó y que, atención, llegó a Europa y a Estados Unidos con dos montajes distintos. No se trata de una diferencia de duración apenas perceptible: hay escenas enteras que cambian y hasta un personaje que desaparece de una de las versiones. Y lo mejor es que, como ahora se sabe por la recomendación que volvió a poner al film en conversación, sigue dando para hablar.

Dos montajes para una misma historia

La dirección de La venganza de Ulzana lleva la firma de Robert Aldrich, el mismo responsable de títulos pesados como ¿Qué fue de Baby Jane? y Doce del patíbulo, y el protagónico está a cargo de Burt Lancaster, que acá se luce con un personaje áspero, poco simpático, de los que Lancaster sabía hacer como nadie. El guion lo escribe Alan Sharp, quien incluso reconoció la influencia de Centauros del desierto, la gran película de John Ford, y dijo que su idea era justamente rendirle homenaje al maestro a través de esta historia de persecución. Esa referencia permite entender de dónde viene el tono, el ritmo cansino del desierto y la mirada sobre la violencia que va creciendo.

Lo más jugoso del asunto, lo que vuelve a este film un objeto de conversación obligado para cualquier amante del género, es lo que pasó con los montajes. Aldrich supervisó la versión que se vio en Estados Unidos, pero cuando la película viajó a Europa, fue el propio Lancaster quien intervino directamente en el corte. ¿El resultado? Aunque las dos copias tienen una duración parecida, no incluyen exactamente el mismo material. Una diferencia concreta y muy llamativa afecta a la actriz Aimee Eccles: su personaje, la amante indígena del hombre que interpreta Lancaster, fue eliminado por completo del montaje europeo. Por eso, quedarse solo con los minutos de metraje no alcanza para distinguirlas: hay que prestar atención a qué escenas están y qué personajes siguen apareciendo.

De qué va La venganza de Ulzana

  • La historia arranca con la fuga de Ulzana de una reserva indígena donde había sufrido maltratos, y a partir de ahí empieza una seguidilla de ataques junto con un grupo de apaches.
  • La caballería de Estados Unidos sale a perseguirlo y suma a McIntosh, un explorador que conoce el terreno y se suma a la búsqueda.
  • Toda esa persecución es la que organiza la trama del film, con la tensión creciendo a medida que la tropa avanza por el desierto.

En lo que hace a la recepción, la película cosechó comentarios muy favorables de la crítica y el propio Aldrich estaba orgulloso del resultado, pero su paso por la boletería fue bastante más modesto de lo esperado. Es de esos casos en los que el tiempo termina siendo más generoso que el estreno. Y en esa recuperación del título aparece la voz de Arturo Pérez-Reverte, que la definió sin vueltas como “una obra maestra de Robert Aldrich, una película extraordinaria y muy poco conocida”. En su recomendación, además, el escritor y periodista puso el acento en la violencia del comienzo, con una escena inicial en la que un soldado mata a una mujer, una secuencia que funciona como una declaración de intenciones sobre lo que viene después.

Si me preguntan a mí, lo más fascinante de La venganza de Ulzana es esa decisión de haber convivido con dos cortes diferentes durante años, como si la película siguiera viva, cambiándose la ropa según el país donde se proyecta. Lancaster ya había demostrado en títulos como El halcón y la flecha o Apache que el western le corría por la sangre, y acá compone a un personaje incómodo, antipático a veces, que se banca toda la película sobre los hombros. Por eso coincido con Pérez-Reverte: es un film del oeste que merece recuperarse, verse, discutirse y, sobre todo, compararse consigo mismo en sus dos versiones.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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