Latinoamérica busca en los hábitos cotidianos una defensa concreta contra la demencia
Especialistas de once países, entre ellos Argentina, presentaron en Buenos Aires los resultados del estudio LatAm-FINGERS: dos años de seguimiento a más de mil mayores que combinaron alimentación, movimiento, ejercicio mental, vínculos y control cardiovascular para cuidar la memoria.
Son las diez de la mañana de un jueves porteño y en un salón del centro porteño todavía se acomodan las carpetas con el logo de FLENI. Adentro, neurólogos, geriatras y nutricionistas de once países terminan de acomodar las sillas para empezar a discutir cómo se cuida la memoria cuando ya se tienen más de sesenta años. La escena resume, sin proponérselo, lo que se viene repitiendo en los consultorios y en los papers de los últimos años: la demencia no se enfrenta solo con fármacos, sino también con decisiones tan cotidianas como lo que se come, lo que se camina y a quién se llama por teléfono.
Cuidar la memoria, según coincidieron los especialistas en el encuentro internacional realizado en Buenos Aires, implica atender la presión arterial, la glucosa y el colesterol. A esos controles se suman una alimentación saludable, actividad física, estímulos mentales y la vida social. La propuesta consiste en incorporar varios cambios a la vez y, sobre todo, mantenerlos en el tiempo. No se trata de una moda ni de una receta única: es un enfoque preventivo que combina el cuidado del cuerpo y de la mente bajo una misma estrategia.
Por qué el corazón y el cerebro van de la mano
El cuidado cardiovascular ocupa un lugar central porque la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores afectan los vasos sanguíneos que abastecen al cerebro. Por eso, la evaluación médica periódica forma parte de la estrategia, al igual que las actividades que permiten aprender, ejercitar capacidades cognitivas y sostener vínculos. En otras palabras: lo que se hace por el corazón termina protegiendo, también, a la memoria.
Para llevar esas recomendaciones a la práctica, las posibilidades de cada comunidad cuentan. Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS, explicó que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres locales. La especialista fue terminante al describir la filosofía del trabajo: "La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales", señaló.
Qué midió el estudio LatAm-FINGERS
Con ese criterio se diseñó el ensayo latinoamericano que se presentó en el encuentro. Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en once países, con un seguimiento de dos años. La investigación evaluó una intervención que reunió alimentación, ejercicio, entrenamiento cognitivo, socialización y atención de los riesgos cardiovasculares. Los participantes tuvieron dos modalidades de acompañamiento: una, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; otra, con recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva.
- Mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada.
- 80 por ciento de los participantes alcanzó una adhesión moderada o alta al programa.
- 84,9 por ciento completó la evaluación final a los dos años.
- Adaptación cultural de la alimentación y de las actividades según los recursos de cada comunidad.
- Atención simultánea de presión arterial, glucosa, colesterol y otros factores de riesgo vascular.
Lo que los resultados dicen y lo que no
Estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y sostener capacidades, no prometer soluciones absolutas. Lo que el estudio deja en claro es que, con accompagnement sostenido, muchos adultos mayores están dispuestos y en condiciones de sostener cambios profundos en su vida diaria, aun en contextos tan distintos como los de once países de la región.
Salgo del salón todavía con el rumor de las preguntas del auditorio. Pienso en los vecinos de toda la vida, en los que ya cumplieron los sesenta y en los que todavía no, y en cuántas de estas decisiones se toman cada mañana sin saber que también son decisiones sobre la memoria. La ciencia acaba de ratificar algo que muchos intuían: cuidar el cuerpo, mover el cuerpo, aprender algo nuevo y llamar a un amigo no son gestos menores. Son, también, una manera concreta de cuidar la cabeza. Y eso, en un país que envejece, es una noticia que vale la pena tomarse en serio.
