Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Tecnología /

Le metieron el cerebro de una mosca a un joystick: la experiencia que mezcla biología y video

Un mapa con más de 166.000 neuronas de Drosophila se usó para clasificar correos, jugar al Doom y mover una cartera cripto virtual. Los resultados son curiosos, pero todavía están lejos de competir con la inteligencia artificial tradicional.

Por Iván CinalliTecnología · · hace 27 d
Le metieron el cerebro de una mosca a un joystick: la experiencia que mezcla biología y video

¿Tiene sentido enchufar el sistema nervioso de una mosca de la fruta a un joystick y esperar que algo funcione? Parece un disparate de laboratorio, y sin embargo ya está pasando: un equipo internacional reconstruyó el cableado cerebral de un macho de Drosophila melanogaster, lo metió en una computadora y lo puso a prueba en tareas que van desde ordenar la casilla del mail hasta mover un personaje en el Doom. La criatura no sabe lo que le hicimos, pero los investigadores, un poco, sí.

El modelo se llama MaleCNS v1.0 y no es cualquier mamotreto: suma más de 166.000 neuronas, unos 125 millones de conexiones y alrededor de 11.700 tipos celulares distintos. Participaron Google Research, el HHMI Janelia Research Campus, la Universidad de Harvard y la de Princeton. La reconstrucción se hizo a partir de millones de imágenes de cortes ultrafinos del sistema nervioso, tomadas con microscopía electrónica. Cuando uno escucha "IA", piensa en una red neuronal, o sea un sistema de nodos conectados que aprende patrones a partir de datos; acá lo que se simuló es el cerebro real de un bicho, con la disposición de sus neuronas tal cual la naturaleza la armó.

Clasificar spam con cabeza de mosca

Una de las pruebas más concretas fue ordenar correos electrónicos. La simulación alcanzó alrededor del 80 por ciento de la precisión de una red neuronal artificial convencional usada como referencia. Para que se entienda: si la red de siempre acertaba en 100 casos, la mosca virtual se acercaba a unos 80. No está mal para un mapa copiado de la biología, aunque tampoco es para tirar manteca al techo.

La reconstrucción incluye cerebro y cordón nervioso, algo clave para entender cómo un estímulo visual se transforma en movimiento. Y eso, justamente, fue lo que aprovechó un ingeniero llamado Alex Wormuth para enganchar el modelo al Doom, el clásico de disparos en primera persona. Lo que hace es convertir cada cuadro del juego en señales que excitan las neuronas sensoriales simuladas: brillos, colores, formas. Esa información viaja por la red y termina saliendo como pulsos de control para el personaje. Como si la mosca estuviera jugando con los ojos.

  • Doom: las imágenes del juego alimentan neuronas sensoriales del modelo y las respuestas motoras mueven al personaje en pantalla.
  • Stonkfly: gráficos financieros entran al sistema y se traducen en compras o ventas de criptomonedas dentro de una cartera virtual.
  • Recompensas: 15 células se activan con las ganancias y otras 2, vinculadas a respuestas aversivas, se disparan con las pérdidas.
  • Otros experimentos recreativos: partidas al Super Mario 64, movimientos en Beat Saber, resolución de salas de escape e incluso diseño de tipografías.

¿Sirve para ganar plata o solo para asombrar turistas?

El proyecto Stonkfly merece un párrafo aparte porque suena a película. Wormuth tomó la lógica de recompensa y castigo del cerebro de la mosca y la a una cartera de criptomonedas. Cuando la operación imaginaria daba ganancia, se encendían 15 células asociadas al placer; cuando había pérdida, se estimulaban dos células relacionadas con el disgusto. Suena inquietante, pero hay que aclarar: es un ensayo experimental, no una herramienta de inversión. No hay resultados publicados que permitan medir si este engendro le ganaría a cualquier estrategia de trading hecha con una planilla de Excel y un café.

Hay un detalle que los papers suelen esconder y que vale la pena mencionar: estas simulaciones son más lentas y menos precisas que las redes neuronales artificiales diseñadas a medida para cada tarea. La comparación con una "pequeña red neuronal convencional" ya marca la vara baja. Y para colmo, cada nueva aplicación requiere agregar una capa de simulación encima del conectoma, que es básicamente el mapa completo de cómo se conectan las neuronas entre sí. O sea, no es plug and play; es más bien plug, programar tres semanas y rezar.

La pregunta de fondo es qué se aprende con esto. Por un lado, entender cómo una red biológica real procesa información sensorial y motora, algo que ningún modelo abstracto iguala todavía. Por el otro, comprobar que, aun con 166.000 neuronas bien conectadas, la mosca virtual no le hace sombra a sistemas especializados en una sola cosa. La biología inspira, pero todavía no reemplaza. Veremos.

IC
Iván CinalliTecnología

Te puede interesar