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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Lili Reinhart y Tom Bateman ensayan un romance de manual en Prime Video

La adaptación de la novela de Ali Hazelwood lleva a la pantalla un acuerdo entre una estudiante de posgrado y un profesor que fingen estar de novios, con Claire Scanlon en la dirección y Sarah Rothschild en el guion.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 22 d
Lili Reinhart y Tom Bateman ensayan un romance de manual en Prime Video

La pantalla del living se llena otra vez de una de esas comedias románticas que parecen hechas a medida para una noche de manta y pochoclo: dos personas que se hacen las indiferientes mientras el público sabe, desde el primer minuto, que van a terminar juntas. Eso es justamente lo que ofrece La hipótesis del amor, la película que acaba de desembarcar en Prime Video con Lili Reinhart y Tom Bateman como protagonistas y que, a pesar de moverse en un campus universitario, no se priva de ninguno de los lugares comunes del género.

Un pacto para resolver dos problemas distintos

La historia arranca con una estudiante de posgrado llamada Olive Smith, interpretada por Reinhart, que está empecinada en ayudar a su mejor amiga Anh a animarse con un compañero de la facultad, Jeremy. Para empujar la situación, Olive se propone demostrar que ella ya no tiene ningún interés romántico en ese chico, y ahí es donde entra el engranaje del relato: necesita un novio de mentira. Rachel Marsh y Nicholas Duvernay completan el triángulo como Anh y Jeremy, dos personajes que funcionan como motor de la trampa más que como piezas centrales del romance.

  • Lili Reinhart como Olive Smith, la estudiante que orquesta el engaño
  • Tom Bateman como Adam Carlsen, el profesor distante que necesita el acuerdo
  • Rachel Marsh como Anh, la amiga que dispara la historia
  • Nicholas Duvernay como Jeremy, el interés amoroso de Anh
  • Jaboukie Young-White y Arty Froushan, también en el reparto

El personaje de Bateman tiene sus propios motivos para sumarse al pacto: necesita aparentar una relación estable para conseguir una beca que le permita continuar con su investigación. Esa conveniencia compartida es la que vuelve tan endeble y, a la vez, tan divertida la primera mitad de la película, porque tanto Olive como Adam saben que se trata de una actuación y, sin embargo, ya desde las primeras escenas se nota que la química entre ellos no está tan calculada como ellos quisieran.

De la actuación al sentimiento

Claire Scanlon, que ya había demostrado mano para el género con episodios de series como The Bold Type y Brooklyn Nine-Nine, dirige con un ritmo amable y sin demasiados sobresaltos, apoyándose en un guion de Sarah Rothschild que adapta la novela de Ali Hazelwood sin grandes riesgos. El libro, que se había convertido en un fenómeno de lectura en plataformas digitales, mantiene aquí su estructura básica: la frontera entre lo que se finge y lo que se empieza a sentir se vuelve cada vez más delgada, y los personajes van cediendo terreno a algo que no estaba en el acuerdo original.

La película se sostiene sobre todo en la dupla central. Reinhart, a quien muchos lectores de este portal conocen todavía como Betty Cooper de Riverdale, vuelve a un registro más contenido y le pone a Olive esa mezcla de fragilidad y empecinamiento que le sale natural. Bateman, por su parte, compone a un profesor hosco y algo antipático en la superficie, pero que va dejando entrever pequeñas grietas a medida que el vínculo avanza. Los dos tienen escenas compartidas que funcionan, sobre todo las que transcurren en oficinas, laboratorios y pasillos, lejos de los grandes gestos.

No todo es original, y sería deshonesto decir lo contrario. Los recursos de la comedia romántica universitaria están todos: la cena con los amigos donde la pareja tiene que venderse como verdadera, la escena del casi-beso que se interrumpe, la discusión que llega en el momento menos pensado. Pero la película tiene la inteligencia de no tomarse demasiado en serio a sí misma, y eso termina siendo su mayor acierto. Quienes busquen un estreno para distenderse, sin pretensiones, van a encontrar acá una opción cumplidora.

A mí, que vengo siguiendo este tipo de adaptaciones desde hace años, La hipótesis del amor me dejó la sensación de estar frente a un producto que sabe exactamente lo que quiere ser y no intenta ir más allá de eso. No es una película para recordar dentro de una década, ni para recomendar con el ceño fruncido de quien descubre cine de autor. Es, en el mejor sentido, un pasatiempo romántico bien armado, ideal para una noche de semana en la que uno solo quiere ver a dos personas quererse un poco mientras fingen que no.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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