Mate, café o té caliente en pleno enero: la ciencia dice que pueden refrescar, pero hay una trampa
Un especialista explica por qué una infusión caliente puede ayudar a bajar la temperatura corporal cuando el aire está seco y corre brisa, y cuándo se vuelve contraproducente.
Lo veo cada verano, acá en el barrio de San Telmo, cuando la térmica pasa los treinta y pico y doña Marta, que atiende el kiosco de la esquina, se sirve un mate cocido bien caliente como si fuera un día de julio. La gente la mira raro, pero ella sigue tomando su pava con la misma parsimonia de siempre, convencida de que es la mejor manera de bancar la ola de calor. Lo cierto es que, según explicó el profesor John Tregoning, especialista en bienestar, esa costumbre no es tan descabellada como parece, aunque tampoco funciona en cualquier contexto.
La clave está en un mecanismo que todos conocemos pero que pocas veces tenemos presente: el sudor. Cuando tomamos una bebida caliente, el cuerpo recibe un aporte extra de calor y, como respuesta, activa la transpiración. Si ese sudor logra evaporarse sobre la piel, se lleva consigo energía térmica y produce una sensación de frescura real. Pero si la humedad ambiente es alta y el aire no circula, ese mismo sudor se acumula, empapa la ropa y termina agregando calor en vez de quitarlo.
Cuando la térmica alta se pelea con una taza caliente
Para que la infusión cumpla su papel refrescante hacen falta dos condiciones, según el especialista: que el aire esté relativamente seco y que exista alguna corriente, aunque sea leve. Una brisa, una ventana abierta o el ventilador girando en la pieza son suficientes para que la transpiración se evapore y el cuerpo pierda calor. En cambio, en un living cerrado, sin ventilación y con el aire pesado que deja la lluvia reciente, el truco se vuelve contra uno: el calor que trae la bebida se suma al que ya carga el organismo y no encuentra salida.
- En ambiente seco y con aire circulando, una bebida caliente puede ayudar a bajar la temperatura corporal porque estimula la sudoración y esa transpiración se evapora sobre la piel.
- En ambiente húmedo y sin ventilación, el sudor se acumula, la ropa se empapa y la infusión termina sumando calor en lugar de quitarlo.
- La bebida fría ofrece alivio inmediato y baja la sensación térmica, aunque su efecto es más bien pasajero.
- Lo más importante no es la temperatura del líquido sino sostener la hidratación durante todo el día.
“La prioridad es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Por qué importa más el agua que la temperatura
La recomendación de Tregoning es bastante terrenal y coincide con lo que repiten los médicos de cabecera de toda la vida: hay que tomar líquido seguido, sin esperar a tener sed, y prestar atención a dos datos del entorno que muchas veces pasamos por alto, como son la humedad y la ventilación del ambiente. La elección entre un vaso de agua fresca y un mate caliente pasa a ser, entonces, una cuestión de gusto y de circonstances más que una decisión científica con respuesta única.
Me queda dando vueltas la imagen de doña Marta, en su kiosco de San Telmo, sirviéndose el segundo mate cocido del mediodía mientras el sol pega de lleno sobre la vereda. Ella dice que, después de tres décadas peleándole al calor porteño, aprendió que lo que refresca no es tanto lo que uno toma sino dónde y cómo lo toma. La ciencia, esta vez, le termina dando la razón.
