Neuquén vuelve la mirada hacia el río y suma tres kilómetros de costa para caminarla de punta a punta
Este sábado, cuando la capital neuquina cumpla 122 años, queda habilitado el tramo más ambicioso del Paseo Costero: más de tres kilómetros de senderos, bicisenda y un mirador elevado sobre el río, que extienden la red a 33 kilómetros continuos por la ribera.
Son las siete de la tarde en la ribera del río Neuquén y el aire trae ese olor a tierra húmeda que aparece cuando el viento del sur empieza a bajar desde la cordillera. Un grupo de vecinos camina por la traza ya habilitada del Paseo Costero, con la bici al lado, mientras los últimos rayos se clavan en el agua. A partir de este sábado, ese recorrido va a poder estirarse tres kilómetros más, en lo que la Municipalidad de Neuquén define como el estreno más ambicioso de la obra: un nuevo tramo entre las calles Chocón y Aguado, en el corazón del barrio Confluencia, que se va a inaugurar como regalo por el 122.° aniversario de la ciudad.
Lo que se abre al público no es solo una vereda sobre el agua. La intervención incluyó pavimentación de la calle vehicular, veredas de hormigón, una bicisenda de concreto asfáltico, iluminación led y mobiliario urbano nuevo. El detalle que más llama la atención es un mirador elevado en la proyección de la calle Figueroa, pensado como un balcón sobre el río: todavía están terminando la señalización y la conexión vial en ese cruce, que es lo último que falta para el corte de cintas. Para quien quiera ir, el acceso principal desde el centro es por la ribera del río Neuquén, siguiendo la traza existente hacia el sur. El ingreso es libre y gratuito, y el formato abierto lo convierte en una salida directa para el fin de semana largo.
Una ciudad que estaba de espaldas al agua
Con esta incorporación, el Paseo Costero alcanza los 33 kilómetros lineales sobre las riberas de los ríos Neuquén y Limay, uniendo tramos peatonales, ciclovías y áreas de descanso en un mismo recorrido continuo. La inversión total del nuevo sector fue de 15.000 millones de pesos, financiados íntegramente con fondos del Municipio, según detallaron desde la comuna. Para dimensionar lo que significa, vale una frase que eligió la secretaria Jefa de Gabinete, María Pasqualini: con esta extensión, dijo, la ciudad completa, que estaba de espaldas al río, va a quedar mirando al río. La definición sintetiza una decisión urbanística que se fue cocinando por etapas y que, ahora, toma una forma visible para el caminante de cualquier domingo.
“Con esta extensión, la ciudad completa, que estaba de espaldas al río, va a quedar mirando al río.”María Pasqualini, secretaria Jefa de Gabinete de la Municipalidad de Neuquén
Jorge, que vive en Confluencia desde hace más de veinte años y todas las tardes baja a la costa con el mate bajo el brazo, me lo dice mientras mira cómo terminan los últimos detalles del mirador: "Yo esto lo caminaba cuando era todo tierra y yuyales, y verlo así, con luz, con vereda, con bancos, es otra cosa. Ahora tenés lugar para venir con los chicos, con el perro, con quien quieras". A su alrededor, las hormigoneras terminan los últimos metros de bicisenda y los operarios ajustan las barandas del balcón sobre el agua. El sonido metálico de las herramientas se mezcla con el runrún del agua contra las piedras, ese ruido de fondo que parece no cambiar nunca, aunque arriba cambie todo.
Lo que viene: completar la ribera hasta la confluencia
Cuando cae la tarde sobre el nuevo mirador y las luces led empiezan a dibujarse contra el agua, uno entiende por qué esta obra se cuenta como aniversario y no como una obra más: es la manera que eligió Neuquén de festejar sus 122 años, regalándole a sus vecinos tres kilómetros más de río para caminar, pedalear o quedarse quieto mirando el agua. La ciudad, que durante décadas le dio la espalda al Limay y al Neuquén, empieza a asomarse de a poco, vereda de por medio, al borde que siempre tuvo y al que ahora, por fin, se anima a mirar de frente.
