Nieve profunda y silencio en la montaña: la caída de Mirko Luqe en el Cerro Bayo y el protocolo que puede salvar una vida
Un reconocido rider argentino sufrió un golpe fuera de pista en Villa La Angostura y salió ileso, pero el episodio volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: qué hace el grupo cuando alguien cae en la nieve polvo y nadie sabe si está bien o quedó enterrado.
El aire está quieto en la cota alta del Cerro Bayo y el único sonido que se siente es el viento arrastrando la nieve polvo sobre los lomos de los cerros. A esa altura, en pleno corazón de la temporada invernal patagónica, todo parece una postal hasta que algo se corta: un grito, un derrape largo, el silencio posterior. Eso fue lo que ocurrió durante un descenso fuera de pista cuando el rider argentino Mirko Luqe, referente nacional del snowscoot y el snowbike, perdió el control de su equipo, se fue varios metros ladera abajo y quedó tendido en la nieve profunda. El desenlace fue el mejor posible: se levantó solo, sin lesiones y sin necesidad de atención médica. Pero la escena dejó flotando una pregunta que en la montaña no admite improvisaciones.
Qué son el snowscoot y el snowbike, las disciplinas que Luqe ayudó a popularizar
Antes de entrar en el fondo del episodio hay que detenerse un momento en lo que iba a ser una bajada más. El snowscoot y el snowbike son variantes del ciclismo de montaña adaptadas a la nieve, una especie de cruce entre una bicicleta BMX y un snowboard: la rueda delantera se reemplaza por un esquí corto y la trasera por una tabla, lo que permite al rider apoyarse, girar y deslizar por pendientes empinadas con la misma lógica que en la bici de tierra pero sobre nieve. No son juegos de parque: requieren nivel técnico alto, lectura del terreno y, sobre todo, conocer dónde se pisa y dónde no. Luqe es uno de los deportistas argentinos que más trabajó para difundirlas y formarse en ellas, y por eso su caída, ocurrida en un sector no balizado del cerro, se transformó rápidamente en material de análisis entre guías e instructores.
Lo que ocurrió en la ladera y por qué importa más el grupo que el golpe
Relaté la escena porque es el espejo donde se mira cualquier rider de nieve polvo: un segundo de distracción, la tabla que se clava, el cuerpo que sale despedido y la ladera que sigue abajo como una lengua blanca. Luqe salió ileso, pero el episodio volvió a poner sobre la mesa una de las variables más críticas del esquí y el riding fuera de pista, la que los manuales de seguridad repiten en cada curso y que muchos igual dejan para después: la respuesta del grupo ante una emergencia. En nieve profunda, una persona que cae puede quedar parcialmente enterrada. Si la cabeza queda bajo la nieve, el tiempo se mide en minutos. Y la primera obligación de cualquier integrante del grupo no es bajar a auxiliar de inmediato ni seguir esquiando: es detenerse, establecer contacto visual o verbal con el accidentado y, si no hay respuesta, acercarse para evaluar su estado antes de cualquier otra cosa.
El protocolo que se enseña en los cursos de rescate en nieve
- Detener la marcha apenas alguien cae y no perder de vista al compañero.
- Contactar a viva voz al accidentado antes de moverse del lugar.
- Si no responde, acercarse rápido siguiendo las huellas del rider caído.
- Nunca descender la línea de nieve por encima del accidentado sin haber evaluado la escena.
- Una vez verificada su integridad, recién evaluar si es necesario pedir asistencia o bajar por la pista balizada más cercana.
Ese protocolo, que parece de sentido común, se olvida con facilidad cuando uno está en bajada, con adrenalina y pensando en la próxima línea. Por eso los guías de montaña insisten tanto en repetirlo: en nieve polvo, el ruido se traga los gritos, la visibilidad cambia de un momento a otro y un compañero que parece haber frenado puede estar hundido varios centímetros debajo de la superficie. Lo que en un parque parece exagerado, en la montaña puede ser la diferencia entre volver a casa o no.
El Cerro Bayo, en Villa La Angostura, ofrece zonas perfectamente habilitadas para esquí y snowboard, con patrullas, señalización y pistas controladas. Pero también tiene, como casi todos los cerros de la cordillera neuquina, amplias áreas de nieve virgen a las que acceden riders y esquiadores experimentados fuera de los límites balizados. Para quienes planean una salida de ese tipo, las recomendaciones básicas se resumen en pocas líneas y son las mismas que reproducen los manuales de distintas escuelas de montaña del país: no salir nunca solo, integrar grupos de al menos tres personas, llevar detector de víctimas de avalancha (DVA), pala y sonda, y dejar un recorrido previsto a alguien en tierra que pueda dar aviso si el grupo no regresa en el horario acordado. En el caso de Luqe, todo quedó en un susto y en una buena historia para contar entre colegas. Pero cada vez que un episodio así termina bien es, también, un recordatorio de por qué esas reglas existen.
“Cualquier rider que se precie sabe que en nieve polvo la regla de oro es simple: si alguien cae, lo primero es ver si está bien, no seguir bajando, no gritar desde lejos y recién después decidir cómo volver. En la montaña, esa es la diferencia entre un susto y una tragedia.”Marcelo, instructor de fuera de pista en Villa La Angostura
Vuelvo a la escena que abrió esta nota para cerrarla donde corresponde: arriba del Cerro Bayo, con el viento arrastrando nieve, la huella de la tabla marcando la ladera y el silencio posterior a una caída que esta vez terminó con un levantarse y seguir. Mirko Luqe tuvo suerte, y la suerte en la montaña no se busca: se prepara. Quienes hacen snowscoot, snowbike, esquí o snowboard en nieve profunda lo saben bien, y por eso insisten con un mensaje que se repite temporada tras temporada en cada refugio patagónico: en terreno no balizado, el protocolo de grupo no es un trámite, es la única red que se tiene cuando la nieve se cierra encima de uno.
