Peppa Pig crece: llega George con pérdida auditiva y un bebé que revoluciona a la familia Cerdito
La serie animada más vista por los chicos argentinos estrena su undécima temporada con dos cambios que prometen sacudir la rutina de dos décadas. Hablamos con Adam Redfern, el nuevo showrunner, que cuenta cómo se gestaron las novedades y por qué apuesta a una heroína imperfecta.
Son las diez de la mañana en cualquier living de Buenos Aires y la escena se repite desde hace más de veinte años: un nene o una nena de cuatro años, todavía con la cara algo dormida, se sienta en la alfombra del comedor y pide que le pongan el dibujo de la cerdita rosada. Peppa Pig dejó de ser un programa para convertirse en un sonido de fondo familiar, en una presencia casi hogareña, y ahora se prepara para dar un paso que en cualquier otro show infantil sería un terremoto: cambiar dos piezas centrales de su universo.
George usa audífono y Evie rompe la armonía
La undécima temporada, que se estrena el 7 de septiembre, llega con dos noticias que alteran el mapa conocido. George, el hermano menor, aparece con pérdida auditiva moderada. La familia Cerdito, además, suma a Evie, una beba recién llegada que llega para desordenar la dinámica que los más chicos ya se saben de memoria. A primera vista parecen cambios chicos, pero Redfern, el nuevo showrunner, los pensó como movimientos de fondo. Lo que se propone, según cuenta, es correr a Peppa de su zona de confort después de 400 episodios, sin traicionar el ADN que la convirtió en un fenómeno global.
“Es imperfecta, se mete de cabeza en las situaciones, es curiosa y es muy fácil identificarse con ella. Muchos personajes preescolares son demasiado perfectos y por eso no perduran. Peppa, en cambio, comete errores, pero al final de cada episodio aprende a ser más amable y a comportarse mejor.”Adam Redfern, showrunner de Peppa Pig
Una cerdita espejo de los chicos y de los adultos
Redfern conoce el género: viene de "Las aventuras de Paddington" y "Go Jetters". Cuando se sentó a pensar la nueva etapa, partió de una idea que repite como un mantra: la clave de la longevidad del programa está en la protagonista. Peppa es caprichosa, a veces egoísta, se burla de su hermano, dice cosas que incomodan a los grandes. Pero al final de cada capítulo aprende algo. Esa curva, la de la travesura y la lección, es la que mantiene a los chicos enganchados y, sobre todo, la que permite que los padresbank no se sientan estafados cuando encienden la pantalla.
Padres agotados y pantallas bajo control
La llegada de Evie no es un capricho narrativo. Redfern lo dice sin vueltas: meter un bebé en una familia donde todo parecía ordenado es algo con lo que muchos adultos se identifican, incluso aunque no tengan un tercer hijo. Mamá Cerdita y Papá Cerdito, desbordados criando a tres, funcionan como un espejo para padres y madres que se reconocen agotados en la pantalla. El equipo también se animó a meter el dedo en otra llaga contemporánea: el tiempo de pantallas. Hay escenas en las que los padres le piden a Peppa que deje la tableta y salga a jugar al patio, un guiño directo a las familias que negocian a diario con ese tema. Redfern lo resume con una frase que parece pensada para el living argentino: el contenido infantil tiene que justificar el tiempo que los chicos le dedican, y un episodio de Peppa tiene que ofrecer calidez, humor y valores concretos.
La escena vuelve al living
Vuelvo a la imagen del principio: la nena de cuatro años, la alfombra, el Living de casa, el olor a tostadas con manteca que viene de la cocina. Pronto, en esa misma escena, George va a aparecer con su audífono y los más chicos van a mirar a su propio hermano, a su primo, a su compañero de jardín, y van a entender que eso que lleva en la oreja es parte de alguien como ellos. Y Evie va a llorar con ese llanto agudo de recién nacida que nadie sabe descifrar, y Mamá Cerdita va a suspirar como suspira cualquiera de nosotros a las siete de la tarde, con la cena sin hacer y dos hijos pidiendo cosas distintas. Peppa, mientras tanto, va a seguir siendo esa heroína imperfecta que los argentinos dejamos entrar a nuestras casas hace más de dos décadas, y que ahora, con audífono y bebé nuevo incluidos, se anima a cambiar sin perder la esencia.
