Por qué creer que somos de "cerebro izquierdo" o "cerebro derecho" no resiste ningún estudio serio
Una investigación con más de mil participantes y la lectura de especialistas locales confirman que la famosa división entre personas analíticas y creativas es un mito que sobrevive en la cultura popular pero no en la neurociencia. Cómo funciona realmente la especialización de cada hemisferio y por qué meter esa etiqueta en el aula puede hacer más daño que bien.
Lo escuché hace unos días en la mesa de un bar de Palermo, entre el ruido de la cafetera y el aroma a medialunas recién horneadas: "Yo soy totalmente de cerebro derecho, por eso me cuesta la matemática". La frase, lanzada con la seguridad de quien repite algo que leyó en internet, me dejó pensando. Porque esa idea, tan instalada en las conversaciones cotidianas, en los cuestionarios virales y hasta en algunas propuestas educativas, no tiene el menor sustento científico. Se lo pregunté a la psicóloga neuquina Carmen Roldán, que atiende en un consultorio del barrio Alta Barda y trabaja desde hace veinte años con adolescentes: "Me canso de ver chicos que se convencen de que son "de un lado" y dejan de intentarlo con el otro. Es una etiqueta que paraliza", me dijo, mientras afuera pasaba un colectivo con el motor todavía caliente por la mañana.
Lo que sí es cierto y lo que se exageró
Empecemos por lo que la neurociencia efectivamente comprobó. Los dos hemisferios del cerebro no cumplen funciones idénticas. El izquierdo tiene un papel protagónico en el lenguaje y controla los movimientos del lado derecho del cuerpo. El derecho, en cambio, participa de manera más activa en el procesamiento visual y espacial y comanda el lado izquierdo. Esa distribución existe y está bien documentada. Lo que nunca se pudo demostrar es que esa especialización local permita clasificar a las personas en "racionales" o "creativas" según cuál de los dos lados domine.
La investigadora Grace Tworek, de la Clínica Cleveland, lo resumió con una frase que los divulgadores deberíamos tatuar: las fortalezas individuales de cada uno no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. O sea, que a vos te guste la música no significa que tu hemisferio derecho maneje tu vida, así como disfrutar de los números tampoco convierte al izquierdo en el patrón del barco.
Qué encontró el estudio más grande sobre el tema
Un trabajo publicado en la revista PLOS ONE se tomó el trabajo de medir la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los investigadores identificaron regiones con lateralización, es decir, áreas que tienden a trabajar más de un lado que del otro, como las vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y ciertas redes de atención en el derecho. Pero al cruzar todos los datos, no apareció ningún patrón que mostrara que, en un individuo completo, un hemisferio le gane al otro de manera consistente.
- La especialización es local, afecta a redes específicas, no a la totalidad de cada mitad del cerebro.
- No existe un "perfil de hemisferio dominante" que permita etiquetar a las personas.
- Los dos lados se comunican permanentemente a través del cuerpo calloso, un haz de fibras que intercambia información en fracciones de segundo.
- Tareas tan cotidianas como mantener una conversación exigen la coordinación simultánea de ambos hemisferios: palabras, tono, gestos, contexto emocional.
Justamente esa comunicación permanente es la que desmiente el mito. Si hasta para charlar con un amigo en la vereda necesitamos que las dos mitades del cerebro trabajen juntas, qué sentido tiene dividirlas en bandos. Roldán, la psicóloga de Alta Barda, lo cuenta con un ejemplo que le escuché mientras le preparaba un té: "Les digo a los pibes que el cerebro es como una orquesta. Hay instrumentos que suenan más fuerte en ciertos momentos, pero la música sale del conjunto. Si le decís al violinista que no puede tocar el piano, lo que perdés es la sinfonía".
De dónde salió la confusión
El origen del mito es concreto y merece contarse. En el siglo pasado se estudiaron pacientes a los que se les había seccionado el cuerpo calloso para tratar crisis epilépticas graves. En esos casos, al quedar los hemisferios sin comunicación directa, se podían observar diferencias entre ambos lados. Pero esas condiciones son excepcionales y no representan cómo funciona un cerebro sano. Generalizar lo que pasaba en esos pacientes a toda la población fue, probablemente, uno de los errores de divulgación más persistentes de la historia reciente.
La Unesco advirtió además que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como "poco creativo" por creerse analítico, o como "desorganizado" por asumirse artístico, termina desincentivando la práctica de habilidades que, como cualquier otra, se desarrollan con entrenamiento y con tiempo. Volví al bar de Palermo días después, todavía con el aroma a café colgado en el aire, y le conté a la misma mesa lo que había averiguado. La respuesta fue una sonrisa incómoda y un "entonces lo de los cuestionarios de internet era verso". Exactamente. Y vale la pena dejarlo claro cada vez que aparezca la ocasión, porque los mitos, como las medialunas, se sirven calientes y desaparecen rápido si uno no los renueva.
